Crianza

Primera visita en el CDIAP solo para padres

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  • El 23 de julio, en la revisión de los 18 meses, la pediatra que sustituía a nuestro médico habitual, consideró que el hecho de que el niño no dijera ni una palabra a esta edad era un motivo más que suficiente para derivarlo al CDIAP. Por suerte, en el Pueblucho Infernal tenemos de eso y las consultas no serán un trastorno. Al día siguiente llamé para pedir cita y me dijeron que si llegaba octubre y no se habían puesto en contacto conmigo, que volviera a llamarles, pero que entre el verano, la prematuridad del niño y esos 3 marcadores escasos del M-chat, no era probable que nos dieran cita antes. O sea, que atención precoz sí, pero a saber cuándo. El primer día de visita fue hace 2 semanas, e insistieron en que acudiéramos a esa cita en el CDIAP solo para padres, ambos progenitores pero sin el niños. ¡Sorpresa! Definitivamente, el entorno familiar iba a tener un papel clave, porque si a mí me dicen que un niño no habla, yo hubiera pedido ver al niño, pero no se me hubiera pasado por la cabeza pensar primero en cómo serían los padres.

1. Padres bien predispuestos, pero temerosos

De que nos vieran a nosotros alguna tara grave que estuviera entorpeciendo a mi churumbelito. También pensábamos que nos juzgarían, que nos mirarían con lupa y nos harían sentir los peores padres del mundo. Pues nada de eso. Nos atendió una psicóloga y trabajadora social que nos hizo preguntas sobre nuestras profesiones, estudios, historial de salud, enfermedades familiares, el embarazo, el parto, nuestra experiencia como padres de mi bichilla y nuestra visión acerca de mi mochuelo. No queríamos decir que nosotros no habíamos pensado jamás que ese retraso en el habla pudiera ser un problema, o un indicador de trastornos del espectro autista, para que no fuera a creer que éramos los típicos padres sabelotodo que estaban allí para nada. Pero sí quisimos dejar claro que incluso comparándolo con nuestra primera hija, el niño lo hace todo de forma similar a su hermana, y que pensábamos que dándole tiempo ya hablaría, porque estimulación no le falta: tiene libros, juegos, sale a la calle, viaja, está en contacto con muchas otras personas además de con nosotros, se relaciona de forma normal, comprende lo que le decimos (lo básico, tampoco todo), pero no habla, nada de nada. Bueno, sí parece que a su hermana se refiere siempre como Tará, al agua como ta-ta y el no le sale divinamente.

2. El trato por parte del personal del CDIAP

La verdad es que la psicóloga sí que nos escudriñaba a conciencia, y anotaba muchas cosas, muchas, en el ordenador. Claramente algo sobre nosotros mismos habrá apuntado, pero de entrada nos tranquilizó bastante. Para empezar, no te vas de esa primera cita con un diagnóstico de autismo. Ni tampoco de las siguientes, a no ser que los patrones del niño sean de manual. Más que nada porque siendo tan pequeños, este tipo de trastornos son muy difíciles de identificar. Puede que el niño tenga ciertos rasgos, que tenga ciertas tendencias, actos que conviene ir modificando para que no se enquisten y sean más problemáticos a la larga, pero hasta los 4-5 años, el autismo no suele nombrarse como tal. De hecho, quería saber por qué motivo estábamos allí, ya que el lenguaje es el aprendizaje más didícil para un bebé, puesto que es el más abstracto de todos, y es completamente normal que un niño de 18 meses no hable. Quería saber qué más cosas nos inquietaban para haber dado el paso, así es que cuando le dijimos que no había nada más, y que estábamos allí porque el inquieto era el pediatra, ya que nosotros estábamos divinamente con nuestro bebé callado hasta que él nos alertó, nos dijo lo siguiente.

3. Procedimiento estándar para la valoración del niño por parte del CDIAP

Como ya habíamos empezado el proceso, y pese a que viendo cómo describíamos la actitud del niño, su comportamiento y el resto de su desarrollo de entrada descartaba cualquier cosa de gravedad, aprovecharíamos para hacer al menos 3 sesiones más con ella, con un logopeda y un neuropediatra, a fin de que 3 expertos de áreas diferentes lo valorasen. Con el historial del niño, lo más seguro es que a la tercera visita nos dieran el alta y nos despidíesemos para siempre, dejando a mi mochuelo seguir con su ritmo de aprendizaje sin prisa pero sin pausa. Si tras estas 3 valoraciones detectaban algo sobre lo que hubiera que trabajar, seguiríamos con las sesiones, con la frecuencia y la duración que fuese necesarios.

Al salir de su despacho, nos sobrevino una nueva inquietud ¿y si nosotros no veíamos nada anómalo en nuestro ceporrito pero a ojos de un especialista al niño le pasaba algo? ¡Y otra vez a darle vueltas a la cabeza! Temiendo habernos pasado de despreocupados con ese afán de respetar sus ritmos y darle su tiempo. Ya estamos deseando que pasen esas 3 sesiones para saber algo más, porque en el fondo, creo que tener un diagnóstico positivo, negativo o como sea, nos ayudará a saber cómo actuar y de qué preocuparnos exactamente. ¡Qué mal llevamos la incertidumbre!

Foto slide psicólogo por Dmytro Zinkevych vía Shutterstock.

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2 Comentarios

  • Responder
    Sara
    12 octubre, 2018 at 22:35

    Estoy un poco en shock después de leerte. Leo, con 22 meses, dice buabua (agua), mamá, papá y poco más. Pero es que Adrián con su edad creo que no decía ni agua. Se soltó a hablar más con casi tres años y por suerte en nuestro entorno (médico, familiar es otra historia) no le dieron ni la más mínima importancia. Me parece como un poco exagerado no? Quiero decir que dicen que en torno a los 2 se da la explosión del lenguaje. Mucho ánimo porque entiendo tu angustia y esperemos que dentro de un tiempo digas.. madre mía el que no hablaba…

  • Responder
    ginecologos talca
    17 octubre, 2018 at 06:53

    me gusta mucho tu web te sigo hace tiempo… un gran abrazo desde chile.

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