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Sabiduría popular sobre la salud de los niños. ¡Los míos son inmunes!

Sabiduría popular sobre la salud de los niños

Muchos tenemos metidas muy hondo en nuestro entendimientos cantidad de frases de sabiduría popular sobre la salud de los niños. Por ejemplo, que si tienen los mocos verdes es que necesitan antibiótico; que la lactancia a demanda es cada 3 horas exactamente; que los piojos saltan de una cabeza a otra; que la cebolla es milagrosa para la tos nocturna… Mentirijillas que no suelen hacer mal a nadie, pero que hoy se sabe que no son ciertas. Las creencias populares tienen mucho más tirón a veces que la ciencia: que llega una vecina y te dice que no vacunes al niño a ver si le va a entrar autismo (como si eso entrara así, porque sí, con un pinchacito); que le des manzanilla aunque esté recién nacido, que así evitarás los cólicos del lactante… Locuras hay muchas y dependiendo de lo inseguros que estemos como padres, como tampoco podemos estar consultando con el médico cada segundo de nuestras vidas, caeremos en muchos de estos errores. Yo hoy vengo a desmitificar unas pocas que, sin ser yo médico, he constatado en casa que no son ciertas. Vamos, que le doy la razón a la ciencia aunque el experimento yo lo haya hecho en el salón de casa y no en laboratorio.

1. Las corrientes de aire no enferman

¡Palabrita! La de calenturas de cabeza que recuerdo en mi infancia con el tema de las corrientes. Ya ves tú los meses de verano en Málaga, que si entraba una mijita de aire por una ventana y te daba de pleno ¿quién se podía resistir? Pues nada, que no había padre que te dejara disfrutar del airecillo porque aquello podía ser mortal de necesidad. Cuando me estrené como madre, no diré que no iba yo resguardando de los vientos traicioneros a mi mochuela, hasta que la pediatra nos dejó claro que no podemos llevar a los niños en burbujas. Que si hace frío, se tienen que acostumbrar al frío, mientras vayan bien abrigados, pero nada de llevarlos siempre con la cubierta de plástico del carrito como si fueran un tomate de invernadero. Y así lo hemos hecho. El plástico sólo para no mojarse en los días de lluvia ¡y milagro! Han tenido 4 resfriados mal contados y nada de gravedad. El colmo lo impuso el nacimiento de mi churumbelito, el único recién nacido que disfrutaba con el airazo fuerte y frío de enero en todos los morros. Este se me suele escapar al balcón mientras tiendo, y así estemos bajo cero, sale con el pijama a disfrutar del aire libre ¡y no se pone malo por eso! Vamos, que si no hay virus y bacterias que causen una enfermedad, el aire no los va a hacer caer.

2. Andar descalzos no resfría

¡Comprobadísimo! Además con los 2 niños. 5 años de experimentos, de hijos que se niegan a ponerse zapatillas de estar en casa, que se quitan hasta los calcetines en cuanto vuelven de la calle, que han caminado descalzos sobre baldosas y sobre parquet y no se han resfriado más por no ir con zapatos por el mundo. A día de hoy ya no me van a convencer de lo contrario, pero cuando era primeriza ¡la de horas perdidas en persecuciones y recolocación de zapatos que perdí con la niña! Aún ahora, cada vez que le mando una foto a mis padres, siempre hay alguno que pone el grito en el cielo ¡ay, esos niños, siempre descalzos! Yo he hecho lo posible para que usaran zapatos, zapatillas, calcetines antideslizantes y todos los inventos que hay hoy para aislarlos del suelo directo, pero ya lo he dado por imposible y no ha habido efectos secundarios.

3. ¡Qué buena es la exposición al sol!

Ojo, que el sol es buenísimo, con mucha moderación. Como mi churumbelito nació con los niveles de bilirrubina alterados, y en enero, íbamos como locos buscando un rayito de sol que entrara en casa, porque para colmo nos recomendaron no sacarlo de casa por la prematuridad. La amenaza del ingreso para recibir radiaciones en el hospital estuvo pendiendo sobre nuestras cabezas durante las primeras semanas. Pues incluso en ese caso, en el que se necesitaba la luz solar para un bien corporal, la sesión que hacía falta era de 6 minutos de sol directo al día. O sea, que para sintetizar la vitamina D y para tener una vida saludable, no hay que ponerse como salmonetes, además de que el efecto es beneficioso así te dé el sol en un trozo de la mano, de la cabeza, o en un moflete de refilón. El resto ya es vicio y sí se requiere protección solar.

4. La sabiduría popular sobre la salud de los niños y beber cosas frías

¡Inmunizados también! De hecho, mis mochuelos detestan más lo caliente que lo frío. ¿Que la abuela nos deja una tortilla de patatas hecha? Ni la paso por el microondas, que entre que no tienen espera y en pasando del templado para ellos todo quema, la prefieren fría. Rara vez la niña demanda algo calentito. Y qué decir de los dramas con la comida recién hecha. Porque cocino poco, pero es que para una vez que hago algo elaborado que guste comer a temperatura ideal, no lo quieren, Todo les quema y no tienen paciencia para soplar o simplemente esperar a que se ponga a temperatura ambiente. La niña ha comido helados en invierno sin problema. Claro que si un día está resfriada lo frío no es lo que más le va a a apetecer, pero si le das a elegir entre leche fría y calentita, sopa fría o caliente, pizza fría o caliente ¡siempre gana lo frío! Pero frío, frío, de la nevera a poder ser. Y no han tenido mayores problemas de garganta ni de nada por este motivo.

¿Qué falsos mitos habéis desterrado vosotros con los niños tras vivir la experiencia como padres?

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