Enseñanza/Colegio

Adaptación a la escuela infantil con 2 años ¡mejor que con 3!

Adaptación a la escuela infantil con 2 años

¡Feliz! Ya me tocaba escolarizar al menos a un hijo de una forma sencilla y sin dramas, porque el periodo de adaptación de mi bichilla cuando entró al colegio se convirtió en 15 días de llanto, rabietas y desesperación. Con semejante precedente, jamás imaginé que sería mi churumbelito el que tendría un periodo de adaptación a la escuela infantil con 2 años tan sencillo. ¡Sorpresas te da la vida! Además de mi desconfianza hacia las escuelas infantiles, se me unía el hecho de que no empezaba a ir a clase en septiembre, sino en marzo, cuando el resto de criaturas están ya más que adaptadas. Esto podría tener la ventaja de que si el experimento no comenzaba bien, al menos no tendría que compartir atenciones con otros niños también estresados por el cambio en sus vidas. Así es que tras unos días de estar los dos escolarizados, con unos horarios muy flexibles y la posibilidad de estar con él todo el rato que fuera necesario, a la espera de que no se produzca una regresión grave y que de repente empiece a renegar de esta nueva actividad que tanto le ha gustado de entrada, así es como se ha saldado su periodo de adaptación a la escuela infantil con 2 años.

1. Pocas horas y mucha madre

Su horario habitual no es que vaya a ser muy extenso, porque irá de 9:00 a 12:30 como mucho, porque entre que llegamos 15 minutos tarde y lo recojo normalmente 15 minutos antes… Pero durante estos primeros días ha sido aún más flexible. La propuesta del centro era que entrase acompañado al aula el primer día, ver cómo se encontraba y con el paso de los minutos, decidir si me despedía y probaba a dejarlo solo, o si recortábamos el horario y me lo llevaba conmigo para evitar la separación. Lo bueno es que la escuela está tan cerca de casa que si él se quedaba contento y entretenido con el nuevo espacio, los nuevos compañeros y la maestra, yo me podía volver a casa. En caso de que de repente se desatase el llanto, la pena o la incomodidad de cualquier tipo, estaríamos comunicados por mensaje y podría pasar a recogerlo en 4 minutos (si corro como una loca de puerta a puerta). Con los antecedentes de su hermana, iba preparada para lo peor: niño que se negara a dejarme marchar; recogida envuelto en un mar de llanto, o peor, dormido casi inconsciente por el esfuerzo de haber estado enrabietado, como le pasaba a ella. Pero la historia ha sido bien diferente.

Adaptación a la escuela infantil con 2 años patio recreo

2. Primer día. 1 hora acompañado y casi 2 solo

Más que acompañándolo a él, estuve una hora intercambiando opiniones con la directora y su maestra. Mientras yo estaba en el aula, mi mochuelo iba descubriendo los juguetes, las estanterías, los espejos, y principalmente ¡la puerta de cristal que da al patio de juegos! Ese lugar maravilloso en el que sí se quedaría gustosamente a vivir. Fue un día raro, porque era festivo en los colegios y había menos niños de lo habitual. En su clase hay 9 normalmente y aquel día sólo 5, por lo que el ambiente era súper tranquilo. Estuvo un rato jugando con bloques de construcción, con piezas de madera encajables y en un suspiro ¡ya era la hora de comerse la fruta y salir al patio! ¡Qué solazo! Entre las motos, el tobogán, los balancines y el arenero, me comentaron que ese solía ser buen momento si quería marcharme, porque les gusta tanto que no suelen echar a nadie de menos. Así es que me despedí, le dije adiós con la manita (que unas veces me imita y otras no), beso, beso, como si me marchara a la guerra y vuelta corriendo a casa. La directora me dijo que podía llamar o escribir para preguntar lo que quisiera, pero yo, que soy muy práctica le dije que no lo iba a hacer. Eran sólo 2 horas: íbamos a confiar en que todo fuese bien y en caso de que no estuviera a gusto, que me contactase ella y volvería a buscarlo. Me mandaron 6 fotos de distintas actividades a través de la app de la guardería ¡y se veía feliz! Hubiera sido el día más exitoso si media hora antes de finalizar su jornada no le hubiera entrado la llantina inconsolable, por lo que tuve que adelantar la recogida. Cuando llegué, ya estaba otra vez feliz jugando en el patio. Su comportamiento en casa fue el de siempre: dormir, comer, jugar, nada alterado.

3. Segundo día. A la entrada de la escuela

La incertidumbre de madre primeriza ante el abandono del primer día no me dejó dormir aquella noche, pero de cara a la segunda jornada de escuela infantil esos temores ya estaban superados ¡pero tenía otros! Claro, porque ahora el niño ya sabía a dónde nos dirigíamos tan tempranito al salir de casa. El primer día había sido una sorpresa, pero a partir de ahora ¿qué? Pues ni tan mal. Nada más llegar se bajó del carrito sin dramas, agarró un juguete del pasillo y se dejó guiar de la mano hasta la clase. ¡Qué gentío había allí! Ya era un día normal, pero es que en su aula se acogen a los niños que van a la clase de los mayores y aquello estaba atestado. En cuanto los mayores se fueron a su lugar, todo quedo más tranquilo. Aún así, mi mochuelo se me empezó a pegar demasiado: que si ahora cógeme en brazos, ahora teta, ahora la otra teta, ahora monto vías del tren, pero contigo, y jugamos a los coches pero contigo también. No lloraba, pero se le veía más desconfiado. Así es que volví a esperar hasta la hora del patio para irme. Estando al aire libre y con las manos cargadas de palitos de pan, la despedida fue exactamente igual de buena. Esta vez ¡sí llegó al final de su jornada! Pero a eso de las 12 del mediodía, 15 minutos antes de que lo recogiera, le entró la llantina y se quedó dormido. Vamos, que me lo encontré en una hamaca al aire libre como un marajá. En casa siguió estando completamente normal: ni odio hacia nosotros por llevarlo a ese sitio desconocido, ni cambios de comportamiento, ni nada destacable.

Adaptación a la escuela infantil con 2 años pedagogía

4. Tercer día. ¡No me lo puedo creer!

Disponiendo de tiempo y haciendo malabarismos, me encomendé al buen juicio de la escuela, que para esto de la adaptación tenían infinitamente más práctica que yo. Tocaba psicomotricidad (todos con el chándal oficial del centro, que ya os contaré el ojo de la cara que cuesta la ropita personalizada). Cada día les aviso de que mi mochuelo es un espíritu libre que lo de seguir indicaciones… En fin, que no es su fuerte, pero en las horas que he estado allí he visto de todo. Otro asunto es que él es el más pequeño de todos sus compañeros. Resulta que todos estos son nacidos en 2016, por lo que es su último año de escuela infantil y entrarán en el colegio este mes de septiembre. Mi pimpollo entrará al cole en septiembre de 2020. ¡Alucina! Con razón veía tanta diferencia en algunos de ellos, aunque otros son bastante similares al mío, sobre todo los nacidos a partir de octubre. Pero cuando los veía desfilar al váter y casi todos sin pañales (aunque haciéndose caca y pipí encima en cada descuido) no entendía cómo podían estar tan adelantados. El que me parecía mucho mayor, pese a que sólo hablaba diciendo sí y no y nada más, era justo un año más grande que el mío. Ahí ya me sobrevino la calma, porque en estas edades tan cortas un año es un abismo de aprendizaje. La ventaja es que el resto creo que se dan cuenta de que es más pequeño y lo cuidan como si fuera un muñeco.

5. Fin de la primera semana

Cuarto día tranquilo y pero el quinto, ay el quinto, en el momento de decirle adiós se me echó a llorar. Según me dijo la maestra, fueron 5 minutos escasos hasta que se entretuvo con un juguete, pero claro, ya hizo acto de presencia el llanto que tanto temía. No sé hasta qué punto es bueno que al menos demuestre echarme un poquito de menos, pero yo preferiría que no llorase. Sin embargo, al ir a recogerlo, no tenía ningún plan de volverse corriendo a casa, porque me daba la mano para que me metiera yo en el arenero, o nos fuéramos a jugar con la cocinita. Este mismo plan fue el que siguió durante toda la segunda semana: llegaba al cole encantado, luchaba por quitarse el abrigo, bajarse del carro, pedía que le pusiera la bata al pasar por delante de su perchero, entraba muy motivado en la clase y se ponía a explorar todos los rincones, pero cuando le decía adiós, me agarraba y comenzaba su mini drama. Menos un día entre semana, que tuvo a bien quedarse encantado y ni un llanto tuvo en toda la jornada.

Durante la tercera semana, en el momento de llegar por la mañana, ha alternado días de quedarse contentísimo y otro par de hacer amago de llorar. Y digo amago porque en el tiempo en que yo llegaba a la ventana de su clase que da a la calle ¡ya no se le escuchaba! A día de hoy, creo que de verdad le gusta estar allí, que se lo pasa en grande con los juegos del patio, la nueva clase por explorar y hasta va de la mano de algún niño de vez en cuando. En casa su comportamiento es el de siempre: se porta igual, no ha empeorado a la hora de comer, ni el sueño, ni trata de vengarse de nosotros por llevarlo allí cada día. No sé si de pronto tendrá un retroceso y renegará de la escuela infantil y de todo, pero ojalá siguiera así de calmada la experiencia. Definitivamente, su periodo de adaptación a la escuela infantil con 2 años, ha sido infinitamente mejor que el de su hermana la entrar en el colegio con 3. En cualquier caso, si no hubiera sido por esa recomendación para que mejore su socializacion, yo no lo hubiera llevado nunca. Sin embargo, me queda el consuelo de que allí no está a disgusto, por lo que al final creo que yo lo he pasad peor en estas semanas que el propio niño. ¿Qué tal empezaron los vuestros la escuela infantil? ¿Creéis que hay ventajas al escolarizarlos con 2 en vez de con 3 años? ¿Podremos vivir retrocesos más adelante?

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1 Comentario

  • Responder
    La mama fa el que pot
    26 marzo, 2019 at 10:18

    Yo he llevado a mis dos hijos por necesidad a la guarde y en el caso de mi enano desde los 10 meses cuando mi hija entró con 15.
    Creo que cada niño es un mundo y unos lo llevan mejor que otros. Yo pensaba que la adaptación a la guarde sería más difícil con mi enano que era muy apegado a mi y que va allí está siempre feliz y a veces cuando me cuentan cosas incluso tengo la sensación de que no me hablan del mismo niño.
    Y sobre lo de escolarizarlos antes o después, yo he visto niños que llevaban en la guarde desde los 5 meses y que han llevado mal lo de ir al cole hasta p5 y otros que no habían ido nunca y genial. Al final personalmente creo que depende de cada uno.

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