Trabajo y familia

Discriminación en el trabajo por ser madre. Malas madres que emprenden

Discriminación en el trabajo por ser madre malasmadres

La semana pasada estuve en un evento organizado por Axa y el Club de Malasmadres centrado en dar a conocer los motivos por los que muchas mujeres españolas se lanzan a emprender al tener hijos. ¿Porque les entra el espíritu aventurero y se vienen arriba con las hormonas del postparto? ¡No! Porque la discriminación en el trabajo por ser madre sigue siendo una realidad que nos afecta a muchas de nosotras. La charla giraba en torno a la afirmación “A mí eso no me pasa” (Podéis seguir el hashtag #aMíEsoNoMePasa en redes para conocer las experiencias personales de otras mujeres que han vivido situaciones similares a las que os contaré ahora). Mi experiencia de no conciliación laboral ya la conté hace 4 años. A día de hoy la gente casi me sigue dando el pésame por haberme hecho autónoma, tener ingresos inestables y cuidar las 24 horas al día de mis hijos. Sinceramente, si ahora me llamasen de mi anterior empleo ¡no volvería ni loca! No por rencor hacia lo mal tratada que me sentí (que también, no vamos a negarlo) sino porque los horarios que me proponían y las condiciones que se inventaron, 2 semanas antes del fin de mi baja de maternidad, eran del todo incompatibles con la crianza de los hijos. En el Auditorio Axa de Barcelona, escuché historias como estas.

laura baena clud de malasmadres emprendedora

1. Emprendedoras desde cero. Sin ayuda, sin saber muy bien qué camino seguir, con un desconocimiento total de lo que les depararía el futuro. Pero conscientes de que al ser imposible la conciliación, dadas las pésimas políticas sociales que tenemos hoy en España, se veían obligadas a renunciar al trabajo o a sus familias. Y por diversos motivos escogieron dar un giro a su existencia para ocuparse de sus hijos en primera persona. Supongo que hasta que no te conviertes en madre, este tema ni te lo planteas: te consideras una persona válida, correctamente formada, que ha seguido los pasos que se consideraban aceptables para tener un futuro estable y de repente, cuando la maternidad llama a tu puerta, te ves directamente en la calle, acosada en tu puesto, ninguneada, degradada, sin posibilidades de ascender y habiéndote convertido en la oveja negra de la empresa. Sólo por anunciar tu embarazo o haberte dignado a parir.

2. Cuando el trabajo te arruina la vida. A través de algunos testimonios que compartieron las asistentes, descubrimos embarazos que se habían perdido por el camino a causa de la ansiedad y el estrés laboral, situaciones de depresión e incapacidad para cuidar de los hijos debido al mal trato dado en el trabajo, la agonía de no poder prescindir de un sueldo al tratarse de familias trabajadoras normales, que no nadan en la abundancia ni tienen ahorros suficientes para hacer frente a un futuro incierto. La necesidad de ingresos lleva a muchas madres a resistir todos los obstáculos que les ponen en el camino, mientras que otras acaban hastiadas o lanzándose a dar el tremendo paso de dejarlo todo y emprender. Como decía Laura Baena, la fundadora del Club de malasmadres, el emprendimiento suele ser un plan B, una huida hacia adelante cuando la carrera profesional de las mujeres se trunca a raíz de la maternidad.

3. Incomprensión familiar y del entorno. Es otro punto a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión tan trascendental. La familia te considera una loca por querer dejar un puesto estable ahora que tienes un hijo del que responsabilizarte. Da igual el sufrimiento mental que el trabajo de acaree: parece que ser madre y querer seguir teniendo un trabajo digno es una aspiración reservada sólo a unas pocas y aunque vivas la discriminación en el trabajo por ser madre, lo que toca es aguantarse y sacrificarse, o renunciar. Cuando emprendes, sobre todo si lo haces a través de nuevas figuras laborales o en sectores poco conocidos, la familia no suele dar el apoyo necesario: consideran que no será rentable, que es una pérdida de tiempo, se apenan por ti, con lo que tú vales, y lo que te ha pasado, porque no puedas tener un trabajo normal y remunerado por cuenta ajena como está mandado. De la charla se desprendía un mensaje optimista: al menos ¡intentémoslo! Maduremos la idea que tengamos en mente, hagamos cuentas, tracemos un proyecto sólido y demos el paso de emprender. Si no estamos a gusto con los cambios vividos en nuestros anteriores trabajos a causa de la maternidad ¿por qué no dar una oportunidad a algo nuevo? ¿Y si lo que nos está esperando al otro lado del emprendimiento fuese mucho mejor que lo que hemos conocido hasta ahora? Mente positiva sí, pero conscientes de que nadie regala nada, de que las jornadas laborales en casa, criando y emprendiendo, se convierten en eternas: no hay separación posible, todo está mezclado, no existen los horarios, los fines de semana de descanso, los festivos tradicionales, las noches de 8 horas de sueño. Es un camino muy costoso pero por probar ¡que no quede!

malas madres planeando ser padres

Un día, nos quedaremos quietas y calladas para una foto 😛

4. La vuelta al trabajo por cuenta ajena cuando el emprendimiento no funciona. Esto puede pasar, y de hecho ocurre muchísimas veces. Puede que sea cuestión de mala suerte, de mala gestión, de una idea que no triunfa, de que realmente no tenemos habilidades para gestionar nuestro propio negocio… Las posibilidades pueden ser infinitas. Si nuestro proyecto emprendedor fracasa y debemos volver a pasar por entrevistas de trabajo, tras haber sido madres, con algunos años en blanco en nuestro curriculum, o dedicados a emprender en un sector diferente al que ahora deseamos reincorporarnos, la vida se nos puede hacer muy cuesta arriba. Mujeres rechazadas por su edad, por el número de hijos, por la necesidad de tener un trabajo de media jornada, o en horario continuo, o que combine bien con los horarios paternos para poder distribuir las responsabilidades de la casa y los hijos. No es nada fácil que se alineen todos los astros para encontrar semejante oportunidad. El miedo a quedarse fuera del mercado laboral a una edad demasiado temprana, a no ser considerada para trabajos cualificados, para cargos de responsabilidad… ¡Todo son temores y dificultades!

Muchas nos arrepentimos de haber renunciado sin luchar. De haberles dejado ganar la batalla y no haber entablado una guerra jurídica que cambiara las cosas de cara a futuras generaciones. Se escucharon historias tristes, que a veces sólo te tocan el corazón cuando has sido madre y has vivido algo similar. Se dieron ánimos y mensajes optimistas para que nos empoderemos y luchemos por lograr un cambio si la situación profesional que nos ha tocado al ser madres no acaba de convencernos. ¿Vosotras habéis vivido historias similares? ¿Los hijos llegaron para arrasar vuestra labor profesional? ¿Lograsteis mantener vuestro trabajo? ¿Buscasteis nuevas alternativas emprendiendo?

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