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Juguetes para niños con necesidades especiales. Imitación y emociones

Juguetes para niños con necesidades especiales

Siempre digo que no veo límite en la edad para usar los juguetes. Si a mi hija, con 6 años, le sigue gustando montarse en un caballo balancín, o darle a los botones de una mesa de actividades indicada de 9-36 meses, que lo haga. ¿Dónde está el problema? Es más, lo que sí he notado con ambos mochuelos es que la edad recomendada por el fabricante muchas veces no nos cuadraba, porque mis criaturas no le daban valor a ese juguete, o directamente no comprendían su funcionamiento hasta muchos meses después. Sin embargo, ahora estamos metidos en el novedoso mundo de los juguetes para niños con necesidades especiales. ¡Qué de enseñanzas te da la vida! Y una de ellas es que nuestro pequeño TEA es una monería de criatura, que te la comerías si pudieras, pero tiene un proceso de aprendizaje que no es lo que habitualmente conocemos como “normal”. Las terapias que hacemos se basan en el juego, porque sin llegar a los 3 años de edad ¿qué otro método iba a ser factible con mi mochuelito? Pues ninguno que no supusiera una tortura, claro. Así es como hemos llegado al catálogo de MiniKidz, una empresa formada por Esther y Alex, una pareja de emprendedores que tienen muchísimos juguetes fabricados con todo el amor y la mayor calidad del mundo. Y justamente estamos probando 2 para trabajar un aspecto que los autistas tienden a manejar bastante mal: la imitación y las emociones.

1. Juguetes para niños con necesidades especiales y gestión emocional

Voy a empezar por el Memo Estados de ánimo que es el que peor se nos ha dado. Ay, mira que la caja indica que es para niños a partir de 2 años, que el mío está a punto de cumplir los 3 y que el funcionamiento es muy básico: hay unas fichas grandotas de madera con caras que representan distintos estados de ánimo y un color asociado. El niño simplemente debe ser capaz de reconocer qué 2 caras son iguales, o a las malas emparejarlas por el color. Para hacerlo un poco más completo, incluye una ruleta en la que se representan todas las caras, con sus correspondiente color, de forma que se puedan agrupar por asociación alrededor de la esfera. Fácil ¿no? Hasta aquí podría ser casi un juego de memory más, podríamos dificultarlo poniendo las fichas boca abajo, o agrupando las caras que expresen emociones alegres con los estados de ánimo más agradables… Bueno, pues aún estamos intentando que mi criatura comprenda el mecanismo. Sí, la frustración la sentimos los padres, no los hijos, así es que no sufráis que él sigue siendo la mar de feliz.

memo estados de ánimo

El primer día puso cara de sorpresa, esparció las fichas, las tocó, notó lo suaves y perfectas que son ¡dijo que eran galletas y se las llevó a la boca! No, no le duró un momento, le duró todo el rato que habíamos previsto para el juego, así es que no jugamos a nada. La segunda vez ya supo que no eran galletas, y se puso como loco a señalar y nombrar los colores. Pensé que podríamos tirar por ahí, y empezar a agrupar las parejas del mismo color, sin tener en cuenta las emociones representadas. Pero no, su plan era esparcirlas con las manos, cogerlas a puñados y lanzarlas por todo el salón. En el tercer intento usé menos fichas sólo 6. Primero las emparejé yo por colores ¡y eso sí lo captó! Después traté de que se fijara en las caras, porque más allá de que sea durillo para interpretarlas ¡es que creo que ni las miraba! Aún no las une correctamente pero sí espera que yo imite las expresiones y él me imita a mí. Vamos, que tengo que hacer de intermediaria entre el juego y él. Así, aprovecho y le digo el nombre de esa emoción, y no profundizamos más porque aún no tiene más hondura de entendimiento, pero es un juego sencillo que incluso permite a mi bichilla guiar al pequeño, pudiendo jugar con él sin un adulto. Y el entretenimiento de hermanos en solitario ¡no tiene precio! En realidad, no son específicamente juguetes para niños con necesidades especiales, porque estos niños son como cualquier otro, con sus manos, sus pies, sus preferencia… Y es aquí, en el tema de los gustos personales donde debemos rascar para motivarlos con el aprendizaje. Si vuestro peque normotípico veis que tiene carencias en la comprensión emocional, el Memo Estados de ánimo puede ayudaros de una forma muy sencilla.

2. Cuando no sabes aprender por imitación

A todos nos habrán taladrado la sesera alguna vez con el mantra de que los niños aprenden por imitación, que los padres somos el espejo en el que se miran, que debemos ser un dechado de virtudes y buenas maneras para criar a las mejores personas del universo… Bien, pues en este aspecto, los padres de los niños dentro del espectro podemos relajarnos un poco porque la imitación puede que no sea su fuerte. Vamos, que te pueden ver hasta 400 veces (y no exagero, que es un número que he leído en varios manuales sobre autismo) realizar la misma acción y ellos no ser capaces de interiorizarla. ¿Asombrados? Pues cuando terminas de realizar la número 400, además de alucinar estás ya para el arrastre. En cualquier caso, el Roll&Play sí que lo catalogaría como juguetes para niños con necesidades especiales (o para bebés a partir de 18 meses) que ha triunfado con mi hijo. La primera impresión que tuve es que sería más complicado que el Memo Estados de ánimo porque consta de un dado gigante, blandito, de colores ¡y 48 cartas! El acabose. ¿Cartas en las manitas destroza-todo de mi mochuelo? Sufrí por ellas desde el primer minuto. Por supuesto, en el primer intento a él sólo le interesó patear el dado y esparcir las cartas, pero con la práctica, la esencia del juego la ha captado mejor. Se trata de lanzar el dado, escoger una carta del montón del color que haya salido y realizar la acción que aparece en la imagen. Los demás no tenemos que adivinarla ni nada, sólo disfrutar haciendo la imitación. Ese es el premio, porque aquí no hay competitividad posible (sólo me faltaría, como no tenemos ya bastantes frentes que gestionar…).

roll&play juego

La verdad es que el mío no ha tenido nunca problemas especiales para imitar caras ajenas (enfado, sacar la lengua, hacerse el sorprendido), pero de ahí a imitar acciones concretas hay un trecho. Además, el Roll&Play es genial para que aprendan a respetar los turnos, que sepa que él no va a tirar el dado siempre (esto tenemos que seguirlo trabajando, porque ahora le dejamos que sea el que tire en todos los turno y con que espere hasta que acabemos nuestra ronda para volverlo a tirar ya tenemos bastante objetivo conseguido) que tiene que esperar, comprender el orden de la partida (primero se lanza el dado, luego se coge una tarjeta del color correcto y por último se imita la acción), y que lo que más mola es imitar lo que se pide en la carta. En casa aún nos limitamos a seguir todos las instrucciones de todas las cartas: contar, buscar cosas del color que se pida, mover partes del cuerpo, hacer gestos con la cara, etc. Él colabora principalmente en lanzar el dado y en escoger la carta del color que ha salido. Como en el caso del juego anterior, imita las acciones que nosotros hacemos, pero aún no comprende las órdenes del juego. Por ejemplo, si la misión es buscar algo rojo en la habitación, él no lo entiende. Si yo extiendo los brazos y finjo que soy un pájaro, él me imita a mí. Como veis ¡nos queda caminito por delante que recorrer! Por eso os digo que aunque esté indicado para niños a partir de 18 meses, a nosotros nos queda mucho tiempo de disfrute con el juego. En este es necesario la presencia de un adulto o de un niño que sepa leer suficientemente bien para guiar la partida.

¿Habéis necesitado muchas adaptaciones de juegos y juguetes para que vuestros hijos encontrasen distracciones adaptadas a sus capacidades?

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5 Comentarios

  • Responder
    Mamá Puede
    4 diciembre, 2019 at 08:36

    El juego de las emociones me ha encantado! La verdad es que nunca me ha cuadrado mucho el tema de las edades recomendadas así que hemos ido eligiendo por nuestra cuenta.

  • Responder
    Chitin
    4 diciembre, 2019 at 08:46

    Pues a mí el juego ese de las caritas me parece complicado…vamos, mi sobrino tiene 3 años, no tiene nada relacionado con TEA o similar y la verdad es que no creo que fuera capaz de distinguir tantos estados de ánimo, más allá del triste, contento y enfadado…yo ya he tenido la impresión que con las edades recomendadas no hay que tomárselo al pie de la letra.

  • Responder
    Beatriz Fernández Andreolotti
    4 diciembre, 2019 at 11:10

    Hola
    Para el tema de respetar turnos y asociar colores utilizamos el uno porque el mayor jugava y la pequeña se motivó.
    La niña juega con las cartas boca arriba y la guiamos en cambios de sentido, de color, +4, +2.
    Ahora empezamos a intentar que sepa que no gana siempre. El premio por ganar es un abrazo colectivo con lo que queda disimulado quién es el ganador con el placer de tirarse encima de mí 😉
    Para el tema de las emociones a veces mira un cuento de Ed. Palabras Aladas que se llama emocioname y tiene fotos de niños que expresan las emociones y al lado el nombre. Ella busca la q está llorando y le da un beso. No tiene paciencia para mucho más porque quiere leer ella sola.
    Gracias por compartir tus experiencias.
    Las edades siempre he pensado que dependían de muchos factores.

  • Responder
    Cristina
    4 diciembre, 2019 at 20:51

    En clase de tres años de mi hijo juegan al dado de colores.

  • Responder
    Clara
    16 enero, 2020 at 12:34

    Me parece un artículo de muchísima calidad, sigue así aportando este valor que aportas a la comunidad 🙂

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