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¿Qué nombre le pongo a mi hijo? Trucos para no romper la familia

Qué nombre le pongo a mi hijo

Seguramente yo ya no tendré más niños a los que bautizar. O más bien a los que poner nombre, porque lo que es por bautizar aún me queda por echarles el agüilla a los dos. Si lo digo claramente, a mi hija le hubiera puesto otro nombre, y no estoy nada convencida con el suyo, porque al final Laura me pareció el menos malo de los que le gustaban a este hombre. El de mi churumbelito sí era el primero de mi lista, Álvaro. Un nombre que curiosamente era el primero de la lista de su padre para cuando nació la niña, si ella hubiese sido niño. Sin embargo, en el segundo embarazo, para una vez que había pleno consenso en algo ¡me lo quería cambiar por Lucas! Vamos, ya eran ganas de complicar las cosas. Así es que después de haber cedido con la primera (que si llega a depender de mí llevaría un nombre más andaluz del tipo Alba, Rocío o Macarena) me planté muy en serio y no hubo nada más que debatir. Como primerizos, el día en que vi el test positivo ya me planteé esto de qué nombre le pongo a mi hijo. Desde luego, no es lo principal a la hora de encargar a tu mochuelo, pero es una de las cosas que hacen ilusión, junto con la compra de puericultura a lo loco y otros asunto relacionados con la maternidad. Hoy os cuento los trucos que usamos nosotros para tratar de llegar a un acuerdo sin romper la pareja antes del parto, así como otros consejos de gente cercana para que toméis la decisión de una forma medianamente civilizada.

1. Acuerdo mutuo entre progenitores. ¡Nada más que añadir!

Si tu pareja y tú sois uno con el universo, una unión idílica, que todo lo tenéis en común y el nombre de vuestra criatura fluye de forma unánime ¡alabados seáis! Ya se puede helar la tierra que debéis manteneros firmes en vuestro deseo y pasar olímpicamente de los comentarios del entorno. Si estáis de acuerdo, no hay nada más que hablar, así te diga tu hermana que se van a reír de la criatura por la rima de ese nombre, o que la abuela no sepa vocalizarlo. El niño es vuestro y la decisión también. ¡Tirad para adelante sin mirar a los lados ni atrás!

2. Las famosas listas de nombres

Este fue nuestro método con ambos niños, aunque en realidad, yo usé la misma lista de la niña para mi churumbelito, porque al ser de sexos diferentes ¡ya tenía todo el trabajo adelantado! Sí, en 3 años de diferencia no me habían cambiado los gustos respecto a nombres, así es que iba muy adelantada. En nuestro caso, hicimos 2 listas cada uno con nombres de niños, de niñas, dejando 10 opciones como máximo en cada bando, para tener una muestra interesante entre la que elegir y debatir, pero sin que fuera interminable y no llegáramos a buen puerto. ¿Qué ocurrió con esto? Pues que yo no tenía tantos nombres favoritos para ninguno de los dos sexos, y menos masculinos. Así es que, para rellenar un poco, acabé introduciendo el de Laura, que era como mi madre me hubiera llamado a mí si mi padre no hubiera impuesto su santa voluntad. No es que me disgustase, pero tampoco me emocionaba especialmente. Y entonces, resultó ser el único que se repetía en la lista de nombres de niña de su padre. ¡Horror! Sí, porque como el resto de sus opciones no me cuadraban nada, y las mías a él tampoco, la búsqueda quedó reducida a esa única posibilidad. ¿Puede haber una forma más tontuna y menos sentimental de elegir algo tan emocionante? Pues con Laura se quedó.

3. Libros y diccionarios de nombres

Antes de hacer nuestras famosas listas, fuimos a la biblioteca y sacamos algunos Diccionarios de nombres para ver si hallábamos ideas súper originales que nos abrieran los ojos a nuevas posibilidades. Cosa que no ocurrió. Opciones había miles (mirad este con 55.000 nombres ¡para enloquecer!), pero entre que no nos decían nada, que eran de otras culturas, que nos parecían raros, que las abuelas ponían el grito en el cielo ante algunas posibilidades… Nada, fue un tiempo muy entretenido pero muy poco productivo. Sin embargo, no dejéis de ojear alguno, porque igual tenéis más éxito que nosotros.

4. La estadística del INE

Hace 6 años, cuando me quedé embarazada de mi mochuela, yo trabajaba con mucha estadística y claro, el Instituto Nacional de Estadística (INE) me vino a la cabeza cuando estaba metida de lleno en mis pensamientos de qué nombre le pongo a mi hijo. Para iluminarme, busqué los 100 nombres más puestos en España en 2011 y 2012, principalmente con el objetivo de no usar los más populares. En el colegio recuerdo como un coñazo cuando había 4 niños que se llamaban igual, y de aquí a unos años habría una invasión de ciertos nombres, por lo que sin querer ser la moderna del pueblo, sí prefería que la chiquilla tuviera un nombre común pero no demasiado manido en su generación. Y de ahí nos salió Laura, que sí, estaba entre los 100 nombres más puestos por aquel entonces, pero ya llegando a la parte baja de la lista y con unas tasas bastante escasas. De hecho, no hay ninguna Laura más ni en su clase ni en todo el ciclo de infantil. ¡Objetivo cumplido! Para el niño no usé este método, porque como me gustaban tan pocos nombres masculinos tendría que ser Álvaro sí o sí, con independencia de su ubicación estadística.

5. Gente a la que odias/admiras profundamente

Al tomar la decisión de qué nombre le pongo a mi hijo no tuve en cuenta a personas que admirase, pero sí a aquellas que me caían mal y cuyos nombres ya llevarían una cruz de por vida. Seguro que todos tenéis algún caso cercano: aquel vecino insufrible de la infancia, un jefe odioso, un deportista prepotente… Cualquier excusa es buena para odiar nombres sin un criterio racional. Y lo mismo para amar denominaciones rarunas y acabar llamando a tu mochuelo Shakira, Justin o el famoso Kevin Costner de Jesús. El caso es que el famoseo es una fuente inagotable de nombres clásicos pero también de otros muy originales, a la moda y que si convencen a ambos padres ¡adelante con ellos!

6. Amenazas en el momento del expulsivo

¡Qué fácil es hablar a toro pasado! A día de hoy, me arrepiento de vez en cuando de no haber puesto en práctica esta táctica en el paritorio cuando el nacimiento de mi bichilla. Porque mis partos han sido fáciles, pero este hombre vive estos momentos más intensamente y con más angustia que yo, así es que podía haber sido más fría, más calculadora y haber exigido un cambio de denominaciones en el momento final, bajo amenaza de ponerme de huelga y no acabar con el trabajo de parto. ¿Cruel? Todo depende del ansia que tengas por ponerle un nombre de tu elección a tu hijo. También de lo sentido o no que sea el padre en esos momentos, porque como no se avenga a razones, sabes que no te vas a poder quedar sin parir eternamente. Pero por probar… Ya es una medida desesperada.

7. Echarlo a suertes

Ojo, no de una forma completamente aleatoria pero, por ejemplo, si estáis atascados cada uno en unos cuantos favoritos que al otro no le desagradan en exceso, aunque tampoco le entusiasmen, meterlos en una bolsita, escoged una mano inocente y ¡que sea lo que el destino quiera! Eso sí, no vale repetir el sorteo indefinidamente ni echarse atrás si no sale nuestra apuesta favorita.

¿Cómo elegisteis los nombres de vuestros hijos? ¿Hubo acuerdo instantáneo o muchos meses de arduo debate?

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7 Comentarios

  • Responder
    Bea
    10 abril, 2019 at 08:04

    Nosotros teníamos claro uno de cada cada uno, su el primero era niño elegía mi marido, si era niña yo, y el otro elegiría el del segundo. Y así fue, el primero fue niño y lo eligió el, Carlos. Y el segundo ya era cosa mía jajajaja tenía la sartén por el manto jajajaja. Fue otro niño y se llama Javier. El tenía elegidos Carlos y Julia, como sus hermanos y yo Isabel, como mi abuela, que desde que le diagnosticaron cáncer allá por 2005,dije que si tenía una niña se llamaría como ella, y Javier por mi hermano, que no llegó a nacer. Así que tengo dos soles, Carlos y Javier ☺☺

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    Chitin
    10 abril, 2019 at 09:10

    Hay más opciones… nosotros con el mayor no nos poníamos de acuerdo y ninguno estaba dispuesto a ceder, así que le pusimos los 2 nombres, eso sí, yo paría, yo iba a sufrir las contracciones…el mío era el primer nombre y el que usamos a todos los efectos para llamarle en el día a día a mi niño.

    Con la nena no había duda, se llamaría como mi abuela 🙂

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    Miriam
    10 abril, 2019 at 11:42

    Jajaja nosotros hicimos parecido… mi marido puso bastantes restricciones como que no fuera monosílabo, no catalán antiguo, que si pudiera ser sonara igual o casi en catalán y castellano (se llama Antoni y le da rabia cuando le dicen Antonio XD), no vasco, etc xDDD

    Entonces cada uno puso en papeles nombres, sin poner límite ni nada, separados por sexo. Yo ordené sus nombres por orden de mi preferencia, él lo mismo con los míos.
    Así vimos si había nombres que coincidían pero yo tal vez lo tenía por debajo, en plan tu caso de Laura, que lo pones pero realmente no te apasiona y queda debajo de todo

    así vimos que había algún nombre en común.

    También era requisito no estar en los más puestos, para no terminar con nombres ultra comunes.

    se redujo la lista a Sara y Anna y entre estos dos lo hicimos a suertes, cogimos una web de números aleatorios y uno era par y el otro impar, y el primer grupo en llegar a 5 ganaba. Ganó Sara XD

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    Vanessa
    10 abril, 2019 at 11:58

    La verdad es que no tuvimos mucho problema. Fue una conversación así de simple y espontánea.

    Mi pareja: «Cómo te gustaría llamarle? Si es niño me gustaría que se llamara como mi padre (mi suegro Miguel Ángel había muerto hacía 3 años)
    Yo: Miguel es bonito, pero compuesto no me gusta mucho.
    Mi pareja: No, a mí tampoco. Miguel a secas.
    Yo: Vale. Y si es niña?
    Mi pareja: Pues no sé.
    Yo: Me gustaría Adela como mi abuela y mi bisabuela, que conozco muy pocas.
    Mi pareja: Me gusta, vale.

    Y aquí está Miguel. Jajaja Si fuéramos a por el herman@, si es niña ya lo tenemos claro. Si fuera otro niño dice que me toca elegir a mí. Y estoy entre dos nombres, el nombre compuesto de mi padre, que elegiría el primero o el segundo, me gustan ambos. Así que nada, ni peleas, ni mucho problema. Jajaja Somos de fácil conformar.

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    Tere
    19 abril, 2019 at 03:01

    Los elegí yo los dos, mi marido no es nada creativo, sólo sabía sugerir nombres de su familia y yo tenía clarísimo que no me apetecía que mis hijos llevasen nombres repetidos, no me gusta que en la familia haya varias personas que se llamen igual, así que le dije que escogería yo, se llaman Fernando y Fabiola, como suenan, nada de diminutivos.

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    Ra
    2 mayo, 2019 at 15:35

    La mayor se llama Clara. Es el nombre que mi marido siempre quiso para una hija y es un nombre que a mí me gusta de siempre, así que fue fácil. Si hubiera sido niño, no teníamos ni nombres pensados, nos esperamos a saber el sexo y fue fácil. Con el pequeño fue más complicado, cada uno tenía sus preferencias de nombres para niña y para niño y donde era más fácil el consenso era en nombres de niña, pero resultó que el bebé2 era niño… Hicimos listas, las intercambiamos, vetamos algunos nombres, no había consenso, hasta que un día apareció el nombre de Mario, se lo propuse, no le desagradó y unas semanas más tarde se quedó con Mario.

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    Nieves
    6 junio, 2019 at 19:04

    Yo soy de la opinión de que si nosotras somos las que tenemos que pasar por embarazo y parto nosotras deberíamos decidir o en su defecto que lleven nuestro apellido. Evidentemente no vas a poner un nombre que el padre odie pero en caso de duda la mujer debe tener la última palabra.

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