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Visitar el Museo Dalí en Figueres con niños pequeños. Cosas que debéis saber

Museo Dalí en Figueres con niños pequeños

Hace unas semanas os contaba que habíamos ido de fin de semana familiar con el objetivo de visitar el Museo Dalí en Figueres con niños pequeños. Vamos, con los nuestros. Fue nuestra segunda experiencia en un apartamento en lugar de un hotel, pero eso ya os lo conté hace días, así es que hoy voy al grano con el motivo de nuestra visita. En casa, Dalí nos gusta desde que lo conocimos. Tenemos réplicas de algunas de sus obras, disfrutamos un montón cuando antes de ser padres visitamos Cadaqués y la Casa de Dalí en Porlligat y estábamos deseando escaparnos a ver el museo. Pero ya veis, los años fueron pasando, los niños fueron llegando y al final hemos acabado los 4 de turismo en familia. El entusiasmo creo que ha podido con todos los contras que tiene visitar el Museo Dalí en Figueres con niños pequeños. Ahora entraré en materia, pero empezaré diciendo que en esta localidad, además de caminar por sus calles comerciales y ver algún que otro punto de interés, el resto de opciones son los diferentes museos, por lo que en una jornada las atracciones se acaban deprisa. Por otra parte, Figueres está bien situado respecto a la frontera con Francia, Girona capital y muchos pueblos de la Costa Brava, por lo que no es mala idea elegirla como base para desplazarnos a visitar otros puntos. Como el fin de semana se nos hacía largo, acabamos visitando también L’Escala, con un tiempo absolutamente veraniego. Lo que hemos vivido en el Teatro Museo Dalí es esto.

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1. No está adaptado para minusválidos. Por lo tanto no se puede acceder con carritos de bebé. Debes dejarlo gratuitamente en la consigna y recogerlo a la salida. La verdad es que al ser un museo ni siquiera nos habíamos planteado esta limitación, por lo que al toparnos con las medidas de seguridad estuvimos un rato largo desarmándolo todo: que si llévate el bolso que tiene cosas de valor, pero deja los paraguas, pero coge los palitos de pan para los niños, que si se nos ha olvidado el agua… En fin, un trastorno cuando se viaja con niños tan pequeños. Y sí, no es que haya un escaloncito o 2 que salvar, es que hay escalinatas de lo más variado por todo el edificio y es claramente imposible circular con el carrito por ellas.

Visitar el Museo Dalí con niños pequeños. Cosas que debéis saber escaleras carrito bebé

2. El espacio mola mucho. El Teatro Museo Dalí no es un museo habitual, puesto que fue diseñado aprovechando los restos de un antiguo teatro derruido. Por eso, la distribución de las salas es peculiar: hay una obra gigantesca en lo que hubiera sido el escenario y pasillos en círculo como si estuviéramos avanzando entre bambalinas. Lo que sería el patio de butacas está ocupado por un jardín con un coche abandonado en el que llueve por dentro ¿lo vais entendiendo? Es genial que cada zona sea radicalmente distinta a la anterior. Puede que al visitar el Museo Dalí con niños pequeños algunas obras, como la colección de cucharas con dragones que tienen huevo o no, les dejen indiferentes, pero entrar en salas a oscuras recubiertas de terciopelo rojo, o salir al patio interior, o trepar por escaleras de caracol hasta los pisos superiores, eso les fascinará. Los hologramas y composiciones en las que se reflejan perfectamente lo dibujado en un lado justo en el contrario según nos movemos para mirarlos, también impresionan cuando le coges el punto al ángulo de visión. Incluso la arquitectura exterior, con esos decorados en forma de panes amarillos y ese tejado cuajado de huevos gigantes, va a ser una distracción por sí misma.

3. Interpretando las obras de Dalí. Las comparaciones son odiosas, pero seguro que las obras de Goya no van a entretener tanto a los niños como el colorido de Dalí. Sí, hay representaciones pornográficas y muy salidas de tono, pero tan subjetivas que seguro que los niños ven cualquier otra cosa. A la hora de interpretar el gigantesco cuadro del escenario, mi bichilla decía ver un huevo (no un cráneo) con unas flores y ni rastro de mar ni playa. Vamos, que cualquier obra será adecuada para todos los públicos. Ademas, trepar por las escaleras para descubrir que lo que parecían los muebles de un dormitorio son en realidad una cara de mujer, o la exposición de primeros planos de Dalí, con esos gestos tan característicos que han pasado a la posteridad, eso no deja indiferente a los niños. De hecho, ella se pasó toda la mañana llamándole Gaudí (habíamos estado en la visita teatralizada de la Casa Batlló la semana anterior y ya tenía un lío de artistas…) hasta que pasamos por esta sala y lo de Dalí se le quedó grabado para siempre al ponerle cara ¡y qué cara!

Visitar el Museo Dalí con niños pequeños fotos niños

4. La tienda del Museo. No solemos pararnos en las tiendas de souvenirs de ningún lugar, pero me pareció que como a la niña le había gustado bastante la experiencia daliniana, quizás podríamos salir de allí con un recuerdo para fijar los conocimientos surrealistas. Estaba pensando sobre todo en un cuento o libro para colorear, pero ay, con lo bien que creo que podrían adaptarse algunas obras de Dalí para el público infantil, qué escasez de variedad y qué publicaciones tan feas tenían. Optamos por mirar los puzzles, pero eran demasiado sencillos para ella o demasiado complejos. Así es que al final mi mochuela se encargó de poner el punto y final a la visita, gritando en medio de la tienda que no íbamos a comprar nada allí porque aquellas cosas costaban mucho dinero.

Tardamos unas 2 horas pero lógicamente no nos detuvimos a verlo todo. Pasamos de puntillas por la exposición temporal y por las galerías de cuadros menos llamativos, en busca de la espectacularidad del resto del recinto y lo que nos pareció más atractivo para los niños. Con 4 y 1 año respectivamente ¡demasiado pudimos ver! ¿Habéis acercado a los niños a la obra de Dalí? ¿Qué otros museos os parecen buenos para ir con ellos?

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