Trabajo y familia

Hijos y discusiones de pareja. ¡Adiós romanticismo!

hijos y discusiones de pareja

Desde que somos padres, creo que ya hemos ido pasando por absolutamente todas esas etapas de crisis matrimonial que se suelen vaticinar cuando llegan los hijos: que si parecemos meros compañeros de piso, que si el post parto se eterniza, que si tener una criatura colgada a tu teta durante 5 años consecutivos ya te quita sueño, te aporta estrés, el colecho, noches de mal dormir y el cansancio acumulado menos ganas de vivir otras facetas de tu vida… Y sí, descubres que hijos y discusiones de pareja pueden venir de la mano, muy juntitos y convertirse en un nuevo obstáculo para una vida normal. Cuando éramos jóvenes y nos queríamos, este hombre y yo parecíamos estar de acuerdo en todo. Bueno, de puertas para afuera teníamos diferencias tremendas, pero como siempre afirmaba él, en las cosas realmente importantes sí teníamos el mismo punto de vista. Así, la convivencia y la toma de decisiones era muy fácil. ¡Paz y amor y una vida sencilla! Entonces, los churumbeles empezaron a ocupar nuestra casa y a disparar los malos entendidos y las tensiones en cuestiones como estas.

1. Medicamentos sí o no

Ojo, que esto debería ser cuestión del médico y nada más, que en esta casa la licenciatura de medicina aún la tenemos pendiente. Pero yo tengo grabado a fuego que las fiebres bajas en los niños (menos de 38,3) ni son fiebre ni son nada, y a no ser que manifiesten un malestar (dolor de cabeza, cansancio, apatía, dolor de oídos, de garganta, de lo que sea) es mejor no ir administrando ni ibuprofeno ni paracetamol así, porque sí, ni para prevenir que la cosa vaya a más. Lo llevo a rajatabla. Lo hice con la niña y lo hago con el nuevo. Pero este hombre tiene muchas tentaciones de echar mano de nuestro escuálido botiquín por tal de que no empeoren. Yo me niego a automedicarlos, él a vivir el riesgo de noches sin dormir y no, no nos ponemos de acuerdo.

2. Hijos y discusiones de pareja por las pantallitas

Creía que con mi hija ya habíamos superado la posibilidad de que cayera presa bajo los influjos de las nuevas tecnologías. Siempre le hemos dado libertad para usar la tablet, pero últimamente, a mí me da la sensación de que vive un poco enganchada. El problema es que como nosotros estamos tan saturados y tan justos de tiempo para todo, es comodísimo darle el aparato y que vea vídeos, dibuje, juegue ¡lo que quiera! Con tal de tener sólo un hijo del que ocuparnos. Porque al pequeño ni pantallas ni nada, ese sólo quiere juntera humana y seguirnos allá por donde vayamos. Dice este hombre que estoy en plan vieja desinformada, exagerando la cantidad de tiempo que la niña dedica a la tablet. Pero es que se me va supuestamente a hacer un pis al baño y con la excusa de que no le sale, de que me espere a ver si tiene caca, se puede pasar una hora ahí sentada, en postura nada cómoda, solo por estar con la pantallita. Los enfrentamientos pueden surgir por temas que parecían consensuados y superados, porque a veces la niña acepta cambiar de actividad, pero pasa de la tablet a la tele o a pedir jugar un ratito con la Wii, que para el caso es todo casi lo mismo.

3. Los límites

¡Ay! Con lo asalvajadas que han estado creciendo mis criaturas. Primero porque antes de que pudieran razonar no era cuestión de frustrarnos nosotros mismos como padres poniendo normas que no iban a comprender. Y ahora que mi bichilla es algo mayor, y que entiende todo lo que le queremos comunicar ¡no nos ponemos de acuerdo en los temas que hay que limitar! Por ejemplo, a mí me da igual que salte en el sofá o en la cama, pero para su padre parecen bienes muy preciados. Ojo, que sí es cierto que estos muebles se pueden romper con estos malos tratos, pero es que se lo pasa tan bien, hace tanto deporte y se cansa tanto en ese rato, que me da lo mismo. Este es sólo un ejemplo, pero hijos y discusiones de pareja vienen juntos cuando ya no somos capaces de remar en la misma dirección. De cara a nuestros mochuelos deberíamos ser unánimes porque ¡los niños huelen la división! Vamos, al menos esta niña ya es una experta en decir que uno de los dos sí le ha dado permiso para algo, cuando no es cierto ni que nos lo haya preguntado.

4. Las palabrota y otras gracias

Yo reconozco que me controlo muchísimo al hablar, porque de esta boquita podría salir cada perla barriobajera cada medio minuto… que es mejor que los niños aprendan otro tipo de prosa castellana. Sin embargo, este hombre, mucho mejor hablado que yo de forma natural, cuando pierde los papeles por la política, por una situación que le indigna, por un contratiempo o un niño que no le hace caso ¡tiene mucho menos filtro! En definitiva, que se nos escapan tacos gordos y ahí está mi bichilla para indicarnos que eso no se dice, que está muy mal, pero a la vez para interiorizarlos y lanzarlos ella en cuanto tenga ocasión. No me voy a rasgar las vestiduras porque un hijo mío diga un taco, porque mis esfuerzos deben ir encaminados a no reírme. Lo siento, pero soy de esas personas que en cuanto oyen una inconveniencia se me escapa la risas, y claro, reírle estas cosas como gracias es un tremendo error. El problema surge cuando esa palabrota, o mal comportamiento, lo han copiado de familiares del bando opuesto. Yo le llamo la atención a este hombre para que avise a su familia de que dejen de hacer gracias con tal o cual cosa, y él hace lo propio con los malos aprendizajes que la niña copia de la mía. Pero el enfado es inevitable. Para mí que la falta de sueño nos está predisponiendo de mala manera contra cositas sin importancia que deberíamos gestionar mejor.

Si las parejas son flores delicadas ¡el desequilibrio es total cuando aparecen los hijos! Porque no podemos tomar decisiones unilaterales respecto a su educación y crianza y como el punto de vista sea muy opuesto, la polémica estará servida. Y los enfados también. ¿Hay algún aspecto de la crianza en el que no hayáis logrado poneros de acuerdo? ¿Quién tiene entonces la última palabra?

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1 Comentario

  • Responder
    Jess
    22 octubre, 2018 at 22:06

    Hola Lucía! A nosotros lo que realmente nos trajo la 1a discusión fue con el tema fotos sí, fotos no en redes sociales desde bebé. Yo no lo concebía de ninguna de las maneras y mi chico no veía que fuera un problema. Al final decidimos poder publicarlas cuando el peque ya tenía unos 6-8 meses de vida creo recordar y siempre y cuando la privacidad de las redes fuera total, sólo a amigos, nada de publicaciones públicas. La verdad es que ponerse de acuerdo en según qué temas es muy complicado, sí! Y me siento identificada en muchos de los enemplos que has dado. Me encanta leerte! Gracias por hacerlo tan agradable y dándole siempre ese toque de humor! Un abrazo.

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