Enseñanza/Colegio

Comunidad de aprendizaje. ¿Cómo se porta mi hija en el colegio?

Hace unos meses os conté que entre otras actividades, los padres podemos acudir 2 veces en semana a tertulias literarias y grupos interactivos con nuestros hijos, ya que son proyectos especiales de esta escuela, organizada como una comunidad de aprendizaje. Desde que mi bichilla empezó a ir a clase con 3 años, pocas veces hemos podido participar: 3 el año pasado y 3 en este curso, porque entre embarazo, bebé, pánico a los virus que pululan allí dentro, incompatibilidad de horarios y demás, resulta que la oportunidad de estar pesente en su enseñanza, que era uno de los puntos a favor a la hora de elegir justo este colegio, no la podemos aprovechar todo lo que quisiéramos. A final de curso, cambiaron el día de los grupos interactivos y allí que me planté yo a jugar con toda la clase. Es una locura, y eso que el maestro nos los distribuye a 4 padres en cómodos grupos de 6 niños, pero pasé un rato genial. Más allá del juego que me tocó dirigir (muy sencillo, dibujando con tiza una cuadrícula en el suelo para tirar un dado gigante, que los niños reconocieran el número y avanzaran ese número de casillas hasta llegar a la estrella final) lo que más me gustó fue ver cómo se porta mi hija en el colegio. Y sobre todo ¡que igual no es tan mal bicho!

1. Comparar es inevitable. Yo lo intento, pero no puedo cerrar los ojos. Sé que ella es mucho mejor que su hermano en ciertos campos, que el niño me gusta más en otros, y que en comparación con sus compañeros de clase, no será la mejor en cuanto a comportamiento, sociabilidad y saber estar (tranquilos, que no se me ha ido el santo al cielo) pero al menos ¡tampoco es la peor! Ya sé que los niños actúan de forma diferente en casa y en el cole, aunque por los comentarios de maestros, monitores y hasta de otros niños ¡creo que la mía es de personalidad fuertecita y enfadosa en todos los ámbitos! No sé si será bueno o malo, pero al menos bipolar no me va a salir. Se enfadó por perder en el juego que yo dirigía (como en casa), pero luego estuve mirando de reojo lo que hacía con los otros padres y me pareció bastante normal. ¡Qué descanso!

2. Las virtudes de sus otros compañeros. Hay niños súper cariñosos, que nos abrazaron y besaron al terminar la actividad, cosa que siempre gusta, porque la mía es más bien desapegada. Los hay súper disciplinados, que siguen las normas a rajatabla y te ayudan a controlar al resto del grupo. Los que disfrutan sólo jugando, con independencia de si ganan o pierden, los que captan el mecanismo a la primera, los que hablan súper claro, se explican a la perfección, saben lo que quieren. Hay un nivel muy desigual en el conocimiento de los números. Al menos del 1 al 6, que fue lo máximo que yo pude valorar. Niños que con solo ver la figura del dado ya saben el número, otros que necesitan cogerlo e ir posando el dedito encima de cada uno de los puntos hasta descifrarlo, y otros que tienen claro el número en el dado pero luego se lían al mover la ficha sobre el tablero improvisado. Los hay que respetan el turno a la perfección. Algunos son súper fáciles de colocar en uno u otro grupo, porque en todos lados parecen estar a gusto.

3. Las carencias de otros niños. Los hay que no sientan el culo en la silla ni por casualidad, así tenga que intervenir el maestro porque a mí se me desmandan. Los que lanzan el dado a la quinta puñeta para que hagas ejercicio de buena mañana yendo a por él. Una vez, y otra vez, y otra vez. Los que tienen muy mal perder: no sólo es que lloren ante el fracaso, sino que al repetir la partida ya se las ingenian para tratar de hacer trampas. El grupo de los que intentan colarse para ser los únicos que participen en la actividad. Los pacíficos y los chinchosos que imitan y hacen comentarios hirientes respecto al otro grupo (¡con sólo 4 años!). Otros tienen problemas de dicción (no sé si será normal a estas edades o si deberían trabajar de forma específica por corregirlo) y apenas se les entiende cuando hablan. Los hay que no se quieren separar de su mejor amigo para el juego, que parecen siameses. Niños que pegan, o empujan y molestan al que se sienta al lado, porque sí, sin un motivo aparente.

Y todo esto en sólo hora y media de juego con ellos. Lo malo es que he sacado tiempo para participar en los grupos interactivos justo cuando se acababa el curso. Lo bueno es que he salido súper motivada para entrar mucho más en el colegio el año que viene. ¡Yo quiero seguir descubriendo cómo son los niños ajenos! Porque viendo así la infancia en su conjunto, mi mochuela me parece muy del montón y no el bicho malo que me parecía estar criando. ¿Habéis tenido la oportunidad de ver de cerca cómo son otros niños de la edad de los vuestros? ¿Cómo se comportan frente a la misma actividad en el colegio?

Foto slide niños acosan de Lopolo vía Shutterstock.

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1 Comentario

  • Responder
    Nueve meses y un día después
    15 junio, 2018 at 08:57

    Yo trabajo en un cole de 1.200 alumnos así que eso me relaja mucho. Las comparaciones son odiosas pero mal de muchos… Al final es cuestión de entender que cada niño es diferente y tiene ritmos distintos. Y ojo, que que sean obedientes y disciplinados, aunque es muy cómodo para los adultos, no es necesariamente un indicador positivo.

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