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Viajar y comer con Airbnb. ¡Sin morir de hambre por el mundo!

Viajar y comer con Airbnb

Junio y vacaciones ¡es inevitable no unirlos en nuestro pensamiento! Las escolares, las familiares en temporada no muy alta… Con mi padre, siempre organizábamos las vacaciones en este mes, para huir de las aglomeraciones. A mí la gente no me molesta (será que aún estoy joven y que mis mochuelos arman más escándalo que cualquier grupo vacacional de costa) pero pasar hambre… ¡Ay, el talón de Aquiles de esta familia! Seguro que ya os lo he contado más veces, pero por si acaso, lo vuelvo a repetir: nuestros principales enfados en vacaciones siempre, siempre, siempre están relacionados con la comida. Con la variedad, con la cantidad, con la calidad, con el precio, con el horario, con la inexistencia de alimento a mano cuando los niños lo necesitan… Bueno, los niños ¡y nosotros! Porque este hombre es llegar a un sitio e ir fichando posibles locales para comer en vez de recrearse viendo monumentos. Con la de viajes familiares que llevamos ya a nuestras espaldas, cada vez vemos más ventajas en disponer de un alojamiento con cocina: Un apartamento, un apartahotel, un bungalow, la casa de los abuelos o la cocina de tu prima ¡lo que sea! Por eso, la semana pasada me fui de cabeza al evento sobre las ventajas de hospedarse en un alojamiento con cocina a la hora de viajar y comer organizado por Airbnb y Madresfera. En realidad, allí nos quería hablan de cómo disfrutar de la gastronomía y las cocinas del mundo sin sufrir en nuestras carnes los problemas que os he comentado, pero en mi interior yo lo simplifiqué así. En un súper apartamento disponible a través de Airbnb en Rambla Cataluña, nos contaron cosas muy populares entre las familias viajeras, y otros trucos que a mí, jamás de los jamases se me hubieran ocurrido, porque lo de salir de vacaciones para acabar en la cocina no entraba entre mis planes ¡hasta que parí!

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1. Viajar y comer con Airbnb para ahorrar

Supongo que todos conocéis la plataforma Airbnb (nosotros hemos tenido un par de experiencias con ellos en Montreux y en Figueres): alojamientos particulares, súper bien decorados, cuidados, céntricos, y que normalmente ofrecen mejores instalaciones y servicios que hoteles situados en la misma zona turística. Para mí, a la hora de viajar con niños, las principales ventajas al elegir un hogar disponible a través de Airbnb son el precio, los metros (no son 15 metros cuadrados de habitación minúscula de hotel) para que los niños puedan correr, y el ahorro en la comida. Siempre hemos viajado todo lo que hemos podido y más, haciendo muchas cuentas por adelantado, ahorrando todo lo posible, pero es cierto que hasta que no nació mi bichilla, el presupuesto para comidas en destino no nos quitaba el sueño. Siendo bebé, tampoco, porque entre la lactancia y los potitos ¡aquello era muy fácil! Pero cuando el bicho creció y empezó a engullir como un mozo macho de 20 años ¡ojo, lo que se desequilibró el presupuesto! A esto hay que añadir que yo soy muy burra y los saco a andar a las 9 de la mañana y los recojo a las 9 de la noche ¡porque hay que aprovechar el tiempo culturizándonos! Por lo que las criaturas llegan reventadas. Esto nos hizo ver que hacer al menos los desayunos y las cenas en un apartamento con cocina sencilla (porque con nuestras habilidades tampoco necesitamos mucho más) podría hacernos más felices al quitarnos estrés de encima.

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2. Gente que viaja con su comida a cuestas

¡Casi infarto cuando conocí este dato! Que yo les llevo hasta las bragas contadas a la niña para no tener que facturar una maleta y resulta que la gente viaja con su maletón de ropa y otro con garbanzos, aceite de oliva y alimentos de la tierra que no van a poder encontrar en destino, o que les costarán un ojo de la cara. Como ejemplo, siempre os cuento mi shock con el jamón york de Suiza, a 50 euros el kilo. ¡Mátame camión! Yo no creo que llegue a este punto, pero en los últimos viajes sí que hemos buscado alojamientos al lado de un supermercado, y allí que me voy con los niños a elegir qué vamos a comer: descubren marcas nuevas, productos de la zona que no conocen (sobre todo pastelería y la variedad de panes y quesos que hay de los Pirineos hacia arriba) y todo eso es riqueza cultural. La niña también tiene afición a algunas cadenas de supermercados que tienen como pequeños bufetes libres, en los que elegir entre algunos platos diarios que te puedes llevar a tu apartamento y comértelo con tranquilidad, ahorrando en bebidas, postres y demás partidas que se llevan tus ahorros en los restaurantes. Mis mochuelos no son delicados para comer, y se adaptan muy bien a todo, pero si encima tus criaturas son especialitas o de las que no comen de nada desconocido, o te metes en la cocina ajena o no vas a poder salir de casa.

3. Planifica tus comidas en vacaciones

Otros consejo que nos dio Júlia Farré, nutricionista muy experta en su campo y en viajar con niños a cuestas, fue el de elaborar un menú de desayunos, comidas y cenas para todos los días en los que nos alojemos fuera de casa. Nos ayudará a comer variado, razonablemente sano, más barato y a no ir como pollos sin cabeza por el supermercado a la hora de llenar la nevera del apartamento. ¡Esa soy yo! Que me planto en la tienda y al final vuelvo con pan, queso, frutas, todo de muchas variedades y sin nada de chicha consistente para meter entre todo eso. Claro que podremos hacer algún exceso, probar cosas de allí e incluso intentar cocinar comidas autóctonas. Nosotros nunca regresamos a comer a mediodía al apartamento para no perder tiempo de turismo, por lo que siempre tenemos oportunidad de probar la gastronomía local. Pero es cierto que hay países en los que comer fuera te puede costar más que el desplazamiento, el alojamiento y el resto del viaje entero.

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4. Cocina con los autóctonos y otras actividades

Nosotros nunca nos hemos alojado compartiendo la casa con la familia propietaria. Pero al hablar de la opción de las experiencias disponibles a través de Airbnb conocimos a Sara, de La salsamenta, una anfitriona en Airbnb en Barcelona que se ha hecho todo un nombre acogiendo a huéspedes en su casa y enseñándoles a cocinar paella en la experiencia gastronómica que ofrece. Vamos, se vuelve la gente a sus países mega felices habiendo aprendido nuestra receta estrella. Si optáis por este tipo de habitaciones privadas dentro de una casa familiar, podréis vivir una experiencia de viaje más real ¡y si encima saben cocinar y os orientan, mejor! En Airbnb también se pueden reservar experiencias sorprendentes como aprender a luchar contra abuelas en la chimpampa, hacerte tus propias sandalias o aprender a hacer decoración floral japonesa. ¡Todo es posible con el tiempo libre de las vacaciones!

¿Vosotros pensáis tanto en la comida a la hora de viajar? ¿Habéis cambiado vuestras costumbres al empezar a ir de vacaciones en familia?

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