Crianza

Amor de hermanos. ¿Cuándo surge?

Amor de hermanos

Hoy vengo profunda ¡y amorosa! Ya me va quedando claro que mis churumbelitos se quieren de verdad ¡qué descanso! Porque con lo que ha costado que se hagan un poco de caso, que intenten jugar juntos, que no haya celos mortales entre ellos, la distancia y el pasotismo me hacían pensar que igual no es que no estuvieran interesados el uno en el otro, sino que a lo mejor se detestaban sin más. Pero no, mi bichilla ya está reconvertida en segunda madre y defensora oficial de su hermanito, su Alvarito, su bebé ¡todo le pertenece! Bueno, y lo defiende de mí, de los desconocidos, de la psicóloga de atención temprana… Ahora que ha surgido el amor de hermanos, a su hermanito que nadie lo mire ni lo toque, porque como además sigue siendo más bebé de lo que ella había imaginado para esta edad, creo que el instinto de protección se le ha disparado en plan madre leona. El pequeño también busca el acercamiento con ella: a veces parece que estuviera fascinado por las cosas que hace, y otras busca el contacto y el roce a toda costa, así sea interponiéndose y dando al traste con lo que ella este haciendo en ese momento. Sí, porque el amor de hermanos no siempre llega en el momento más oportuno. Os cuento algunos gestos que demuestran claramente el aprecio que se han ido cogiendo los pimpollos después de 2 años y medio de convivencia apretada.

1. Es una monadita

¡Me encanta esta expresión de mi bichilla para referirse a su hermano! Ha tardado en verle las virtudes al segundo heredero, pero ahora se le cae la baba con él en infinidad de ocasiones: cuando se queda dormido de cualquier manera, cuando está remoloneando para despertarse, cuando trata de hacerse el mayor comiendo por sí solo, cuando se pone sus diademas, o se peina, o baila imitándola a ella…Ya veis, cosas de lo más normales para un niño de esta edad, pero para ella son como pasos agigantados en su aprendizaje y claro, creo que lo ve como un muñeco sin pilas que se hace querer simplemente por esos mofletes y esos gestos que hace.

2. Sentarse juntos, tocarse, apretarse

El niño siempre ha sido más amoroso para esto de entrar en contacto con otros humanos que ella, que ya nació siendo independiente en cuanto a caricias, achuchones o besos. No la hemos obligado nunca a hacer estas demostraciones de cariño y no lo íbamos a hacer tampoco con respecto a su hermano, pero él la ha conquistado y de repente, el amor de hermanos le chorrea por sí solo. Les gusta sentarse súper apretados en el sofá, tocarse las manos, la cabeza, los pies, la barriga, el culo y el resto de los bajos (ay, señor, en este punto tendremos que intervenir). Han pasado de estar muy distantes a quererse dar arrumacos al menos una vez al día.

3. Cuidarse mutuamente

En esto gana mi bichilla porque es la mayor, claro. Pero dentro de sus nuevas funciones de hermana amorosa destaca la de llevarlo en brazos a todas partes, que no esté a más de 10 metros de su punto de origen, porque el niño pesa más de la mitad que ella. Sin embargo, tiene esa querencia por cogerlo en brazos a la menor oportunidad: para bajarlo de las alturas; para quitarlo de un grifo en el que esté esparciendo agua; para que le haga caso y la siga a donde ella diga… El cuadro es digno de ver, con el niño que abulta mucho para el tamaño de ella y sus esfuerzos para andar a ciegas, tapada por el cuerpo que lleva a duras penas apretado contra la barriga. También trata de quitarle mocos, manchas alrededor de la boca, peinarlo, mirarle los interiores del pañal cuando el ambiente parece que se enrarece por la caca… Vamos, que tiene bien interiorizados todos los cuidados que necesita el niño y trata de estar pendiente de él como si no tuviera padres que cumplieran con esa función. ¡Es un alivio tener otro par de ojos vigilantes cerca!

4. El amor de hermanos cuando lloran

Mi churumbelito no tiene la vena dramática explosiva de su hermana, pero también es una mijita fingido para sus cosas. Por ejemplo, ante cualquier golpecito en los dedos, la cabeza, o donde sea, suele hacer como que llora, pone una cara de sentimiento tremenda y grita un poco sin derramar muchas lágrimas. Lo que quiere es que alguien se le acerque con una letanía en especial: “Pobrecito, pobrecito que se ha hecho pupa. Ay, ay, qué pena. ¿Dónde se ha hecho la pupa? ¿Aquí? ¿Aquí? Ay, pobrecito”. Oye, es empezar a reconocer estas palabras y se calma volando. La hermana ha descubierto el truco y claro, se ha apoderado del liderazgo anti dramas de bebé. Logra entenderlo y calmarlo, pero al contrario la cosa no funciona. Cuando ella llora, el pequeño se pone bastante nervioso. Se le acerca y parece que vaya a hacerle algún gesto de cariño, sin embargo, al menor descuido le suelta un tortazo, un arañazo, o un tirón de pelo y huye. No sé si lo hace para que llore con motivo de verdad, o porque aún es una mijita primario para dominar este tipo de sentimientos.

Y así es como el amor de hermanos ha llegado a nuestras vidas. ¿Para quedarse? ¡Esperemos que sí! Porque al fin he podido comprender por qué a otros padres se les cae la baba cuando ven a sus hijos interactuar juntos de esta manera. ¡Que ya nos tocaba! ¿Los vuestros se han demostrado amor desde que se conocieron? ¿O también se han ido encariñando y teniéndose en cuenta a media que iban creciendo?

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