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Niños en restaurantes. ¿Cómo se comportan los vuestros?

Niños en restaurantes

Mis churumbeles son del montón. Así en general: unas veces de la parte de arriba del montón, y otras de sus más oscuras profundidades. Como no soy una madre alfa perfecta, tampoco veo que mis criaturas lo sean, así es que los considero niños estándar, con sus más, con sus menos, con sus momentos de querérmelos comer y con otros muchos de arrepentirme seriamente por no habérmelos comido. Y es en este punto donde entra en escena la presencia de mis niños en restaurantes. Nosotros salíamos a comer fuera 1 ó 2 veces por semana antes de que naciera mi bichilla. Ahí, tirando la casa por la ventana, aunque sólo fuera a comernos un bocadillo en la calle para que nos diera el aire. Tras el nacimiento de la niña, como primerizos con dudas ante todo, nos enclaustramos bastantes meses, y sólo salíamos si había eventos familiares, de amigos y compromisos de por medio. Pero eso de salir a comer fuera porque sí, como cuando éramos novios y nos queríamos, eso pasó a la historia. Primero porque la niña era muy bebé: no os dejéis engañar, justo esa es la fase fácil, que solo comen, duermen y quieren brazos. Luego quiso gatear o correr entre las mesas y fue cuando se complicaron la cosas, así es que ¡aprovechad la fase de muy bebés para vivir la vida a tope!

Ahora, solemos elegir sólo restaurantes que sean kids friendly, family friendly, vamos, que no nos miren mal desde que cruzamos el umbral de la puerta. Mi churumbelito es aún bastante pequeño y controlable, por lo que a excepción de lo que ocupa su carrito en el local, no creo que nunca haya sido una molestia para nadie: no grita, no llora, me obliga a sacar la teta, pero con mirar para otro lado… Sin embargo, alguna que otra vez he colgado imágenes de nuestras comidas en redes, y por los comentarios parece ser que lo que yo veo normal en los niños puede que no lo sea para algunas familias.

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1. Mi hija no aguanta 2 horas sentada a la mesa

Ni una tampoco. Bueno, en alguna ocasión extrañísima en la que ha estado muy interesada por la comida, ha tenido la tablet o algún entretenimiento similar, puede que lo haya hecho, pero no es lo habitual. En los restaurantes, ella quiere comer, porque tiene buen fondo y sabe que cualquier cosa que le pongan estará más rico que lo que mami hace en casa. Pero sobre todo, ya sale de casa con aspiraciones de que vayamos a un lugar con espacio para niños. Esto hace que vaya y venga de la mesa: se sienta un rato y come un poco, luego vuelve a la zona de juegos, sube y baja de la silla, revolotea de un lado a otro ¡hasta ir al baño le gusta! Bueno, en esto debe haber salido a mí, que tengo que investigar los baños de todos los sitios en los que voy a comer para ver cómo los tienen de monos.

2. Le gusta relacionarse con otros niños en restaurantes

¡Pues como a los adultos! Ella va más para hacer vida social que para comer. Si elegimos sitios no adecuados para niños, buscará niños en otras mesas para ir a presentarse, preguntar si quieren jugar y sembrar el caos de forma conjunta. Nosotros siempre hemos sido tan discretos en este sentido, que nos falta tiempo para ir a averiguar si mi zángana anda molestando al otro niño o a su familia entera. Por ahora, no nos hemos topado con gente que nos dijera que sí, sino que a todos les ha parecido bien que los niños confraternizaran y fueran a entretenerse juntos. Y si hay zona infantil ¡eso ya es lo mejor de la actividad! Se mete allí como si no hubiera un mañana y empieza a hablarnos de sus nuevos amigos, como si los conociera de toda la vida.

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3. No creo que moleste

Pese a la mala leche reconcentrada que tiene mi criatura, en los restaurantes suele estar feliz, por lo que sólo aspira a comer y jugar. No se enrabieta, no grita, suele hacer caso cuando le indicamos dónde puede jugar y dónde no. Claro que en algún descuido ha podido molestar a alguien, tropezar con una silla, llevarse por delante un abrigo ajeno, cruzarse delante de un camarero a traición… Vamos, pero de ahí a tener que enclaustrarla en casa por alteración del orden público hay un trecho. También somos precavidos a la hora de escoger los horarios: por ejemplo, sabemos que cenar a las 8 nos asegura que aún no esté muy cansada, que coma, no se ponga fastidiosa y además haya poca gente en el local, puesto que los adultos que cenan a solas suelen acudir bastante más tarde. Pero incluso cuando el lugar está a rebosar, me hace gracia que a la gente le pueda molestar más un grito de un niño a destiempo, que el vozarrón del señor al que el vino ya se le está empezando a subir a la cabeza, por poner un ejemplo.

En definitiva, creo que se porta bastante correctamente y que se la puede sacar de casa. Tiene días completamente rebeldes en los que no estará a gusto ni dejará vivir a su entorno en ninguna parte, pero por lo general, no es para morir de pánico por tener que salir a comer fuera con ella. ¿Cómo habéis vivido vosotros estas experiencias? ¿Preferís comer fuera de casa o tenéis a los mochuelos más controlados en vuestro hogar, lejos de miradas traicioneras?

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2 Comentarios

  • Responder
    Nueve meses y un día después
    14 diciembre, 2018 at 08:32

    Nosotros con el mayor no tenemos ningún problema. Aguanta un rato, no pretendemos que aguante mucho, y luego, como la tuya confraterniza y busca niños corriendo para jugar. Le encanta y es prudente normalmente así que todo fluye. Ahora, el pequeño… ese es ahora mismo el que no nos da tregua. Enseguida quiere bajarse y moverse, investigar, subir y bajar… O está comiendo todo el rato, que es la forma de entretenerle (entiéndase), o peregrinando por el restaurante. Así que, ahora mismo, no nos compensa jajaja.

  • Responder
    Vanessa
    14 diciembre, 2018 at 16:49

    Pues nosotros es un suplicio salir a comer con Marc 😥 La mayoría de las veces no quiere comer, prefiere salir corriendo del restaurante o ponerse a jugar con las sillas arrastrándolas 😅 Así que intentamos ir a sitios donde él pueda jugar pero sin escaparse o directamente no vamos 😔

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