Opiniones

Conservar o tirar las manualidades de los niños. Soy mala madre

Conservar o tirar las manualidades de los niños

Desde antes de convertirme en madre primeriza supe que las manualidades y las cosas cuquis de DiY con los niños no estaban hechas para mí, así es que he asumido las dos manos izquierdas que me caracterizan y no he sufrido por no tener tampoco esta característica de madre alfa. Total, no tengo prácticamente ninguna… Sin embargo, había una cuestión en la que ya pensaba mucho antes de que mi bichilla empezara a ir al colegio y era el hecho de conservar o tirar las manualidades de los niños. Sí, porque todos sabemos la vena artística que les invade en la escuela y la de regalos (mierditas) que pueden traer a casa. Pronto comprendí que el problema no lo iba a tener con el sentimentalismo de la niña (que es durilla para esto de las emociones y bastante desapegada de los objetos materiales) sino con este hombre. Con 3 años, iba trayendo cosas muy puntuales, porque en el colegio no hacen muchas actividades especiales ni para navidad, ni para el Día del padre, ni de la madre… Así es que como mucho traía algún dibujito que se rompía fácilmente ¡y asunto solucionado! Entendedme, no es que yo fuera destrozando las creaciones de mi mochuela, sino que ella les daba tanto uso que quedaban inservibles, y no sería yo quien las recompusiera para la posteridad. Pero cuando acabó aquel primer trimestre…

1. Perdona, pero no tenemos espacio infinito

En las vacaciones de navidad la niña volvió a casa con un mamotreto tremendo en el que estaban archivados en tamaño DIN A3, todas, TODAS las tareas que había hecho desde el inicio de curso. ¡Mátame camión! Con razón no solía traer casi nada a casa ¡si es que estaba todo allí, cocinándose para que me diera un parraque navideño! Lo estuvimos ojeando con ella, que nos explicaba las técnicas que había utilizado en cada obra, lo que había aprendido, lo que habían hecho otros compañeros y una vez visto ¡a la basura! ¿No? Vale, accedí a guardarlo mientras llegaba el segundo volumen para las vacaciones de Semana Santa, pero con esos tamaño, con 3 trimestres por curso y con tantos años de vida escolar por delante ¿dónde se suponía que íbamos a guardarlo todo? Porque si tienes la casa de la Preysler, pues no pasa nada. Mandas a Ambrosio a que lo vaya almacenando todo en un contenedor grandecito para que la criatura pueda tener recuerdos nostálgicos en el futuro. Pero si eres una persona normal, te va a sobrar papel y purpurina en pocos meses. 

2. Conservar o tirar las manualidades de los niños ¿hay un término medio?

Dejé pasar varios meses (años completos, 3 exactamente) para no matar del disgusto a este hombre, porque lo que es la niña no ha vuelto a mirar ni una de sus obras desde que las metió en casa. Sí suele tener sus dibujos preferidos colgados en la nevera, algunas manualidades en plan de esculturas repartidas por toda la casa hasta que se rompen (porque por suerte se rompen) y en cuanto las ve demasiado estropeadas ella misma propone tirarlas a la basura. Doy gracias por haberle heredado ese sentido práctico a lo Marie Kondo que jamás pensé que nos caracterizaría. Pero todo lo que son álbumes gigantescos, papelotes variados y demás, encontré una súper idea leyendo a Refugio de crianza, que es mañosa por naturaleza, así es que lo de hacer fotos de todo y guardarlas ordenaditas en carpetas virtuales de la nube ciberespacial me cambió la vida. Primero, porque así ya no hay que temer que nada se estropee, y segundo porque nos aseguramos de que si en el futuro a los niños (o a su padre) les entra la melancolía, podrán tener años y años de arte infantil a mano y clasificado. Eso sí, os recomiendo ir digitalizando según va entrando el material en casa, porque hacerlo meses o años después es un atracón que puede predisponer en contra a cualquiera.

3. Alargar la vida de las obras seleccionadas ¡y luego tirar!

Esta opción me gusta, pero sólo para obras puntuales. Podemos llegar a un acuerdo con el niño para que elija una muestra de las manualidades que quiere indultar. Si ya tienen 3 dimensiones porque no son meros dibujos, pues que las disfruten, jueguen, adornen, les den uso… Cuanto más uso antes desaparecerán, esto es así. Si están hechas en papel pero disfrutáis teniendo algo más tangible que una foto eterna en internet, podéis hacer un álbum reducido, o almacenarlos en una cajita manejable, barata, del tamaño que queráis, de forma que si vuestra criatura llega con 60 trabajos cada 3 meses, lo reduzcáis a un par que podáis archivar de forma cómoda. Yo encargué una vez unas chanclas de piscina con unos garabatos de mi hija a los 2 años, porque de vez en cuando me sale un sentimiento por ahí. Lo bueno es que las sigo utilizando porque aún no se han roto. Lo mejor es que la niña ya ni se acuerda de aquel dibujo, ni de que está plasmado en las zapatillas, por lo que cuando se rompan diremos adiós sin atisbo de drama. He visto mantas, delantales y todo tipo de textiles personalizados con dibujos de niños, además de cuadros preciosos para decorar en casa (en el MOMA tienen obras más incomprensibles, la verdad). Así los niños se sienten valorados, siguen en contacto con algunos de sus trabajo y muestran su satisfacción sin que el resto de la familia debamos vivir sepultados para sus manualidades.

Si miro al pasado, claro que me habría hecho ilusión que mis padres hubieran guardado una muestra de mis manualidades de la infancia. Pero si pienso en el quebradero de cabeza para su mantenimiento en la era pre digital, entiendo perfectamente que no lo hicieran. ¿Cómo gestionáis la pervivencia o muerte de las manualidades escolares? ¿Sois muy indulgentes o muy radicales imponiendo límites?

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