Enseñanza/Colegio

Las fiestas de fin de curso infantiles ¡ya no son lo que eran!

Ay, ay, ay, no sé si es que los tiempos han cambiado para peor, o que el choque cultural andaluz versus catalán me hacen creer que las fiestas de fin de curso infantiles actuales son un rollo tremendo. También puede ser que tenga en el recuerdo mi mirada de niña disfrutona, que ensayaba, actuaba, participaba en la tómbola, se hartaba de comer y trasnochaba en el patio de la escuela por lo menos una vez al año. Sólo diré que las fiestas de fin de curso infantiles de mi colegio público en Málaga eran legendarias. No sólo se llenaban con padres de criaturas, obligados a figurar por la salud emocional de sus churumbeles. No. Allí acudían padres, tíos, abuelos, primos, vecinos y gente que ni siquiera vivía en el municipio. Si no hubiesen sido chulas ¿qué tarado hubiera dedicado un sábado de los primeros del verano a participar en un acto de colegio que hubiera sido un tostón? Este año hemos renunciado a unos planes divinos de fin de semana por ir a la segunda fiesta de fin de curso de mi bichilla, que ha sido un calco de la del año pasado, lo que me hace sospechar que aquí el evento no va a mejorar con el tiempo. No sé si siempre han sido así de sosos, si han perdido gracia con las nuevas generaciones, pero esto no se parece en nada a los fiestones que vivía de pequeña.

1. Un programa inexistente. ¿Cómo puede ser? De pequeña, hasta repartían folletos con el orden del día de la fiesta: presentación del acto, orden de las actuaciones infantiles por cursos, con su timing pautado y el título de la maravilla que se podría disfrutar sobre el escenario. Se aportaba información sobre rifas, tómbolas, cómo acceder a la comida y la bebida. Todo estaba bien detallado. Empezaba a las 5 de la tarde, a pleno sol, para ir curtiendo a los niños, y acababa sobre las 3-4 de la madrugada. ¡Y nadie se dormía! Los niños como locos por ver el colegio transformado y por los nervios de la actuación, y los padres compartiendo tiempo con vecinos, otros padres de clase o con la familia propia, mientras la música atronaba durante horas y horas. Un sarao como está mandado. En el colegio de la niña nos indican sólo el inicio de los actos, que habrá unos juegos de agua relacionados con el mundo mágico, que se pueden disfrazar si quieren, después se despedirá a los niños de 6º, a las 20:30 empezará la cena y poco después el baile libre. Y se acabó.

2. No hay actuaciones infantiles. ¡El acabose! En mis tiempos, nos pasábamos días y días ensayando el baile de fin de curso, o la obra de teatro (siempre quedaban menos lucidas, porque la acústica era pésima y no había forma de seguir el hilo en medio de tanto jolgorio). Cuando teníamos más edad, incluso quedábamos por las tardes para practicar los pasos y hacerlo todo divinamente. Allí estaban los maestros, bajo el escenario, coordinando nuestro descontrol infantil. En nuestro colegio actual no hay nada, de nada, de nada. Ningún baile, ninguna actividad. Los niños corren por el patio, el año pasado con una fiesta de la espuma organizada por el AMPA, y este año con los juegos de agua, y hala, los padres a verlas venir bajo la solana sin nada que hacer. Otra cosa curiosa es que los maestros no vienen a la fiesta. No creo que antiguamente les obligaran a estar de cuerpo presente, pero estaban todos. En el cole de la niña apenas vimos a un par, y por suerte ¡su tutor sí que estaba! ¡Con lo que disfrutan los niños viendo a sus maestros fuera del aula!

3. Escasez de comida y bebida. A mí que me perdonen, pero una fiesta sin yantar ¡ni es fiesta ni es nada! En mi época, los padres de los niños que al año siguiente iríamos de viaje de fin de curso, se prestaban voluntarios para atender una barra y una cocina en la que daban de comer a medio pueblo. Con todo lo recaudado con la venta de bebida y comida (que era una barbaridad) al año siguiente el viaje nos salía casi gratis. Allí había de todo: jamón, tortilla, gambas, bocadillos, pinchitos, hamburguesas, patatas fritas. Era una súper idea, muy anti basulta y muy sacrificada para los padres voluntarios, pero un negocio redondo. Igual estas cosas ya no están permitidas por Sanidad, por los cambios de legislación, la manipulación de alimentos y vete tú a saber qué más, pero sin comer, el disfrute no tiene comparación, y las horas de fiesta se hacen eternas. En el colegio de la niña debemos comprar los tickets de lo que vamos a querer cenar ese día por adelantado, porque en el momento de la fiesta no se puede comprar nada de nada. Nosotros sabíamos desde una semana antes que cenaríamos butifarra con patatas, pan, un refresco, un trozo de coca y una copa de cava. Y punto y final. A las 20:30 de la tarde exactamente. Desde las 5 que estábamos allí congregados… El año pasado éramos primerizos y nos fuimos sin nada, por lo que este hombre tuvo que ir a un bar cercano a por unos refrescos y un agua para echar la tarde. Este año hemos ido preparados con la nevera de playa, por lo menos para hidratarnos y merendar algo en un festival tan minimalista y austero.

4. Una fiesta nada loca. Ay, en mis tiempos mozos, las fiestas de fin de curso infantiles eran para desfasar siendo niños con los éxitos del verano de los adultos. Esto es así. Mi bichilla me ha salido bailona, y hace 30 años hubiera alucinado con la marcha de las fiestas del colegio. Pero hoy… ¡qué poco se mueve la gente! Con deciros que nosotros, con todo lo sosos que somos para esta cuestión del bailoteo, fuimos los que más danzamos el año pasado. El animador de la fiesta hasta hizo una mención de honor a este hombre por ser el mejor (de los 2 padres machos) en darlo todo sobre la pista de baile. El resto, allí, sentaditos, un pequeño grupo de niños a los pies del animador y poco más. Ni escenario teníamos ¡con lo que mola un zapateo en escenario de vez en cuando! Eso sin contar con que había poquísimas familias en la fiesta. No sé por qué se ha perdido la gracia de esta manera. A las 22:30 estuvimos recogidos. Este año la situación ha mejorado mucho, porque han acudido muchas más familias de la clase de P4 de mi bichilla ¡y eso ya era otra cosa! Muchos padres se motivaron a tope con el chico que guiaba nuestras coreografías ¡y entonces la niña se quedó dormida a las 10 de la noche! Nosotros hemos ido en plan tribu total, con el tío, los abuelos ¡hemos llevado hasta al apuntador! Que se note nuestra implicación en la comunidad de aprendizaje. Pero está visto que eso aquí no se estila, o ya está pasado de moda.

¿Cómo son las fiestas de fin de curso del colegio de vuestros churumbeles? ¿Así de sosas o fiestones como los de antes?

Foto slide fiesta colegio de Nowik Sylwia vía Shutterstock.

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5 Comentarios

  • Responder
    Núria
    18 junio, 2018 at 11:15

    Una escuela no es una discoteca, ni una sala de fiestas. Y los maestros bastant tienen con to do lo que supone un final de curso como para tenen que pasarse todo un sabado alternando con familias. ..Si no recuerdo mal, la festa de final de curso la gestiona el AMPA y no los docentes. Por otra parte, supongo que la escuela estarà en una zona done hay vecinos, y no creo que sea de recibo que tenga que aguantar ruido hasta las tantas para que una panda de familias bailoteen Y berreen a gusto. ..

  • Responder
    Pilar
    18 junio, 2018 at 15:34

    En el colegio de mi hijo no hay fiesta de fin de curso como tal para padres, está en 2°de primaria. Hacen una fiestecilla ellos con su baile.
    En el colegio donde yo trabajo no hay fiestas de fin de curso, se hacen otro tipo de actividades. Solo se hace en el último curso de infantil y en el último de primaria con las puestas de bandas. Actuaciones, algo de comer, puesta de banda y orlas….

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    Chitin
    18 junio, 2018 at 17:13

    Pues que sosos son los de tu cole…aunque vistos los comentarios, ¡¡¡que penita de fiestas!!!
    En el cole de mis niños las fiestas son todo un fin de semana, el viernes por la tarde y sábado todo el día en el cole organizado por los profes y el domingo excursión y paellada organizado por el AMPA.
    El viernes por la tarde gynkana, exhibición de los trabajos realizados en las extraescolares, mini-actuación para los más peques y verbena con disco-movida.
    El sábado por la mañana juegos deportivos, baloncesto 3×3, tenis de de mesa, yoga en familia, e hinchables.
    El sábado por la tarde suele haber fiesta de la espuma o hinchables con agua.
    Además los de la ESO, no sé exáctamente que cursos, organizan una barra en la que hay bebidas, chuches… y sacan dinero para el viaje fin de curso
    Es un cole concertado de barrio y lo pasamos de maravilla grandes y pequeños.

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    Mercedes
    19 junio, 2018 at 00:11

    Pues en las las fiestas del cole de la mia, bailan solo los que cambian de ciclo,
    Pero…. que fieston!! Y que espectáculo más bonito. A ella le toco la de fin de infantil el añonpasado e iba de musicales, bailo cabaret y luego su barra como dios
    Manda y ellos a correr y los padres al fresco tomando cañas y tapitas, (que para esos vivimos en el pueblo mas caluroso de Sevilla) hasta las tantaa

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    Mordor
    20 junio, 2018 at 23:52

    Será que en Cataluña somos más bien sosos. En nuestro colegio tampoco hay actuación infantil, solo juegos por la tarde y cena temprano. También hay que comprar los tickets por adelantado pero allí hay una barra servida por los que harán el viaje de fin de curso el año siguiente. Aunque yo soy más sosa aún y no solemos ir…

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