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De safari en la Reserva africana Sigean con niños pequeños

Reserva africana Sigean con niños pequeños

Unir animales y niños casi siempre resulta una buena combinación, y a pesar de los riesgos de decidir hacer planes con meses de antelación para el puente de noviembre, por la posibilidad de que llueva y todo se frustre, acabamos de volver de la Reserva africana Sigean y desde luego mis churumbeles han alucinado. Intentamos hacer lo posible para evitar los zoológicos tradicionales y por eso es complicado encontrar lugares en los que los animales vivan bien, estén bien cuidados y no se los maltrate de mala manera. Por eso, pocas opciones más allá de las granjas con pequeños animalitos domésticos solemos encontrar en los alrededores, y de vez en cuando metemos la pata como cuando fuimos al Loro Parque de Tenerife pensando que sería un oasis para los bichos y encontramos a aquella pedazo de orca danzando en una mini piscina. La Reserva africana de Sigean está al sur de Francia, poco después de pasar la frontera española, entre Perpiñán y Narbona. De hecho, nosotros volvimos a elegir Narbona para alojarnos, como hicimos el año pasado, porque es una pequeña ciudad con mucho encanto y con precios más asequibles. Decidimos ir a la reserva porque en el Pueblucho Infernal y sus alrededores hay muchísima publicidad sobre ella y los conocidos que la habían visitado antes que nosotros estaban bastante satisfechos. Yo he vuelto un poco dividida, así es que os dejo mi opinión por si os puede servir de ayuda.

safari niños reserva africana sigean

1. Casi un safari sin tener que ir muy lejos de casa

Entre mis viajes soñados ya os digo que no estaría el de hacer un safari por África, pero quizás sí en la imaginación de los niños. La ventaja de la Reserva africana Sigean en este aspecto es que está muy cerca de España, que puedes ir en coche sin tener que coger aviones ni dejarte el sueldo el billetes, así como invertir sólo un día en probar la experiencia. Hay dos recorridos diferenciados dentro del recinto: uno para realizar en coche, lo que le da ese aire de safari real, y otro para hacer a pie, similar al que se puede visitar en otros parques naturales. Empezamos por el recorrido en coche, más que nada porque es donde se encuentran los animales más impresionantes (o eso suponíamos a priori, porque al final a los niños les gustaron los flamencos) como los leones, osos, rinocerontes, cebras, avestruces, etc. y por no tener que bajarlos de las sillitas del coche para luego tener que montarlos otra vez. Mi bichilla lo disfrutó mucho, porque además estos días está usando una de mis cámaras de fotos antiguas a la espera de que en su cumpleaños le llegue la infantil que dice que desea tanto, y ríete tú de los reporteros de National Geographic. Qué paciencia, que bien entendía que como los animales están allí viviendo a sus anchas en semi libertad, con una cantidad de terreno enorme para moverse, es probable que no viésemos a algunos de ellos en las cercanías del coche. Por ejemplo, 3 osos sí que vinieron a cortarnos la carretera y los teníamos al alcance de la mano (mano que no hay que sacar, porque hay que quedarse bien encerradito en el coche por razones obvias de seguridad), pero el guepardo estaba ilocalizable y el león con su harén de leonas tumbados panza arriba al sol, pasando el puente la mar de relajados.

Esta ruta en coche tiene algo más de 7 kilómetros en los que invertimos una hora y media. No había colas y siguiendo el ritmo que marcaban los coches de delante íbamos bien. Si vas detrás de conductores que se recrean media hora con cada animal, siempre puedes adelantar sin problemas. Eso está muy bien organizado. Nuestra única complicación surgió con mi churumbelito, porque sigue viajando a contramarcha así es que no podíamos anticiparle lo que vería hasta que no lo tenía en su ventanilla o en la de su hermana. Además, vivimos un pequeño atasco en la zona de los leones (supongo que el coche que iba en cabeza tenía la esperanza de que se movieran grácilmente y no lo logró) porque ahí el carril es estrecho y el niño empezó a perder la paciencia al no tener ni movimiento en el coche ni animales en la ventana. Suerte de la comida a bordo para salir de esa mini crisis.

Reserva africana Sigean oso en semi libertad

2. El recorrido a pie en la Reserva africana Sigean

Esta parte de la visita dura una media de 4 horas si la piensas ver completa y con calma. 4 horas de caminata con niños pequeños, de 2 y casi 6 años, es la muerte, así es que por suerte prácticamente todo el parque está adaptado para poder ir con carrito de bebé. Unas zonas mejor asfaltadas, otras de piedra, mogollón de barro, pero el carrito rueda. Es mucho menos especial que la parte en coche, porque no deja de ser un parque de animales más, si bien hay una buena distancia entre los animales y la gente, a fin de no perturbarlos. Por ejemplo, nada de tener a los chimpancés al lado para atiborrarlos de cacahuetes y escupirles si ellos escupen: estos están en una isla preciosa, verde, con sus columpios, su territorio idílico y tú los puedes ver desde varios puntos de observación en los que te indican expresamente que no hagas más el mono que ellos mismos. Dromedarios, jirafas (estas también están en semi libertad, pero las van recogiendo puntualmente en una zona en la que se les puede ver más de cerca) canguros, y nuestra atracción estrella: los flamencos. Ni los pelícanos, ni los patos, ni el gran aviario de Sigean, a mis mochuelos lo que más les ha impactado ha sido el batiburrillo de flamencos rosas, descansando sobre una pata, volando por encima de una laguna inmensa, graznando y peleando entre ellos con unos giros de cabeza la mar de estresantes y un olor a cacas muy intenso. Vamos, si lo llego a saber los llevo a la Laguna de Fuente de Piedra que tenemos en Málaga y seguro que nos hubiera salido más barato. Mis criaturas son así, siempre les gustan las cosas más sencillas.

3. Un safari seguro, o eso parece

Al organizar el viaje dimos por hecho que la zona a pie no revestiría riesgos y que el recorrido en coche también sería de lo más seguro. La verdad es que yo disfruto lo mismo a un oso detrás de una valla que rascándose la espalda contra el parachoques. Vamos que no me va a gustar más por estar más cerca. Pero durante el safari en coche no hay vallas de protección entre tu vehículo y los animales. O sea, que si el oso se te sienta en el capó pues te aguantas, y si un rinoceronte te desgracia la carrocería embistiendo, pues también. Entiendo que esto no es lo habitual y que los animales están acostumbrados a ver pasar esta peregrinación de automóviles, pero vete a saber si alguien toca el claxon, si algún descerebrado se baja del coche (a uno vimos estirando las piernas en la zona de los osos como si nada) lo perjudicado que puede salir tu vehículo de allí. En cuanto a los niños, vigilad que no puedan abrir ni las puertas ni las ventanillas durante esta parte del recorrido. Te dan instrucciones de seguridad a cada paso, pero está visto que hay gente muy temeraria.

Reserva africana Sigean flamenco rosa

4. Otras cuestiones útiles para visitar la Reserva africana Sigean

El parking es enorme y gratuito. Por todo el parque hay aseos muy bien cuidados, cambiadores para bebés, diversos snack bars y una cafetería restaurante con precios razonables para la comida (por ejemplo, un cuarto trasero de pollo con patatas 8,20 euros o macarrones boloñesa con queso para los niños por 6,40) y desorbitados en cuanto a la bebida (refrescos a 3,40 el tamaño estándar, aunque al menos el agua fresca es gratis). En algunas zonas las cuestas son interesantes: el carrito bajará flechado y la subida, como el niño pese tanto como el mío, será una odisea. El precio de las entradas a mí me parece caro: 32 euros los adultos, 22 los niños a partir de 4 años y los menores de 4 entran gratis. Dice este hombre que mantener ese pedazo de recinto y a los animales en tan buenas condiciones y no moribundos ni despeluchados no será barato. Y no lo dudo, porque el entorno natural es impresionante, pero entre que yo no soy muy aficionada a este tipo de visitas y el dineral que te dejas, si no fuera por los niños y lo que han disfrutado ellos, yo no repetiría.

El siguiente destino podría ser el Parque de la naturaleza de Cabárceno, que también tiene una buenísima fama en este aspecto. Pero de momento, buscaremos otro tipo de actividades para el otoño-invierno, porque mucho arriesgamos al aire libre en esta época. ¿Vuestros peques también son apasionados de los animales? ¿Qué otros parques respetuosos con ellos habéis visitado?

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2 Comentarios

  • Responder
    Marina
    8 noviembre, 2019 at 12:01

    Qué chulada Lucía!

    Me lo apunto para las próximas vacaciones.

    Por cierto.. el oso tuvo que impresionarles no?

  • Responder
    Laura
    15 noviembre, 2019 at 13:15

    Que sitio tan espectacular! me lo apunto!
    Yo también me niego a llevar a mis hijos a un zoológico…
    En Ojén (Málaga) hay una reserva de fauna autóctona que se puede visitar y esta muy bien. Hay ciervos, muflones y jabalíes y viven en libertad. En las visitas los niños pueden darle de comer a los animales. Se llama Ecoreserva de Ojén, hay poca variedad pero lo bueno es que es la fauna autóctona, y el proyecto lo que pretende es precisamente contribuir a proteger la fauna y flora de esta región.
    Saludos!

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