Crianza

Errores con tu segundo hijo. Nunca creíste que te pasaría, pero…

errores con tu segundo hijo que no creíste que te pasarían

Pero aquí están. Los errores con tu segundo hijo también van a ser el pan de cada día. Quizá son metas la pata con los mismos temas en los que lo hiciste cuando eras primerizo, indocumentado y todo te venía grande. Cuando se estrena segunda paternidad hay mucho, muuuucho, camino ya recorrido. Sí, la experiencia es un grado de verdad, y por muy diferentes que te salgan las criaturas, hay cuestiones logísticas que vas a organizar súper bien, trucos prácticos y de crianza en los que te crees ya un experto… Cuando de pronto, descubres que cada niño tiene sus propias peculiaridades y que hay piedras en las que sí vas a volver a tropezar o que te vas a encontrar por primera vez en tu camino.

1. La temperatura de la bañera. La teoría dice que la temperatura ideal del baño del bebé está entre 35-39 grados. Y tú lo sabes, y tienes tu termómetro de bañera, o tu bañera con termómetro incorporado, o estás de vuelta de todo y usas el codo, o un dedito de la mano y con eso tienes más que suficiente. Entonces nace tu nueva criatura y resulta que lo que para tu hijo mayor era el mejor de los spas, para el nuevo es una olla de agua hirviendo. Sí, a mi churumbelito no le gusta nada, nada, el agua caliente, y ha llorado en muchos baños hasta que he dado con la clave. A más de 37 grados no quiere vivir, así es que imaginad el espectáculo ahora que sabe sentarse y optamos de vez en cuando por bañarlos a los dos juntos: que si fría para una y ardiendo para el otro… ¡menudo panorama!

2. Los segundos hijos no se ensucian. Nunca. Aquí estamos pendientes de la suciedad de mi bichilla: del arenero del cole, del sudor por el calor, por no saber elegir la ropa para dormir fresca o calentita, de la que lía con pinturas y otros juegos. Pero de la suciedad del bebé ¿quién se acuerda? Nadie, os lo digo ya. Y creo que es uno de los errores con tu segundo hijo que hay que vigilar más de cerca, porque desde que se le cayó el cordón umbilical al mío, y nos deleitamos bañándolo por primera vez, hasta que volvimos a caer en la cuenta de que hacía ya un tiempo largo que la criatura no se ponía a remojo ¡pasaron 3 semanas! Ay, los de la crianza natural estarán encantados con nuestro despiste, pero os aseguro que lo que el niño ocultaba en las palmas de las manos y entre todos los deditos de su anatomía era de récord Guiness. Que sí, que los bebés se manchan poco, pero algo sí que se manchan.

3. El porteo da calor. Si tu criatura ha nacido en otoño o invierno, puede que en esto no metas la pata el primer día, pero puede que lo hagas más adelante. A mí me han salido los niños muy amorosos y muy de estar en brazos el día completo. Aún más este nuevo churumbelito que mi bichilla. Y ya teníamos stock en casa de fular elástico, mochila portabebés y mochila para niños mayores. ¡Viva el porteo y la libertad de movimientos! Sin embargo, puede que llegue un punto en el que notes que las estaciones del año no cuadran con los artículos de porteo que tienes en casa. Para simplificar las cosas: yo era mega fan del fular elástico hasta que ya no fuera capaz de soportar el peso del niño, pero llegó el mes de mayo, y al borde de los 7 kilos, el fular me hacía muy buen apaño para la hechura corporal de mi criatura ¡pero el calor era insoportable! Tanto, que se pasó días en los que yo pensaba que no quería ser porteado. Y no ¡lo que estaba tratando de evitar era que lo cocinara a fuego lento entre mi cuerpo y el fular!

4. La alimentación complementaria no empieza hasta los 6 meses. Y ojo, porque tus súper poderes de padre experto pueden hacerte patinar y mucho con estos errores con tu segundo hijo. Con el primero, no se te ocurriría la temeridad de meterle comida al bebé hasta que el pediatra no os diera las pautas fotocopiadas durante generaciones, etc. etc. Pero con el segundo, lo vives todo de forma más natural, y en cuanto empiezas a ver que se fija en lo que hay en la mesa, te dan ganas de alargarle un trozo de pan para ver si así no llora. ¡Control con la alimentación complementaria! Y lo que es más, mucha precaución con los hermanos mayores. Porque en un alarde de generosidad, pueden querer compartir con ellos chucherías, frutas o hacerle la puñeta arrimándoles las verduras que ellos no quieren. Mis 2 descalabros con mi churumbelito han ocurrido en una sesión de cine, cuando lo porteaba y se me cayó una palomita en el entreteto. Oye, debió gustarle lo salado porque empezó a chuparla como si no hubiera un mañana, hasta que me di cuenta de que no buscaba la teta, sino de que ya tenía el hocico ocupado. La segunda me pasó en un arrebato de deseo dulce de estos que me están acosando constantemente durante esta lactancia. Igualmente, cayó un pedazo de cobertura de chocolate en el entreteto, a altas temperaturas, se derritió por completo y el niño se deleitó chupándolo. Me costó un disgusto, por lo que pensarían de mí los nutricionistas, y una blusa nueva de la que no hay forma de sacar la mancha de chocolate.

5. Del hermano mayor ¡desconfía! Me refiero a si el hermano mayor sigue siendo pequeño. Mi bichilla tenía 3 años cuando nació el segundo. Si hubiera tenido 15 hubiese confiado más (o menos, a saber). El caso es que entre los errores con tu segundo hijo va a estar el de creer que el primogénito ya está criado y que es casi, casi un adulto responsable. La niña lleva bastante bien lo de compartir protagonismo con mi churumbelito (de momento) pero igual que en ocasiones hace el papel de madre de la manada y avisa si llora, le limpia si regurgita, o trata de hablarle para que esté distraído y sin quejarse, en cuanto te das la vuelta trata de meterle un dedo en el ojo apuntando justo en la pupila, tapándole la cabeza con el cojín para amortiguar los gritos, o intentando cogerlo ella sola en brazos para consolarle. Cada iniciativa es peor que la anterior.

El conocimiento como padres primerizos ¿os libró de estas meteduras de pata? ¿Habéis pasado por otras situaciones de riesgo con el resto de vuestros herederos?

Foto slide regañando hijos de PR Image Factory vía Shutterstock.

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1 Comentario

  • Responder
    Miriam
    22 mayo, 2018 at 07:54

    Hola, a mi lo del azúcar me.paso con el primero, sabes por qué se da? Es que luego con el segundo tuve diabetes gestacional, y con los controles me explicaron los síntomas de bajadas de azúcar, y era tal cual en la lactancia, que me entraba unos sudores y un tembleque en las piernas como no me llevará algo dulce a la boca, y dulce a lo mejor digo media tableta de chocolate. Los médicos no pudieron decir si hubo correlación. Ahora lo llevo mucho mejor.
    Respecto a descuidos, de momento creo que nos salvamos, el baño se lo damos un día sí, un día no. Quizá que debes repartir atención con el mayor y a veces la peque sale perdiendo

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