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Aprender a nadar sin cursos de natación. Nuestra experiencia

Aprender a nadar sin cursos de natación

¿Quién me lo iba a decir? Tras las continuas prohibiciones de los elementos de flotación en la piscina, las ganas de no volver más en todo el verano, porque sola y con 2 niños de diferente edad en brazos, no sabiendo nadar ninguno, aquello me parecía una tortura, jamás hubiera pensado que iba a ver a mi hija aprender a nadar sin cursos de natación. Ojo, que no tiene estilo para ir a unas olimpiadas, pero la niña cae al agua y flota, se apoya en el fondo y sube, da 4-5 brazadas buceando, no tiene miedo a tirarse de bomba y en caso de caer a una masa de agua de forma accidental, yo juraría que sería capaz de salir a flote, buscar un bordillo y sobrevivir. No pasar la noche a la deriva como en el hundimiento del Titanic, pero al menos darnos la oportunidad de reaccionar sin consecuencias dramáticas. Podría apropiarme el protagonismo de madre del año que ha conseguido que la niña nade en unos cuantos ratos disponiendo solo de una mano libre, pero lo cierto es que ha sido ella sola, y su propio orgullo, que lo tiene una mijita desmedido, la responsable del avance. Os detallo cómo han ido sucediéndose los pequeños logros que han acabado con la niña aprendiendo a flotar.

1. La humillación de que otros niños pequeños ya nadasen

Con esta realidad se topó desde el primer día de piscina: niños de 3 años que buceaban, que iban súper libres por el agua, otros que le preguntaban sus años (como además es tan grandullona) y querían saber por qué aún no sabía nadar teniendo 4, y padres que me metieron el miedo en el cuerpo diciéndome que necesitaría por lo menos 3 años de clases pagadas para aprender. ¡Madre del amor hermoso! Que eso era un dineral y una pérdida de tiempo. Porque todos queremos que nuestros hijos naden, pero como dice mi cuñado, lo único que aprendió él yendo durante años a clases de natación fue a hacer cola. Porque en sesiones de 45 minutos con otros 20 niños, le tocaban 2 saltos al agua y el resto a esperar, ya fuera verano o invierno, con sus corrientes de aire. Porque el frío que pasaba también lo dejó marcado. Justo esos han sido dos de los motivos por los que a día de hoy mi bichilla no ha ido nunca a clases de natación.

aprender a nadar con churros

2. Mamá, no quiero el churro

Después de hacer 700 intentos, de comprar artículos de natación de todos los modelos, el único que estaba permitido en la piscina municipal era el churro de piscina. Le compré un par a la niña, porque si bien el socorrista nos los prestaba siempre, a veces había tal afluencia de vecinos que no había churros para todos. Pues fue comprarlos, usarlos 20 minutos y que mi mochuela viniera a la piscina de bebés a decirme que ya no quería los churros, que ella ya sabía nadar sola. ¡Muérete del susto! Porque me he pasado todo el verano dividida entre la piscina mediana y la de los más pequeños y ahora se me complicaba el asunto: mi churumbelito no quiere estar a perpetuidad en brazos en la piscina más grande, y la niña se aburre en la pequeña. Y allí que se fue, sin ningún elemento de flotación, a meterse por la escalerita en el agua, como una señora mayor, y a caminar por la zona en la que hacía pie. En cuanto notaba que el agua le subía hasta la garganta, volvía al bordillo más bajo y eso era todo lo que hacía, jugar de un lado a otro, caminando, dando saltitos y haciendo como que movía los brazos como un perrito. Pero de nadar, nada de nada.

3. El ejemplo de otros niños

Una tarde, conoció a una niña de 5 años que sólo buceaba con sus gafas de piscina. Mi bichilla decidió que quería ponerse las suyas (las llevábamos en el bolso a diario y no se las había querido poner hasta entonces) para imitarla. La niña buceaba, pero no sabía nadar por encima del agua. Se pasaron 2 horas metiendo la cabeza, arriba y abajo. La mía se tragó todo el agua humanamente posible aquella tarde, y en más de un ataque de tos estuvo al borde del vómito, pero no quería salir del agua, porque estaba alucinada con el mundo submarino y con haberle perdido el miedo a meter la cabeza. Al día, siguiente, la misma niña le insistió en lo divertido que era saltar desde el bordillo, y que no pasaba nada porque hacía pie (en esa zona de la piscina la profundidad es de unos 70 centímetros a 1 metro) vamos, lo mismo que le había estado diciendo yo todo el verano, porque curiosamente el año pasado bien que le gustaba tirarse de bombazo ¡pero con manguitos! Ay, sin manguitos el cuento había cambiado mucho. El caso es que la niña la animó, y aquella segunda tarde empezó a tirarse de bomba y a bucear dando 2-3 brazadas bajo el agua. ¡Increíble!

niños aprenden a nadar solos

4. Para aprender a nadar sin cursos de natación me ha salido prudente

Sí, porque no hace locuras, no corre por los bordillos, no se tira de formas arriesgadas, ni se acerca a la piscina profunda ni por casualidad. Sólo quiere jugar en la zona en la que hace pie, pero es tan larga que esto le dificulta el proceso. En cuanto deja de flotar un poco, se le van los pies al suelo y deja de hacer esfuerzos. Cuando salta y se impulsa en el fondo, necesita tener una mano en la nariz y va nadando con la otra, siempre bajo el agua. Cuando da 4-5 brazadas se le acaba el aire, así es que vuelve a la superficie, se pone de pie y vuelta a empezar. También es capaz de sumergirse para coger cosas que tiramos al fondo de la piscina. Aunque de momento no baja más de 1 metro. Lo más arriesgado que ha hecho ha sido seguir a otra niña a la zona que el cubría (1,2 metros de profundidad) y darse cuenta de que se ahogaba. La vi sacar la cabeza como podía, bracear subiendo a la superficie y mantener la calma para volver poco a poco a donde hacía pie. ¡Mami, que me estaba ahogando! Vino a contarme, como si no la hubiera visto. Pero confié en que podría salir. Al día siguiente empezó a intentar nadar por encima del agua.

No tiene estilo ninguno, ni habilidad aún para nadar mucho tramo por la superficie pero ¡flota! Y gratis. Ella está entusiasmada con todo lo que ha avanzado por sí misma, y yo también, así es que como ya se ha acabado la piscina de verano, tengo en mente llevarla conmigo a la interior al menos una vez a la semana. A ver si estando sin su hermano y no permitiendo que se le olvide todo lo que ha aprendido en estos días, llega nadando con más soltura al verano que viene. ¿Cómo aprendieron a flotar vuestros hijos? ¿Fueron provechosas las clases de natación? ¿Tuvieron miedo al agua en algún momento?

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