Crianza

Audiometría para niños de 2 años. ¿Cómo se hace?

sordera real o sordera selectiva en niños de 2 años

Hace exactamente 2 años, pasamos uno de los primeros disgustillos de nuestra segunda paternidad, cuando mi churumbelito no superó la prueba de la hipoacusia al ser dado de alta en el hospital tras el parto. De uno de los oídos estaba divinamente, pero el otro se atascó en la prueba. Nos lo dijeron justo cuando ya lo teníamos todo listo para salir del hospital, sin ningún tipo de explicación, sin tranquilizarnos de ninguna manera, con la única orden de volver a repetirle la prueba al cabo de un mes. Su segunda audiometría se saldó con un aprobado y nos despreocupamos del tema, hasta que tras la revisión pediátrica de los 18 meses volvieron a saltar las alarmas: el niño no decía ninguna palabra y la solución más sencilla era que no oyese. No que fuera totalmente sordo, porque de eso nos hubiéramos dado cuenta antes, pero sí que tuviese algún tipo de deficiencia que le impidiera escuchar con nitidez y por lo tanto, ir adquiriendo el lenguaje de forma natural. Nos costaba creer que eso fuera posible, porque el niño tiene una agudeza auditiva excelente para lo que quiere: le pones a Pocoyó al mínimo volumen y va a venir volando; hablas con él frente a frente y de repente te pones a susurrar, y el sigue con tu ta-ta-ta-ta pero también susurrando, por lo que nota el cambio de volumen; te cruje un tobillo al dejarlo dormido en su dormitorio y se despierta como si hubiera caído un bombazo a su lado. Vamos, sordo, sordo, imposible. Pero nos dijeron que se suelen dar casos de niños con tendencia a las otitis constantes y afecciones en las vías respiratorias a los que les surge ahí un tapón mucoso que les dificulta el entendimiento y claro ¡es mucho más fácil quitar un tapón y que se lance a hablar! Así es que desde el CDIAP nos dieron cita para una audiometría para niños de 2 años y yo tenía infinitas dudas acerca de esta prueba. ¿Por qué?

1. La audiometría en un bebé

Las 2 pruebas que había pasado mi mochuelo de recién nacido obligaban a llevar al niño profundamente dormido, conectarlo a unos electrodos en varias zonas de la cabeza y recoger los resultados a través de un ordenador. No se escuchaba un sonido en ninguna parte y el niño simplemente tenía que dormir. Ni dolor ni nada. Dormir suele ser fácil para un recién nacido pero ¿cómo iba a llegar yo a la cita con mi torbellino profundamente dormido a las 11 de la mañana? Tuve que indagar acerca de cómo sería la prueba, porque el otro modelo de audiometría que conocía era el de adultos y para ese tampoco estábamos capacitados.

2. Audiometría en niños de más de 3 años y adultos

Suelen colocar al paciente unos auriculares, meterlo en una cabina bien insonorizada y dejarlo con un pulsador o un botón que deben apretar en cuanto oigan el inicio de cualquier sonido que les llegue a través de los auriculares. Hace años, fui de acompañante con mi madre, que muy bien de lo suyo tampoco es que estuviera, porque sin tener yo los auriculares escuchaba el pitido ¡y ella dejó pasar muchos segundos hasta que al fin pulsó el botón! Me pareció increíble que estuviera tan sorda, pero a pesar de eso no ha llevado nunca audífono ni ha tenido que hacer nada especial.

Audiometría para niños de 2 años

3. Audiometría para niños de 2 años ¡jugando!

Ya por teléfono, al plantearle las dudas acerca de cómo iban a lograr obtener resultados de mi churumbelito, si no iba a dormirse profundamente y tampoco estaba centrado para obedecer la orden de pulsar un botón, la chica me dijo que no me preocupase, que en estos casos la audiometría para niños de 2 años, o menores de 3 generalmente, se hace mediante diferentes juegos, con los que el especialista que lo valora sabe si hay un problema auditivo o no. A mí esto me parecía un poco subjetivo (y de hecho lo es), porque a fin de cuentas lo que hacía era lo mismo que nosotros estamos viendo diariamente en casa: que el niño oye pero no sabemos cuánto exactamente. También llegué cruzando los dedos para que el niño no se desinteresase por la prueba y la acabásemos dignamente, porque ya me lo imaginaba intentando huir de la consulta y sin nada que hacer. La nuestra duró una hora completa y sirve para detectar hasta el 90% de problemas auditivos. El niño tenía que estar lo más tranquilo posible, lo que la especialista consiguió poniéndole delante un juego de estos de pasar cuentas de colores de un lado a otro ¡milagroso! Tengo que comprar uno idéntico para casa.

Al principio, él estaba tan concentrado en el juego que no hizo caso a los primeros sonidos. A continuación de cada pitido, había 2 cajas negras situadas a ambos extremos de la habitación, desde donde salían los sonidos, y cuando el niño las miraba se iluminaban y aparecían dentro 2 peluches, una tortuga en la derecha y un león en la izquierda, que se agitaban dentro de las cajas y hacían un ruido muy fuerte, como de lavadora prehistórica centrifugando al máximo. En los primeros intentos, al niño no le moló nada el león, y se escondía detrás de mi cuerpazo, pero enseguida empezó a estar súper atento a los pitidos. En cuanto sonaban, empezaba a girar la cabeza, buscando el peluche, o levantaba los ojos, o se quedaba paralizado en su juego, reacciones que hacían ver que los estaba oyendo. Me pareció increíble que estuviera concentrado durante tanto rato, y lo cierto es que las pruebas salieron normales.

Por último, le hicieron una timpanometría, completamente inútil porque llevaba 3 días de mocos contundentes y tenía ahí un apelotonamiento mucoso… Además de que esto sí implicaba meterle el aparato en la oreja y el contacto forzado no le gustó ni un poquito. Así es que nos han recomendado repetirla en verano, cuando se prevé que los mocos dejarán de hacer acto de presencia. En realidad, esta parte de la prueba sería la que nos diría si en el oído medio el sonido no se transfiere con claridad (lo que os comentaba al principio de que hubiese un problema físico y no neurosensorial). En el caso de mi mochuelo, por los resultados en la audiometría, se descarta que lo haya, porque pese a estar plagadito de mocos él reaccionaba a todos los estímulos sonoros. Pero sí nos han indicado que lo consultemos con el pediatra, ya que en los menores de 6 años es frecuente esta característica del oído medio, porque son pequeños y todo se encuentra demasiado cerca. Como él no ha tenido otitis nunca, quizás simplemente tenga tendencia a acumular un poco de mucosidad durante los refriados y nada más. Pero por si acaso, y por si el pediatra consigue ver el interior sin un ataque de llanto, mejor volverlo a comprobar en el futuro.

En definitiva, una audiometría para niños de 2 años es una prueba muy subjetiva, que va a depender de la expresividad del niño, la percepción del profesional y de los padres (en ocasiones, a mí me preguntaban si yo creía que el niño había reaccionado o no). Una prueba científica sería la de los potenciales evocados, similar a la que se les hace de recién nacidos. Pero a estas edades implica sedar a los niños, y no las aconsejan si la audiometría no ha sido un desastre absoluto. ¿Habéis pasado por esta prueba infantil más de una vez?

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2 Comentarios

  • Responder
    Nueve meses y un día después
    25 febrero, 2019 at 08:24

    Pues no tenía ni idea de que se hacía así, la verdad. Cierto que es subjetivo pero entiendo que con la experiencia van aprendiendo a observar detalles. La cosa es que, claro, sin conocer al niño además, pues es más difícil ver si ha reaccionado o no.

  • Responder
    Eva
    25 febrero, 2019 at 10:30

    Hola! En Valencia les dan un líquido para q se adormilen y estén relajados. Se que por Cataluña no, porque tengo una amiga que así hijo de casi 3 años se la han intentado hacer 3 veces dormido.

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