Enseñanza/Colegio

Ejercicios de logopedia para estimular el habla a los 2 años

Ejercicios de logopedia para estimular el habla 2 años

Nuestras lecturas y la ayuda de la psicóloga de la escuela infantil, vistas las escasas directrices que hemos recibido en el CDIAP, nos han empujado a los ejercicios de logopedia para estimular el habla a los 2 años de mi mochuelo. ¿Podríamos haber empezado antes? ¡Sí! Al menos a los 18 meses, cuando se le detectó este retraso en el habla, pero como confiábamos en la atención temprana que recibíamos sin que se nos indicara qué más hacer en casa, así estamos ahora, cagando prisas para ponernos al día. Cuando uno piensa en un logopeda tratando a un niño que no habla, no termina de ver clara la intervención, porque todos imaginamos a un profesional frente a un niño de 5 años que no pronuncia bien la R sonora y poco más. Así es que el descubrimiento de que los ejercicios de logopedia para estimular el habla en bebés, no solo existen sino que son muy recomendables, nos hemos lanzado a hacer nuestros pinitos. Buscando información en libros, en webs especializadas y, finalmente, por la suerte de haber encontrado una psicóloga complementaria a la oficial, que además trabaja en un gabinete con otros profesionales expertos en este tipo de fallos en el desarrollo, y que nos ha contado trucos como estos. Algunos ya los hacíamos estupendamente, pero viendo los meses que nos ha costado llegar hasta aquí, voy a compartir esta sabiduría de andar por casa, por si hay alguna familia más que esté empezando a desesperar con el asunto.

1. Señalarlo todo con el dedo

Y con todo nos referimos a todo. Si tu hijo quiere agua y está tratando de llegar al vaso por sus medios, o la reclama quejoso pero sin señalar, no lo vamos a martirizar con esa idea de “hasta que no digas agua te quedas sin beber” porque probablemente morirá deshidratado y no habrá dicho agua. Pero sí podemos hacerle esperar 5 segundos y aprovechar para señalar nosotros el vaso de agua con el dedo, mientras le preguntamos si quiere agua, e incluso estirar su dedo hasta tocar el vaso, o acercárselo para que lo toque, mientras seguimos repitiendo la palabra agua, dentro de una conversación normal pero simple: ¿Quieres agua? ¡Qué fresquita el agua! ¡Qué rica el agua!

2. Acercar los objetos a nuestra boca

Los que se pueda, claro. Este ejercicio de logopedia para estimular el habla es complementario al anterior y nosotros los solemos usar juntos desde que nos lo recomendaron. Siguiendo con el ejemplo del vaso de agua, después de señalarlo nosotros, podemos poner el vaso al lado de nuestro moflete, a fin de que el niño vea a la vez el vaso y nuestra boca mientras gesticulamos para pronunciar correctamente AGUA. Porque los niños aprenden muchísimo por imitación y esto incluye la postura gestual de nuestros labios, o de la lengua, a la hora de pronunciar cada palabra. Así nos aseguramos de que nos ven correctamente, y de que además asocian a la perfección el vaso de agua con el sonido de la palabra.

3. Mantener las distancias

Cuando un niño aún o habla, si empezamos con estás técnicas de señalarlo todo debemos hacerlo con los objetos que tenemos a poca distancia, porque aún no tendrán la capacidad de abstraerse lo suficiente para entender a qué nos referimos cuando señalamos hacia el infinito, o no tan lejos, hasta la otra punta de una habitación. Este es el motivo por el que muchos niños no hacen caso cuando señalamos una pelota a 5 metros y le pedimos que nos la traigan. Entre que no asocia el nombre de la palabra con el objeto, y que se van a quedar mirando nuestro dedo sin comprender que lo importante no es el dedo sino lo que señalamos más allá, vamos a quedar estancados. Así es que empezaremos por señalar todo lo que podamos tocar, e iremos alejando la mano a medida que el niño progrese. No pasa nada si un día vamos por la calle y señalamos un helicóptero locos de contentos. Si lo mira, divinamente, pero si no, ya sabéis por lo que es.

4. Sinónimos, adjetivos, verbos

Cuando tu hijo no es un papagayo en miniatura, por tal de que avance más deprisa aunque sólo sea con vocabulario básico de supervivencia, tendemos a pasar de usar un vocabulario normal a parecer un telegrama en el que pagáramos por palabras. Si a un bebé tú le dices “Ay, mi niño precioso, qué caca tan grande ha hecho”, cuando te obsesionas con que aprenda lo esencial acabas diciendo 40 veces en bucle “caca, caca, caca”. Y con esa sosez, el niño se estimula poco. Por eso, aunque queramos destacar la palabra caca, conviene ir añadiéndole otros complementos: ¡Qué peste esta caca! ¡Limpito, ya no tienes caca! ¿Dónde está la caca? ¿Has hecho caca? También cambiar la entonación, exagerar la pronunciación y que se note que el niño está interactuando con un humano y no con un robot de repetición.

5. Variar las consonantes

Mi churumbelito vive cómodamente instalado en la letra T y así todos sus sonidos incluyen esta consonante con otras vocales: la tarta es tata, la sartén, tatén, el zapato tatato. Entre estar callado por completo y este avance, pues preferimos el abuso de la T, claro, pero hay que empezar a introducir otras consonantes. A él le está resultando sencilla la P y la N, así es que poco a poco, si pensamos que sólo tenemos 27 letras en nuestro alfabeto y que las 5 vocales no entrañan dificultad para él ¡ya nos queda menos para tenerlo dominado!

6. Muecas ante el espejo y onomatopeyas

¡Esto también es logopedia! ¿Cómo se te queda el cuerpo? Aunque los padres con niños que se desarrollan al ritmo esperado no damos importancia a las onomatopeyas, haceos a la idea de que cuentan como palabras. Si tu hijo hacer el brummm del motor de un coche, el guau guau, de un perro, el miau del gato o el típico buuhh de un susto de un fantasma (o de su hermana mayor en nuestro caso), esto puntúa como imitación y como deseo comunicativos. Además de estos sonidos, que normalmente son divertidos para ellos, hay que animarlos a hacer muecas frente a frente con nosotros, los 2 delante de un espejo, o ellos solos ante el espejo. El mío con esto alucina, y sí saca la lengua, pone morritos como para dar un beso, y suele imitar todo lo que hacemos. También se escapa solo al único espejo que tiene a su altura y se recrea consigo mismo hasta dándose sustos o jugando al cucutrás.

7. Juegos con pajitas o pompas de jabón

En ocasiones, la mala vocalización también se ve afectada por una musculatura de la boca poco desarrollada. Los niños de pecho tienen que trabajar más para sacar la leche que los de biberón, uno de los motivos que puede incidir en que después articulen mejor los sonidos. El mío es muy de teta y muy poco de hablar, así es que esta teoría no se nos está cumpliendo por ahora. En cualquier caso, hemos encontrado un juego con pajitas de las de beber que sirve para mejorar la musculatura. Para empezar, dejarles beber con pajita líquidos de diferente viscosidad: agua, smoothies, purés, para que tengan que trabajar y hacer más fuerza a la hora de lograr bebérselos. También, utilizar una pajita para soplar a través de ella, por ejemplo, poniendo una bolita de algodón sobre una mesa, para que el niño note que al soplar la bola se mueve y le divierta. Lo mismo con las pomperos de jabón o cualquier otra idea que tengáis que les invite a soplar o a sorber.

8. Fotos de familia

La típica pregunta cuando un niño no habla suele ser si al menos dice papá y mamá. El mío, con sentido, no las ha dicho nunca. Es cierto que de higos a brevas empieza una retahíla en la que usa esas sílabas y de repente puede empezar a decir ma-ma-ma-ma-ma pero no se está refiriendo a mí. Para facilitar la identificación básica de la familia, además de señalarnos mutuamente como es lógico, puede irle bien buscar fotos en las que se nos vea bien la cara (actuales, por favor, no de vuestros mejores años mozos) y volver a señalar con el dedidito a mamá, a papá, al hermano o a quién queramos de la familia. Además, ponernos también la foto al lado de la cara y vocalizar claramente el parentesco.

Nosotros de momento no hemos logrado que el niño hable como un loro, pero sí empieza a salir del su típico ta-ta-ta para imitar otros sonidos, hay algunas nuevas palabras cortas que dice bastante aproximadamente y con sentido (guapo, globo, sartén, zapato) y empieza a señalar 3 o 4 cosas que le interesan (la luz, los árboles, los aviones, los globos). Son técnicas sencillas, pero hay que tener paciencia porque no van a dar resultado de un día para otro. Yo me pregunto si en los próximos meses introduciendo estas innovaciones, veremos algún avance más de los que hemos visto hasta ahora con la “ayuda” del CDIAP. Lo bueno es que no son técnicas intrusivas, ni que incomoden a los niños, además de que son fáciles de hacer y que podemos lograr que otras personas que se relacionen habitualmente con ellos (educadores, abuelos, familia) también las pongan en práctica.

¿Habéis utilizado alguna con vuestros peques? ¿Notasteis avances en un plazo corto o medio? ¿Conocéis alguna técnica más que pueda ser de utilidad?

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1 Comentario

  • Responder
    Elena
    13 marzo, 2019 at 14:04

    Te leo y parece que leo la historia de mi hijo Iván. Empezó igual que el tuyo con 18 meses, sin hablar, sin señalar, a su bola… Ahora, con casi 4 años, es un parclanchín. No tiene nada que ver con aquel Iván de 18 meses. Me acuerdo yo cuando se me escapaban las esperanzas de que hablase, o me llamase “mamá” y ahora le tengo que pedir que se calle y me llama “mami” unas 200 veces al día. En nuestro caso tiene 2 horas de estimulación y 2 de logopedia en el CDIAP. Otras 2 tardes lo llevamos nosotros a un centro privado 2 horas a la semana, y en el cole también tiene sesiones con la logopeda y la PT está con él en clase varias horas. Así que SÍ, hemos usado todas esas técnicas y poco a poco nuestro hijo nos ha ido sorprendiendo con su evolución. Seguro que vuestro churumbelito también os deja alucinados en muy poco tiempo con todo el trabajo que estáis haciendo.

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