Enseñanza/Colegio

Reunión de inicio de curso en la guardería y necesidades especiales

guardería y necesidades especiales

Aunque parezca curioso, en casi 6 años de paternidad y pese a que mi churumbelito ya empezó a ir a escuela infantil en marzo, esta ha sido la primera vez que hemos tenido una reunión de inicio de curso en la guardería y necesidades especiales ¡todo a la vez! ¡Nunca es tarde para estrenarse en derroteros nuevos! A diferencia de este tipo de reuniones en el colegio, donde siempre nos piden que vayamos sin los niños, en la nueva escuela infantil de mi mochuelo hicieron hincapié en que además de llevar por adelantado todo el material de la lista que nos dieron en junio, trajésemos al pimpollo con nosotros. Al final, pese a que estas cosas suceden en horarios incompatibles con la vida laboral, este hombre también pudo estar presente en los casi 60 minutos de charla y el niño se portó divinamente, permitiéndonos que pudiéramos concentrarnos en la conversación con la nueva maestra. Ay, hemos dado este paso principalmente porque se supone que, al ser un centro público, las educadoras tienen mayor conocimiento sobre niños con necesidades especiales, además de más personal que en su anterior guardería privada, y porque sus 3 horitas de escuela diaria nos va a costar casi la mitad de lo que tuvimos que pagar a principios de año. Y claro, todo suma.

1. Mi primera impresión sobre su nueva tutora

O más bien la segunda, porque ya la conocí en una reunión grupal de junio. Es una señora de mediana edad (no sabría decir de qué edad exactamente ¿algún año entre los 45 y los 55?) que ha desdramatizado por completo la posibilidad de que la escuela no vaya a ser el lugar ideal para mi churumbelito. Ha tenido a muchos, muchos niños con autismo, aunque dice que lo habitual es que los detecten allí, no que ya vengan con el diagnóstico precoz bajo el brazo, y que lógicamente van a tener en cuenta sus características. Antes de que me aclarara este punto, un comentario de otra compañera me llevó a entrar en pánico, cuando una de las maestras dijo en la reunión previa al verano que, por ejemplo, en su clase los niños no pueden beber agua de pie, que tienen que aprender a sentarse en una silla para hacerlo. A mí esto de las normas me parece imprescindible para mantener el orden del grupo: el problema es que mi hijo no atiende a razones y de aquí a que logre comprender esta mecánica igual me lo iban a devolver deshidratado durante semanas o meses. Ella estuvo observándolo atentamente y al final concluyó que lo ve como un niño de 2 años bastante común. No es que quiera ignorar el diagnóstico, pero el hecho de verlo interesarse por los juguetes, tocar algunos y volverlos a colocar, explorar hasta el patio sin miedo y no liarla parda por ningún enfado pese a lo largo del encuentro, la debieron dejar más tranquila a ella también. ¡Si es que mi churumbelito es todo amor!

2. El comportamiento de mi churumbelito en el nuevo espacio

Aquel día pensé que el niño no iba a necesitar ese periodo de adaptación tan escalonado que nos han programado: el primer día una hora y media acompañado, el segundo, ya se verá en función del primero, el tercero fiesta, el cuarto… Porque fue bajar del carrito y echarse a correr de un lado a otro sin prestarme atención: que si ahora toco las estanterías, que si me busco un coche, que si desmonto un puzzle, que si trasteo entre la sabana con leones y vacas que ha montado esta mujer, que si le quito el boli a ella y me pongo a dibujar en sus papeles, que si me lanzo al patio… Es cierto que no había más niños, sólo estábamos nosotros, pero no tuvo reparos en moverse, tocar, organizar e incluso en exclamar su recién aprendida expresión “¡Qué asco!”. Nos comentaron que el día a día en relación a esta guardería y necesidades especiales es bastante libre: no es que haya una desorganización constante, porque hay momentos en las que todos los niños deben hacer las mismas cosas, o al menos compartir el mismo espacio. Pero no se les obliga ni a comer, ni a participar en las actividades propuestas, ni a salir al patio, ni a entablar amistades de por vida con sus compañeros. Sí que se les invita a probar todas estas cosas, porque precisamente los niños autistas suelen necesitar una motivación extra para según qué tipo de tareas o planes, pero siempre respetando sus gustos y su situación en cada momento.

3. El compromiso de una comunicación constante

Reconozco que somos padres poco exigentes en cuanto a las demandas de información que hacemos respecto a las escuelas de mis churumbeles. Con mi bichilla, no hemos pedido nunca una tutoría con sus maestros, si bien hemos acudido a las protocolarias que ellos organizan a lo largo del curso. Pero damos por hecho que si la niña va feliz a clase y desde el centro no nos llaman la atención en nada… No news, good news. Así es que no vamos a estresarlos con preguntas para nada. Pero el caso del niño es diferente, porque ya partimos de una situación en la que sabemos que su desarrollo y nivel de aprendizaje va a un ritmo diferente al de la mayoría de niños de su edad. Por eso, sí vamos a necesitar saber qué cosas se esperan de él en la guardería que no cumple, o por el contrario, qué habilidades asombrosas han descubierto allí que aún no nos ha mostrado en casa. Tenemos que saber que no se pasa las horas en un rincón a solas, o simplemente haciendo rodar un cochecito por el suelo, o que se enfada cuando hay teatro y se pone la clase a oscuras…

Al menos, hemos vuelto a casa para iniciar el curso con mayor tranquilidad, sabiendo que en edades tan tempranas, compartir el espacio escolar de forma inclusiva sí es posible. Así es que ojalá esta sea la tendencia que vayamos encontrando en el futuro. ¿Tenéis algún tipo de experiencia para compartir sobre alguna necesidad de vuestros hijos y cómo la gestionaron en la escuela?

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