Opiniones

Mi hija quiere pasar tiempo conmigo. Enamoradas a los 6 años

hija quiere pasar tiempo conmigo

Os conté hace años que mi enamoramiento de madre hacia mi bichilla no surgió al ver el positivo en el test de embarazo, ni siquiera en el momento del nacimiento, y que si bien tenía clarísimo que la quería como corresponde en estos casos, el apasionamiento tardó casi 2 años en llegar. Cuando por fin empezábamos a entendernos y a que estar juntas fuera algo maravilloso (sí, a pesar de esa época de rabietas terrorífica que fue breve pero demasiado intensa) llegó el embarazo del pequeño, su nacimiento prematuro, su demanda desproporcionada y eso de encontrar momentos para compartir ella y yo a solas se convirtió en una misión imposible. Tras el diagnóstico de TEA de mi churumbelito, la cosa se siguió complicando bastante, porque él aún necesitaba más tiempo todavía y ella era la que iba perdiendo minutos de atención materna a pasos agigantados. Sin embargo, ahora vivimos una racha de suerte, porque desde finales de verano, y más ahora que acaba de cumplir los 6 años, mi hija quiere pasar tiempo conmigo, lo pide abiertamente y claro ¡siento que mi labor como madre se ve recompensada! Porque en vez de darme la espalda por esos momentos en los que pensaba que debería haber estado más pendiente de ella, mientras en la realidad era su hermano el que ocupaba su espacio, parece que no los guarda con rencor. Lo cual, teniendo en cuenta su carácter fuertecito, es todo un logro.

1. ¿Qué planes de chicas hacemos?

Creo que no es cuestión de feminismo, ni siquiera de diferencia de género, sino una barrera que ella establece para justificar el hecho de que su padre y su hermano deban quedar al margen de nuestros planes de chicas. Así, cuando mi hija quiere pasar tiempo conmigo propone cosas sencillas como ayudarme a ponerme mis cremas (ay, es que creo que es el único momento del día en el que me ve relajada y claro, quiere formar parte de ese ritual) con mis discos, mis líquidos, mis aparatitos limpiadores… De hecho, prefiere que lo hagamos encerradas en el baño, y no en el sofá que es donde suelo hacerlo yo, pese a que así se pierda los dibujos. El caso es estar solas un rato. También tiene ideas mejores como que vayamos al cine (aquí el pequeño no puede ir, por razones de edad, y este hombre debe quedarse vigilándolo, claro) o que nos acurruquemos en el sofá, nos demos masajes, nos peinemos, pero también muy prácticas como ayudarme a hacer la cena (es una fan de las tortillas) o simplemente poner su silla junto a la mía y que trabajemos juntas (yo con el ordenador y ella dibujando o haciendo manualidades).

2. ¿Por qué mi hija quiere pasar tiempo conmigo?

Pues como he insinuado antes y afirmo ahora completamente convencida, porque se siente desplazada por su hermano. Y con toda la razón del mundo. La teoría acerca de cómo dividirse para atender a tus hijos por igual es perfecta pero en la práctica, cuando uno de ellos es excesivamente demandante, lo aprendido no tiene fácil encaje en la realidad. También he notado que aparte de que mi hija quiere pasar tiempo conmigo, ha mejorado su capacidad para expresar lo que siente ¡y yo también! Nos decimos que nos queremos muchas veces al día, que nos hemos echado de menos, nos explicamos por qué nos hemos enfadado, por qué no nos hemos entendido, y aunque aún es pequeña y muchas veces llora desconsoladamente por cosas que a mis ojos no tienen importancia, lo cierto es que cada vez se conoce mejor a sí misma ¡y a mí también! Por suerte, todo este aprendizaje también la convertido en una niña más tolerante, y resulta más sencillo ahora explicarle por qué su hermano “el bebé” siempre, siempre quiere estar pegado a mi cuerpo. Claro que en ocasiones le molesta ser la segunda, pero en lo acepta de mejor grado y los temidos celos por su parte no han hecho acto de presencia de forma desbocada.

3. ¿De dónde sacar los minutos para atenderlos a todos?

¡Ohhhh! Quien sepa la respuesta que la comparta, por favor. Sin duda no hay dinero en el mundo que nos consiga más tiempo. O sí, trabajando menos y preocupándonos más por las necesidades de nuestros hijos, pero para muchas familias esta no es una opción. Así es que los minutos de madre e hija salen de los escasos momentos en los que su hermano logra quedarse entretenido por sí solo (esto puede tardar meses en pasar), cuando le hemos dado su ratito de dibujos animados o de tablet (si no fuera por estas distracciones en esta casa hubiéramos infartado con él hace tiempo) o cuando realmente su padre aparece en escena, lo que suele ser con nocturnidad y a esas horas muchas veces nos vence el cansancio. De hecho, algo que me sorprende de las familias numerosas es cómo logran gestionar el poco tiempo que tenemos todos para dar a cada hijo la atención que se merece. Porque mi bichilla siempre ha sido muy poco demandante, excesivamente independiente, e incluso así me veo limitada para atender a sus reclamos. Si llego a tener 2 como el segundo, o un miembro más en la familia ¡definitivamente los tendría en estado de semi abandono constantemente!

Aunque tengo clarísimo mi papel de madre y no de amiga (pese a que la niña se refiera muchas veces a estos momentos con un “¡Qué bien, somos amigas!”) reconozco que compartir cualquier afición o actividad, por simple que pueda parecer, se disfruta mucho más ahora, que sabe apreciarla, que cuando era un torbellino de bebé egocéntrico y alocado. ¿Vuestros peques fueron reclamando más tiempo conforme crecieron? ¿O se fueron distanciando más y pidiendo su propio espacio?

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1 Comentario

  • Responder
    Sonia Lopez
    27 noviembre, 2019 at 16:51

    Que gran articulo, me siento muy identificada

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