Trabajo y familia

¿Cuánto dura tu casa limpia y ordenada? ¿Con niños?

casa limpia y ordenada con niños

Que mi vida no es Pinterest ya lo sabéis todos los que hayáis pasado por aquí en cualquier ocasión antes de hoy. Si la vergüenza que no tengo me llevara a enseñar sólo imágenes de nuestro día a día en espacios meticulosamente cuidados y preciosos, nos habrían expulsado ya de todas las redes sociales. Porque ni en casa ni en los enclaves del Pueblucho Infernal hay sitios dignos de ser retratados de forma cuqui para la posteridad. Pero una vez asumida la fealdad que nos rodea, tenemos que intentar vivir de una forma medio decente ¡y medio higiénica! Es entonces cuando echo la vista atrás a esos tiempos en los que este hombre y yo éramos novios y nos queríamos ¡y teníamos la casa limpia y ordenada! Pero desde que mi bichilla salió de mis interiores esto no ha vuelto a ver igual. En varias ocasiones he comentado que el tema de que nos desborden las tareas domésticas nos pone a los adultos de esta casa en pie de guerra, porque nadie disfruta haciéndolas, pero es que hay ocasiones (muchas) en las que lo limpio no dura absolutamente nada. ¿Cuánto dura tu casa limpia y ordenada? Pues así es exactamente la mía.

 

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1. El desorden

Curiosamente, es lo que más cabrea a este hombre y lo que menos me afecta a mí. Creo que ya he decidido hacerme la ciega y voy sorteando obstáculos en forma de juguetes, de dibujos, de libros y de cosas rarísimas como quien no quiere la cosa, como si siempre hubieran estado instaladas aquí. Un día cualquiera nuestro salón es tal que así:

Una belleza ¿eh? Es el lugar más desordenado de la casa, con diferencia. Hay cosas encima y debajo del sofá, de la mesa del comedor y de los muebles de todo el salón. Los armarios y los cajones están vacíos para que los niños no pueda tirar nada importante, y sus cosas tratamos de tenerlas sobre el puzzle de suelo para que noten dónde limita su espacio con el de los demás. Pero da lo mismo. Me dicen en el colegio que la niña allí es la más ordenada de la clase y aquí no ha habido forma humana, no ya de que recoja, sino al menos de que no descarríe tantísimo por todas partes, hasta casi los 5 años. No hacía ni caso cuando le decíamos que antes de jugar con algo nuevo debía guardar lo anterior, y cuando la bola crecía hasta alcanzar una magnitud que ya no podía gestionar ella misma, ofrecernos a ayudarla era una tomadura de pelo, porque ella guardaba un juguete y huía dejándonos con toda la faena. Y sé que me comprendía a la perfección, pero insistirle, incluso inventando juegos, era entrar en una espiral de malas maneras que al final acababa o bien con la casa recogida por nosotros con nocturnidad, cuando ella duermía, o bien con la casa desordenada día, tras día, tras día a la espera de que se lo repensase y recogiese. Con mi churumbelito ¡es aún peor!

 

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2. La limpieza de verdad

Este es mi caballo de batalla y no el de este hombre. Puedo vivir con el desorden pero la limpieza básica creo que es necesaria ¡que vamos a morir un día de una infección tonta! O sea, manchas de cereales con leche en el sofá, de zumo chorreado por el suelo, de plátanos restregados contra los azulejos, y muebles con huellas de dedos impregnados en no se sabe qué sustancia. En el baño, el reductor de la taza del váter con sus gotitas de pipí, el rollo de papel higiénico rodando por el suelo, la pasta de dientes infantil repellada en el lavabo y el espejo, los muñecos de la bañera que se los come el moho… Esto no es sostenible. Y algunas cosas son culpa de los niños, pero otras son achacables a nuestra falta de tiempo, o de interés, o de capacidad para ver todo esto. En cualquier caso, da igual la de veces que se limpien estas cosas a lo largo de la semana, porque en cuanto mis mochuelos vuelven a tenerlas a su alcance ¡las dejarán igual! Vamos, que ver el espejo del baño limpio dura lo que tarden ellos en entrar a lavarse las manos, y no estoy por la labor de andar detrás con un pañito repasando todos y cada uno de los estropicios que hacen. Mientras no entrañe riesgo de muerte o de perjuicio grave para la salud, se va a quedar igual. Son pequeños, no controlan muchas cosas y las que sí podrían hacer está visto que no las hacen porque no les da la gana.

El asunto me desespera porque no somos de tener visitas en casa, pero en caso de esperar a alguien y querer lucirnos para la ocasión, podemos invertir 2 horas refrotando por las esquinas, que antes de que llegue la gente estará todo como si no hubiéramos hecho nada de nada. Y a mí esa certidumbre me desmorona. Yo quiero una vida normal y corriente, sin grandes lujos y no necesito tener la casa como para un reportaje de la revista Casa y jardín, pero por favor es que no hay ni un metro digno de ser visto. Bueno, el dormitorio de matrimonio todavía, porque lo tenemos decorados en plan espartanos y debe ser que por eso sólo llaman la atención de mi segunda fiera para vaciar la ropa interior de los cajones, pero nada más. Ni remotamente, cabría la posibilidad de disparar una foto en cualquier habitación y que se viera ordenada. ¿Vuestros hijos son ordenados y limpios? ¿Qué trucos usáis para que recojan sus cosas y no desordenen ni manchen a cada paso que dan?

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9 Comentarios

  • Responder
    Anonimo
    15 enero, 2019 at 07:31

    Por aquí le enseñamos a recoger desde que aprendió a jugar. Normalmente lo hace por sí mismo sin que haya que decirle nada, pero si remolonea mucho y trata de escurrir el bulto, nos ponemos con él como si recoger fuera un juego. En esta casa lo de ‘no lo hace porque no le da la gana’ no nos vale, porque si con 2 años entramos en esa dinámica, cuando tenga 6 va a ser un tirano que hace y deshace tan ricamente porque sus padres estan detras arreglando los estropicios. Yo personalmente no quiero eso. Es mi hijo pero esas cosas no las consiento. En mi mano esta educarle para que no haga de su capa un sayo. Y la excusa de que es muy pequeño no vale. No voy a ponerle el trapo en la mano y hacerle limpiar, pero si que vaya entendiendo que hay cosas que no se hacen, como dejar juguetes esparcidos, o espurrear comida por los rincones. Miedo me daria dejarle crecer con esos hábitos de ordeno y mando y aqui se hace lo que me da la gana o me pillo un rebote…

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    Nueve meses y un día después
    15 enero, 2019 at 08:35

    Vamos a ver es que el desorden con peques… ¡hay que asumirlo! A mí me pone muy nerviosa, soy team este hombre jajaja. Pero es verdad que no soy justa porque me enerva su desorden pero no el mío. 😂😂😂 Y lo mío lo dejo para lo último y ya… El pequeño es un tornado, pues como el tuyo, claro. El mayor sí recoge, de siempre, porque ha sido un tema impepinable. Con ayuda y facilidades por supuesto. Y con pollos de vez en cuando porque no quiere, como es lógico.
    El pequeño amaga alguna vez viéndonos, pero le pedimos lo mínimo porque por edad… Más simbólico que otra cosa.
    Ahora estamos intentando ser más ordenados los adultos porque no es coherente pedirles orden y nosotros ser el caos. La limpieza… tenemos algo de ayuda y vamos parcheando, pero si no es muy evidente o insalubre… jajaja.
    Tengo un post en el blog que se titula así como Cómo hacer que los niños ordenen. Mano de santo la caja de seguridad. Lo que no quede ordenado (de cualquier miembro de la familia) ahí va por dos días.

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    Carolina Mamá Ríe
    15 enero, 2019 at 09:58

    ¿Perdonaaaaa? mi casa está siempre como los chorros del oro, bueno en realidad, si viniera el tipo este del algodón igual una miajilla de mugre encontraba, pero trastos por medio…nasti de plasti. Pues no soy yo ordenada ni nada. Y a mi rubio, en lugar de un cuento de texturas cuando era peque le dí el manual del orden jejejej.

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    Mamá Puede
    15 enero, 2019 at 11:41

    No la tengo tan ordenada como me gustaría pero vamos en el buen camino, estamos mejorando.

    A mi no me gusta limpiar, nada. Pero de vez en cuando cada varios meses me invade el espíritu de Marie Kondo y le doy un meneo a la casa que me da calma y tranquilidad por varias semanas.

    Y luego vuelta a empezar

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    Laura
    15 enero, 2019 at 11:57

    Nosotros el orden y la limpieza la llevamos casi en en la sangre; a mi me llamaban miss balleta y mi chico nunca ha sido capaz de acostarse si la cocina no está como los chorros del oro. Ahora con el peque de 14 meses, tenemos un “rinconcito Montessori” que ni Montessori ni nada, pero en él tenemos los juguetes justos, ordenados en categorías para poder recogerlos cada día; de eso se ocupa súper papá. Yo me ocupo de ir retirando ropa, juguetes y todo trasto que nos impida poder mantener la casa en orden – he donado más ropa desde que soy madre que en toda mi vida, total si casi siempre voy con los mismos modelis-. El tema de los cajones es punto y a parte, mi chico no le dejaría tocar nada a Bichón porque él es muy de sacarlo todo (como niño que es) y yo soy de dejarle experimentar y aprender, así que me toca recoger a mi con ayuda del niño, el pobre aprendió a decir “papá”, “mamá” y en tercer lugar “¡a guardar!”

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    olga
    15 enero, 2019 at 15:30

    En mi casa se recoge, y si no, pues no se juega. Si quiere sacar más de dos juguetes, tiene que recoger uno, si no, pues juega con lo que tienes fuera. Sólo faltaría, que encima de que la casa es pequeña y está llena de juguetes, estuvieran por medio… En cuanto a lo de sacar cosas de los cajones cuando era pequeña, pues no lo hacía, pero si lo hubiese hecho, pongo un cierre de seguridad al cajón, y el próximo día abres lo que yo te diga, para recoger bragas estoy yo, jejeje, con lo que odio recoger la ropa del tendedero.

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    Irene
    15 enero, 2019 at 19:49

    Tranquila, no estás sola. Totalmente identificada con todo lo que cuentas!

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    laura valle molinuevo
    16 enero, 2019 at 10:57

    En casa mi marido es más ordenado que yo, pero es que a mí me gusta tener las cosas a mano, y eso incluye los juguetes del peque, porque veo que si los guardamos no se acuerda más de ellos, y en mi caso con las prisas del día a día saliendo de casa a las ocho de la mañana y volviendo pasadas las seis de la tarde como no tenga las cosas más o menos a mano se me olvidan… Así que creo que la clave en este asunto es pensar que son unos años, y en nada tendremos en casa a unos adolescentes, y echaremos de menos los juguetes por la sala, pero no tendrán el recuerdo de una madre gruñona que siempre les estaba mandando recoger 😉 Así que sin culpas, eso sí, de vez en cuando toca zafarrancho para evitar que las pelusas nos invadan (aunque sea subiendo ciertas cosillas al sofá mientras pasamos la aspiradora), y a disfrutar de la infancia 🙂

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    Nancy
    18 enero, 2019 at 02:31

    Hace Mucho que ya el tema de la Casa Pulcra me dejó de estresar, creo con niños pequeños es casi imposible! Poco a poco ellos pueden ir aprendiendo tareas pequeñas claro, pero 2 cosas:
    1) Se necesita ayuda.
    2 ) Algún día la Casa estará Pulcra y extrañaremos ese desorden

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