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Rebajar las expectativas de la maternidad. Eres madre ¿qué más puedes desear?

Rebajar las expectativas de la maternidad

Hoy vengo en modo quejica pero no dramático, para reclamar la vida más allá de la maternidad. He tardado muchos años en darme cuenta de que por criar de una forma más absorbente no voy a ser mejor madre. De que por renunciar absolutamente a todos mis intereses y mis minutos libres, no voy a disfrutar más de mis mochuelos. De que para que ellos estén realmente bien y sean criaturas felices, que es a lo que todas las madres aspiramos desde el momento en que sabemos de su minúscula existencia en nuestros interiores, nosotras también tenemos que estarlo. Son tópicos, obviedades que se escuchan por aquí y por allí, que me parecían frases de muy malas madres, porque yo estaba muy a gusto con mi crianza mega dedicada, hasta que un día algo cambia. Empiezas a notar que tú a tus criaturas las sigues queriendo igual, pero que por un minuto al día que no estés con ellas no se va a hundir ni tu mundo ni el de ellos. Que quieres trazar todos los planes posibles en familia, pero que de vez en cuando, aunque no sea periódicamente, ni con una frecuencia excesiva, disfrutas estando sola, o con otra gente, pero sin niños. Que tu mundo se ha ido reduciendo milímetro a milímetro desde que para conciliar intentaste trabajar por tu cuenta, para tener a los niños bajo vigilancia hasta que fueran al colegio (o a la universidad) ,y de repente te notas encerrada en una micro burbuja casera en la que se mezcla la familia, el trabajo, las tareas domésticas y un universo de obligaciones, que da igual toda la corresponsabilidad que hayáis conseguido establecer en casa: tú necesitas más espacio.

1. Rebajar las expectativas de la maternidad

Creo que soy la persona con menos planes grandiosos en la vida y aún así, me paso el tiempo rebajando expectativas: de las vacaciones escolares, las laborales y también las maternales. Nunca me visualicé como la madre alfa prácticamente perfecta en todo. Si me imaginaba en un futuro, me veía como madre estándar: con niños normales, con una relación normal, un cariño, una mijita de felicidad… Vamos, muy de andar por casa y muy al alcance de cualquiera. Pues bien, incluso con un punto de partida tan bajo, me he visto obligada a reducir aspiraciones: antes de ser madre, creía que mi vida podría seguir siendo casi, casi como hasta entonces. Que los niños se pueden amoldar a nuestro estilo de vida con cuatro trucos fáciles. Que el que no guía su destino cuando tiene hijos es porque no quiere. Y unas veces sí, pero otras no. Para empezar, la separación de mis pimpollos hasta pasados los 2 años con el niño y los 3 con la niña, me han resultado casi imposible. No confiaba en nadie, rechazaba todo tipo de ayuda, sólo recurría a los demás en caso de estricta necesidad y aún así, de mala gana. Siempre tenía un peso sobre la conciencia, como si dejándolos 2 horas con la abuela para ir a alguna cuestión de trabajo los estuviera abandonando. Y si era por ocio ¡todo el día pensando en que no debería haberlo hecho! Al final, acababa mentalmente más agotada por haber intentado desconectar que si hubiera seguido sin moverme de su lado. Claro que hasta que todo esto no lo he vivido en mis carnes, a mí las opiniones ajenas me parecían todas equivocadas. En fin, cada una que espabile al ritmo que pueda.

2. El tiempo para mí

Cuando te conviertes en madre, es cierto que pasa eso que yo consideraba imposible: primero van tus criaturas y luego todo lo demás. Otras madres solían poner el ejemplo de las rebajas: te vas de compras y vuelves con cosas para toda la familia, menos para ti. Eso a mí no me podía pasar ¡con lo que me gustan las compras! Pues me ha pasado y más de una vez. Luego abrí los ojos y llegué a la conclusión de que sí, la última seré yo, pero que algún aliciente más debía tener en la vida. El tiempo para mamá a veces es inexistente. Bueno ¡y para los padres implicados también! Este hombre ha pasado de quejarse de que no tiene ni un minuto libre al día, a decir directamente que ambos somos esclavos de nuestros hijos. Y es así. Tenemos niños que se duermen tarde y que madrugan. Una que no hace ni siesta y otro que pese a tener 2 años, hay días en los que también se la puede saltar sin problemas. No tenemos ni siquiera esos momentos nocturnos de pareja que tienen otros padres: no cenamos juntos a solas, no vemos casi nunca la tela a solas y no encontramos minutos para hablar a solas. Es que si no tengo tiempo para mí, tampoco lo tengo para compartirlo con él.

Hace unos días contaba en un stories de Instagram que después de 3 semanas agotadoras con la búsqueda y entrada precipitada del niño en la guardería, más otro montón de decisiones vitales que tomar, había encontrado por fin, un domingo por la mañana 1 hora y 4 minutos para mí. Lo sé con esa exactitud porque me lo cronometró la pulsera de actividad cuando salí por la puerta de casa para intentar seguir con mi propósito de runner que de momento sólo camina. Y eso que el deporte debería ser algo obligatorio para no morirnos jóvenes ni sufrir achaques, pero ni por esas, ni siquiera por salud, consigo sacar tiempo para mí. Al rebajar las expectativas de la maternidad, descubres que separarte, aunque sólo sea unos minutos de tus mochuelos, desconectar y volver a encontrarlos ¡no tiene precio! Aunque hayas salido a hace deporte y el pequeño te esté esperando detrás de la puerta sin importarle lo sudada que tengas la teta.

3. Engañarte justificando que el tiempo para ti es…

Como resulta imposible sacar esos minutos de ocio, o de no hacer nada mirando a la pared, pero de soledad o de compañía ajena, te terminas convenciendo de que no estás tan mal, porque de vez en cuando logras ir al baño sola y te quedas allí un rato largo, aunque no tengas más necesidades corporales y sólo estés descifrando los ingredientes químicos de la etiqueta del champú. O que un día a la semana has logrado ducharte sin espectadores que te apremian, que te abren la puerta y lo peor ¡que te tiran tus potingues al váter cuando no puedes salir chorreando a interceptarlos! Que ir al supermercado a solas, al banco a hacer gestiones, o esperar en la consulta del médico son tu tiempo de ocio, porque en tu situación no puedes aspirar a nada más.

Si hay algún ser humano pensando que la maternidad era maravillosa hasta que se le ha empezado a hacer muy cuesta arriba, no soy quién para aconsejar, pero tras años de errores a mí me fue útil primero explotar y luego hacer todos los esfuerzos posibles por delegar. Ya veis que mis logros a veces se reducen a 1 hora libre cada 3 semanas ¡como para hablar de éxitos estoy yo! Pero hay épocas mejores que ya no pienso desaprovechar. Este hombre y yo hemos hecho muchos pactos (después de muchos enfados también) para intentar tener al menos 3 horas a la semana libres para cada uno. Y cuando las logramos, cosa que no ocurre todas las semanas, la vida se ve de otra manera.

¿Alguna vez habéis sentido ese peso excesivo de la maternidad? ¿O habéis sabido siempre equilibrar la balanza para no caer a los abismos?

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3 Comentarios

  • Responder
    Teresa
    11 marzo, 2019 at 08:53

    Fíjate que yo me considero una madre implicada al 100%, y que también me cuesta dejar a los niños, pero nada que ver contigo! Nosotros no tenemos abuelos cerca, pero sí ayuda en casa. Y desde siempre mantenemos ciertas parcelitas de «adultez», para conseguir seguir cuerdos, jajaja.

    Por ejemplo, hacemos deporte los dos, según podamos, un par o tres horas a la semana cada uno, y el otro se queda con los niños. Lo que hacemos es intentar hacerlo a horas en que están ya dormidos o ya a punto de irse a la cama, yo voy por ejemplo a las clases a las 20.30, y así no me pierdo la tarde con ellos y dejo al pequeño ya dormido y a las mayores casi metiéndose en la cama.

    También, si uno de los dos tiene plan con sus amigos o amigas, el otro le hace la cobertura. O si uno está muy cansado, el otro intenta llevarse a las tres fieras un rato para que el otro descanse.

    Además se duermen temprano, entre 8 y 9 están todos fritos, y ese rato es para nosotros, aunque sea para ver una serie en el sofa (o dormirnos directamente, jajaja)

    Respecto a salir solos, no solemos hacerlo por norma, entre otras cosas porque no tenemos a los abuelos cerca, pero a poco que vienen a vernos o viajamos a casa, aprovechamos y nos escapamos a cenar, un cine…

    Y cuando los niños son más mayores y tienen más capacidad de entendimiento, una vez al año nos vamos solos dos o tres días. Ahora hemos parado por el pequeño, que todavía no tiene el año, pero cuando sea un poco más mayor retomaremos. Siempre me cuesta mucho dar el paso de irnos pero luego se agradece muchísimo.

    Es decir, el 95% del tiempo o más que no trabajamos lo pasamos con nuestros hijos, yo tengo reducción de jornada y paso con ellos todo el tiempo que no están en el cole, pero eso no quita que esos ratos desconexión para nosotros sean necesarios.

    Esto es coger ritmo, poco a poco verás que confías más al dejarlos y que será más fácil.

  • Responder
    Mamá Puede
    11 marzo, 2019 at 10:45

    Yo creo que los tiempos para cada uno son necesarios y digo necesarios de verdad.

    Y que desaparezcas de casa por unas horas sin sentirte mal no es dejar de querer a tus hijos ni muchísimo menos.

    Lo que pasa es que cuesta, primero, darte cuenta de ello y Segundo cuadrar ese tiempo, pero bueno, poco a poco lo irás consiguiendo, estoy segura

  • Responder
    Rosa
    12 marzo, 2019 at 17:04

    Madre mía, no sabes lo identificada que me siento cuando dices «ir al supermercado sola, gestiones en el Banco o la cola del medico son mis tiempos de ocio «, totalmente de acuerdo. Y los disfruto y todo, quién me lo iba a decir. .. y eso que solo tengo un niño de dos años y 8 meses. Cuando me dicen que por qué no tengo otro me da vergüenza decir que quiero recuperar tiempo para mí y si te tuviera otro hijo ni de coña podría, claro. En fin, que voy al gimnasio a la hora de comer en el trabajo, a costa de la hora de la comida!

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