Lactancia

La lactancia en verano ¿es suficiente?

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Hoy ya estoy de vuelta de este tema, porque tras 5 años y medio de lactancia ininterrumpida, con dos criaturas que no han pasado hambre, ni sed, ni se me han deshidratado en plena ola de calor de verano, me queda más que claro que la lactancia en verano es suficiente para mantener sano a un bebé. Pero es mucho más que eso. Cuando la niña tenía 9 meses vivió su primer verano en Málaga, con su terral, sus horas de bochorno insoportable y un padre primerizo que la perseguía con la botellita de agua de día y de noche. Y sí, la niña bebía agua, porque ya llevaba 3 meses engullendo más cosas mediante la alimentación complementaria, pero la cantidad de líquido al día era de risa. Vamos, que si su bienestar hubiera dependido del agua por sí misma, hubiéramos tenido un problemón para salir adelante. De hecho, en la playa es que le daba un manotazo a la botella, porque creo que el regusto salado de la teta después de bañarnos la volvió muy loca en aquella época. Desde entonces, tanto ella como su hermano son niños que beben muchísima agua al día: no tenemos que perseguirlos ni preocuparnos por ellos, porque antes de que nos demos cuenta de que la pueden necesitar ya la han pedido o cogido por sí mismos. Sin embargo ¿cuántas madres entrarán en crisis con la llegada del calor pensando que su leche no va a ser líquido suficiente para calmar a sus mochuelos? Por eso, ayudada por Medela, que ha sido la marca de 2 de mis sacaleches favoritos durante estos años, y del Medela Swing Maxi Flex que uso actualmente, me he lanzado a transmitir lo que he vivido con ambos lactantes demandantes durante todos estos veranos.

1. ¿Es preferible darle a los niños agua o leche materna?

Leche, sin duda. La leche materna está compuesta por un 88% de agua y un 12% de otras sustancias que deben ser el único alimento para los bebés menores de 6 meses y el principal al menos hasta los 2 años, si es que logramos prolongar la lactancia hasta entonces. Con ese porcentaje de agua es imposible que los niños se deshidraten. Y además están alimentados. De hecho, incluso los adultos notamos que con el calor disminuye nuestro apetito, nos apetece comer menos cosas, más frescas y ligeras, algo que también ocurre con los niños. Por lo que si los vuestros tienden a comer menos con la modorra del verano, la leche materna será vuestra mejor aliada, para que crean que hacen ayuno cuando en realidad están más que bien atendidos.

2. ¿Cada cuánto tiempo deberíamos ofrecer leche o agua a los niños?

Pues en esto no hay una regla fija como la de renovar la crema solar al menos cada 2 horas o tras cada baño. No. La leche materna siempre debe darse a demanda, sin horarios, y en verano aún más. Los niños saben regular perfectamente su hambre y su sed, por lo que si la teta está siempre disponible cuando la reclaman, no tendremos que preocuparnos de horarios ni que pensar en nada más. Es normal que se vuelvan más demandantes, ya que con el sudor pierden más gua, más sales minerales y necesitan reponerlos con mayor rapidez. Eso sí, como madres lactantes ¡no olvidemos hidratarnos también nosotras! Porque de algún sitio sale el agua que va a parar a la producción de leche, así es que no vayamos a descuidar nuestra ingesta para preocuparnos sólo por la del bebé. Beber leche, algún zumo o directamente agua antes de la toma, nos evitará la molesta sensación de tener mucha sed en el momento mismo de dar el pecho. En mi caso, mis mochuelos siempre han tenido claro cuándo han querido teta y cuándo agua sola. El agua ha salido perdiendo en la mayoría de ocasiones hasta que no han ido creciendo y demandándola con más frecuencia. Pero antes del primer año, para ellos el agua era un nuevo entretenimiento, curioso más que otra cosa. En bebés muy pequeños, el hecho de que saquen mucho la lengua, cabeceen inquietos o se chupen las manos, pueden ser señal de que tienen sed.

3. Inconvenientes de la lactancia en verano. Unos cuantos…

Personalmente, no cambiaría la lactancia por ningún otro tipo de alimentación: siempre disponible, sana, inagotable, práctica, que no requiere de preparación, que es un ahorro. Pero en verano ¡ayy, el sudor! Ese calor corporal compartido con el bebé; ese sujetador de lactancia del que no te puedes deshacer, que no llega en condiciones dignas ni al final de una jornada de altas temperaturas; esas manitas del mochuelo tocándote todas las carnes que le queden a su alcance y haciéndote sudar la gota gorda con sus manotazos, movimientos y requerimientos. Además, tener que parar en cualquier sitio, buscar una sombrita, o un lugar fresco y agradable, puede complicarse en zonas de veraneo muy masificadas, pero son males menores en comparación con los enormes beneficios que aporta la leche materna a cualquier bebé. Si la leche ha sido extraída para que otra persona se la dé al bebé, hay que seguir el procedimiento de descongelado y mantenimiento de temperatura, ya que en verano se estropeará con mayor rapidez.

Y si incluso al niño se le hace pesada la lactancia, cosa que creo que no ocurrirá ¡podéis innovar! Yo probé con el pequeño los helados de leche materna, y como cosa curiosa y refrescante creo que es algo sencillo con lo que podemos sorprenderlos de vez en cuando. Además, si habéis extraído demasiada leche y no contáis con las medidas necesarias para preservarla y almacenarla, podéis añadirla a la hora de hacer purés, papillas, o postres para los bebés. ¿Qué tal ha sido vuestra experiencia con la lactancia en verano? ¿Dudabais de que fuera hidratación suficiente?

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2 Comentarios

  • Responder
    Trusy
    8 julio, 2019 at 09:35

    Gracias por la info?
    Sobre los helados de leche materna.. no se ponen malos de la garganta? (Bebé 5,5 meses)
    Alguna idea para hacer postres? Y alguna marca de cereales que no tengan demasiado azúcar?

    • Responder
      Lucía, Planeando ser padres
      9 julio, 2019 at 16:22

      Se derriten tan deprisa que cuando le llega a la boca ya es casi leche del tiempo. Los míos es que no toman cereales de bebé, pasaron a la avena, al pan, el arroz…

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