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Hoy huyo de casa. ¡Tiempo libre para mamá!

A estas horas aún me estaré levantando, preparando las cosas del colegio de la niña, llevándola a clase, adecentando a mi churumbelito, atiborrándolo de teta a más no poder, y ultimando mi maleta y todo lo que los niños y este hombre van a necesitar para sobrevivir hasta mañana por la noche. Sí, hoy huyo de casa. Una vez al año me surge la gran oportunidad de disfrutar de tiempo libre para mamá. Pero disfrutar de verdad. Me cojo el AVE, me voy a Madrid, malamadreo en unas charlas sobre bloggers, emprendimiento, como canapés y bebo coca cola, me hago fotos, y selfies y si me acuerdo hasta me paro en el photocall. Y participo en concursos y sorteos de marcas, y lleno las redes sociales como si fuera una juerguista de pro. ¡Síiii! Me voy a La party 5 del Club de Malas madres. ¡Ay, por favor! Yo, que soy la menos fiestera del mundo, que hasta de adolescente me daba pereza recogerme de noche. Que soy una muchacha hecha para madrugar y vivir de día, y volver a casa temprano, como la gente de bien. Y sin embargo, fue parir ¡y desmadrarme! Bueno, si a una salidita al año se le puede considerar un desmadre. El caso es que empecé hace 3 años pidiéndome esta escapa por el Día de la Madre (muy apropiado como regalo, oye) ¡y ahora no puedo renunciar a ella! Desde que nació mi bichilla hasta que mi mochuelo cumplió su primer año, el tiempo libre para mamá no existía en esta casa. Parecía que sí, pero no. Hoy huyo de casa sin esconderme, pero hasta llegar a este punto, hemos pasado por unas fases muy bochornosas.

1. Trabajar fuera de casa no es tiempo libre para mamá. Ya sabéis que para intentar conciliar, perdí mi anterior trabajo y ahora hago lo que puedo como autónoma. Esto me viene divinamente, porque me monto la jornada a mi manera, pero no me despego de los niños ni un minuto al día. Literalmente. Primero fue la niña y a los 4 meses de empezar el colegio, ya había nacido el segundo, con lo cual, esos únicos meses fueron los que viví sin un niño adosado al cuerpo. Es genial, me permite criar con total tranquilidad, mentalmente más relajada pero ¡ay! Cuando me surge alguna actividad relacionada con el trabajo fuera de casa (eventos, presentaciones, charlas, ferias) ¡la gente se cree que me voy a vivir la vida loca! Mire usted, pues no. Este hombre se pasa muchas noches durmiendo en hoteles fuera de casa por su trabajo, y nadie piensa que está de jarana. Y en cuanto la que sale por el mismo motivo soy yo, como vuelvo diciendo que me lo he pasado bien (porque una es así, sencilla, disfrutona y feliz con poca cosa) eso ya puntúa menos en la escala de la buena madre. Tú tienes que salir a trabajar y a sufrir. De diversión la justita.

2. Esconderse por los rincones no es tiempo libre para mamá. Me he dado cuenta de que si no huyo de casa, es dificilísimo que se me respete mi espacio. Por ejemplo, mirar el móvil mientras hago la cena (que no sé para qué la vigilo, si me va a salir mal igual), o mientras hago un pis sin niños, o salgo de la ducha y me seco el pelo, eso se considera parte de mi ocio y esparcimiento. ¡Vamos, vamos! Si me pasara 2 horas recreándome con el móvil o la tablet, pues igual sí, como si me paso 2 horas viendo una película o leyendo un libro. ¿Pero 2 minutos de una mirada de reojo a una pantalla? ¿Eso es entretenimiento? Los cuento por minutos porque no suele pasar más tiempo hasta que uno de los niños lanza un reclamo.

3. ¿Cómo encontrar tu espacio personal? El sentimiento de mala madre nos va a acompañar siempre. A unas más que a otras. A mí ya me queda poco. Sí, he asumido que no voy a criar a gusto de todo el mundo y oye, con que los niños me den su visto bueno, sepamos convivir en sociedad y no muramos de agotamiento para hacer ver que somos los padres del año, yo ya me conformo. Para llegar hasta aquí, me pasé más de 4 años de maternidad muy asfixiante. A mí no me pesaba esta carga, porque soy muy burra, muy de asumir responsabilidades, cerrar los ojos y tirar del carro cueste lo que cueste. Si hay que hacerlo se hace, y mejor no lo pensemos más. Pero resulta que el esfuerzo sí estaba ahí, que el desgaste físico y mental sí me hacían mella, aunque yo no quisiera verlo. Y de repente ¡boom! Explosiva que es una. Renegué de este hombre, de los niños y hasta de tener que abrir los ojos por la mañana. La corresponsabilidad llamó a nuestra puerta, buscamos mecanismos para repartir mejor nuestras obligaciones como padres y ¡oh, milagro! Cuando parecía imposible ¡allí surgieron mis horas para asuntos personales! Exactamente 4 horas a la semana, que desde enero dedico a ir al gimnasio, a clases de zumba. Mira, ocio, diversión, deporte y salud ¡todo en uno! ¿De verdad han tenido que pasar 4 años tensando la situación para ver que sí era posible sacar este tiempo, aunque hubiese que rebuscar debajo de las piedras? No vengo a hacerme la experta en nada, pero si notáis que la maternidad empieza a pesaros ¡buscad una vía de escape antes! No vais a ser peores madres por tener unos minutos para vosotras. El título a madre del año está sobrevalorado y además no remunerado. Pasad olímpicamente de él.

4. Pero en el fondo ¡me escapo para dormir! Efectivamente, mi ocio semanal lo tengo cubierto rumbeando en el zumba, pero lo de hoy ¡lo de hoy es un extra! Que me lo merezco. Este hombre también se lo merece, pero no ha encontrado un plan similar de malos padres, de lo contrario ¡allá que lo apuntaría también! Salir hoy de casa, subirme en el tren sin los niños, saber que en principio estarán bien, que voy a volver en un abrir y cerrar de ojos, que tienen a su padre al que también están requete apegados, que me voy a poner unos potingues, y un vestido nuevo, a charlar sin estar pendiente de sacar una teta, o de perseguir a los niños de un rincón a otro de la sala. A recogerme un poco tarde ¡y a dormir en un hotel, sin glamour, pero sola! ¡Sola! Con una cama toda para mí, así sea de 90 y no una enormidad.

Y al día siguiente madrugar, actividades con mi padre que se viene a Madrid para hacerme de acompañante (ese sí que vive a su aire) y volver a casa completamente renovada. Porque es cierto que a veces viene fenomenal echarlos unas horas de menos para saber lo mucho que los queremos de más. ¿Tenéis algún plan de malas madres en mente? ¿Necesitáis este tipo de desconexiones puntuales o gestionáis mucho mejor que yo vuestra faceta maternal?

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