Crianza

1001 formas de matar a tu hermano. La infancia tiene cosillas así

formas de matar a tu hermano

Andaba el otro día observando algunos gestos entre mis mochuelos, que no denotan amor precisamente. Son muy pequeños aún, pero ya hacen cositas como tirarse de los pelos, empujarse a traición, ponerse la zancadilla… ¡Ay! Amorosos del todo. Mi bichilla, como hermana mayor que es, es la más imaginativa en este terreno. Pero es que el mini mochuelo de año y medio también se las ingenia para hacer el mal. Tanta creatividad en este terreno me han transportado a mi infancia, cuando yo misma protagonicé algo que podría llevar por título uno de estos de película de serie B como1.001 formas de matar a tu hermano. O al menos 500 para cada uno. Mi hermano y yo siempre hemos tenido buena relación: ni celos excesivos, ni odio a muerte, ni peleas que trajeran a mis padres por la calle de la amargura. Pero aún así, los roces en la convivencia eran normales, aunque no demasiado frecuentes ni demasiado espectaculares. Sin embargo, ahora que soy bimadre y que tengo que andar con 100 ojos vigilando a mis churumbeles, me pregunto qué estarían haciendo mis padres cuando los dos enanos estábamos protagonizando escenas como estas.

1. La muerte viaja en correpasillos

La asesina era yo. Mi hermano acababa de empezar a andar y teníamos un correpasillos de esos tipo cochecito, que lo mismo te puedes subir sentado en él que empujarlo por la parte trasera. Como hermana mayor, le dije que si quería ir más rápido que no se preocupara, que yo le empujaría. Y cogí carrerilla a lo largo de todo el pasillo de la casa de mi abuela, empujándolo hacia el final, donde había un escalón por el que el niño se cayó de boca y ¡porrazo en los dientes! Se pasó toda su infancia con uno de los incisivos superiores de color negro, como mi bichilla, hasta que un amigo se lo arrancó de una patada en la época del cambio de los dientes de leche. Por suerte, el definitivo le salió divinamente.

2. Arriba del puente ¡debajo del puente!

Mi padre nació en una aldea minúscula de León a la que solíamos ir en verano. Era una casa con muros de piedra enormes, suelo de tablones de madera, lo más rústico que he pisado en mi vida. Junto a la casa, pasaba un riachuelo, con todo muy verde, muy bucólico y a unos 3 metros de profundidad bajo el nivel de la calle. Para cruzar de un lado a otro, había unos puentecitos diminutos de hormigón, sin ningún elemento de seguridad ¡ay, no sé cómo sobrevivíamos entonces! Así es que jugando con mi hermano, yo con unos 5 años y él con 3, sin ninguna supervisión adulta sobre el riachuelo ¡pumba! Me enfadé con él y lo tiré de un empujón al río. El primer golpe de suerte lo tuvo porque no se descalabró contra una piedra, pero se lo llevó la corriente del riachuelito. Resulta que mi madre lo vio todo, porque sí nos vigilaba desde la ventana de la cocina, así es que allí que salió mi padre en plan súper héroe, corriendo a lo largo del riachuelo para llegar al siguiente puente antes que el niño y ¡sacarlo de allí sin mojarse! Consiguiendo que se agarrara al palo de una escoba. De la regañina o el castigo ni me acuerdo ¡sólo recuerdo la aventura!

3. A ver si puede respirar por la nariz…

Este era un intento de asesinato recurrente en mi casa. De pequeña, noté que mi hermano respiraba casi siempre por la boca (sinusitis, un poco de desviación del tabique nasal, pero nada grave), así es que cuando dormía, me encantaba ir a tapársela para que se despertara medio asfixiado de repente. En realidad, yo estaba empeñada en que a base de forzarlo, respirase por la nariz, pero el método que usaba no era ni el más efectivo ni el más cariñoso. A veces no comprendo cómo hemos llegado hasta hoy aún con vida. ¡Con la de gente que muere asfixiada por almohadas en las películas!

4. Cuchillos en el césped

Mi padre no nos dejaba ver Tele5 de pequeños (un hombre sabio, visto desde mis ojos de hoy) porque decía que aquello era un antro de perversión no apto para niños. Pero claro, de vez en cuando pillábamos el mando y conocíamos algo de lo que programaban. Un día, teniendo ya unos 8-10 años, vimos un espectáculo de esos de circo, de lanzadores de cuchillos. Mi hermano, muy inspirado, dijo que él veía que aquello era fácil, que confiase en él, que íbamos a recrear el espectáculo en el jardín. Él buscó los cuchillos (los de la carne, la mantequilla, el pan, de postre, todo muy variado) y yo me dediqué a colocar la baraja de cartas alrededor del hueco en el que me tumbaría en el césped. Oye, lanzó el primer cuchillo con punta ¡y acertó en una carta! Antes del segundo intento ya estaba mi madre allí, dándonos voces por locos y explicándonos qué es eso de las casualidades en la vida. Siendo yo la mayor, en ningún momento desconfié de las habilidades circenses de mi hermano pequeño.

5. ¿Y si hacemos que el fuego de la chimenea sea más grande?

El descerebrado de esta historia también fue mi hermano. Y además ¡con mis tíos de testigos para presenciar la obra! Una vez por semana, mis tíos venían a cenar a casa. A mí me encantaban sus visitas y no me despegaba de ellos, pero mi hermano iba un poco más por libre. Una noche, se quedó haciendo deberes del colegio sobre la alfombra del salón mientras nosotros cenábamos allí mismo. Pegaba papelitos con pegamento líquido escolar, cuando acabó la tarea y se le ocurrió la gran idea. Para que no gastásemos el pegamento a lo loco, mi madre nos lo ponía en un cuenco pequeño, que luego limpiábamos con alcohol. El niño, perezoso por naturaleza, se trajo el bote de alcohol del baño, pero por tal de no volver a levantarse para tirar los restos por el váter ¡chas! Lo lanzó todo al fuego de la chimenea. La llamarada salió por encima de la casa (un adosado estándar de 2 plantas) quemando todo el hollín interior y resquebrajando los ladrillos desde al salón hasta el piso superior. El niño bien, gracias. Ninguna quemadura y encantando de lo que había logrado mientras exclamaba: “¡Qué fogata!”.

Ay, pienso en los episodios que me queden por vivir con mis mochuelos y ¿de verdad estarán también al borde de la tragedia tantas veces como nosotros de pequeños? ¿Los vuestros han sido protagonistas de escenas de terror similares?

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