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¿Cuándo entienden el concepto del tiempo los niños? Formas de medirlo

concepto del tiempo los niños

Cuando mi bichilla era una recién nacida y leía acerca de cuándo entienden el concepto del tiempo los niños, las conclusiones eran muy alarmantes: cuando son bebés, no tienen noción ninguna de esto, y cada vez que desaparecemos de su vista, incluso cuando sólo jugamos al cucutrás, o salimos de una habitación, o los llevamos unas horas a la guardería, los niños pueden interpretar que estamos procediendo a su abandono definitivo. ¡Por eso lloran! Cuando descubrí esta teoría, poco me parecieron los llantos de mi mochuela si de verdad sospechaba semejante tragedia en su recién estrenada vida. Poco a poco van aceptando una separación mayor, entienden que nos separamos sólo de forma temporal, pero que al final siempre volvemos. Todos se normalizan, aunque no tengan ni idea de si hemos estado ausentes 3 minutos o 9 horas. Pero en habiendo felicidad ¡todos contentos! Cuando crecen, con los 6 años que tiene mi zángana ahora, ese estrés por la separación desaparece, o al menos la mía no lo vive así, pero empieza la tortura de no saber qué día ocurre algo, o a qué hora vamos a tal sitio. La llegada del reloj y el calendario a la vida de los niños no sé si se da por la agonía de los chiquillos o por la desesperación de los padres. En nuestro caso ¡ha sido por lo segundo!

1. El calendario personalizado y customizado

Un regalo de lo más común que le hicimos hace dos navidades, sólo que personalizado con fotos familiares como os conté aquí. Lo primero fue elegirlo de buen tamaño para que pudiera escribir con su letra enorme de 5 años en las casillas de cada día. Lo segundo, buscar pegatinas que tuvieran relación con las vacaciones, las fiestas de cumpleaños, la navidad, el colegio y rotuladores de colores para que lo decorara a su gusto. Después, procedimos a marcar las primeras fechas clave del año: cumpleaños familiares, viajes fuera de casa, espectáculos a los que iríamos… Las cosas que se salen de la rutina. El resto de actividades las hemos ido anotando poco a poco, según han ido surgiendo. Los primeros días no se acordaba de tachar en el calendario el día en el que estábamos, o bien se adelantaba tachando 2 semanas de golpe, como si así el tiempo fuese a pasar más deprisa. Pero tras las vacaciones de navidad de 2018 cogió el ritmo, y 4 meses después tachar el día era lo primero que hacía en cuanto bajaba de la cama cada día. Le hacía una cruz al día en el que estábamos y vigilaba si alrededor había algún hecho destacable. Esto nos ha evitado miles de preguntas acerca de cuántos días quedan para tal o cual cosa. No es por no contestarle, o porque nos sature la conversación (aunque un poco sí) sino porque como ya sabe contar súper bien, parece que le queda más clara la cercanía o lejanía de un evento asignándole números grandes o pequeños. O sea, que quizás a los 6 años no sea cuando entienden el concepto del tiempo los niños de forma exacta, pero al menos, relacionando los días con números, sin pensar en minutos ni en horas, a mi mochuela le ha quedado todo más claro.

2. El reloj digital

Tenía dudas acerca de si el formato analógico o digital le sería más sencillo, pero aprovechando que ya teníamos en casa un reloj GPS para evitar que se nos extravíe por estos mundos, y que da la hora con números muy hermosos en formato digital, decidí probar con ella, a ver si ya lo comprendía. Al principio, no entendía que los 2 puntitos separaban 2 números diferentes, y trataba de decir la hora como si todo fuera una única cifra, o bien número por número, recitando los 4 individualmente. Una vez entendida la separación, ella sigue sin entender el concepto del paso de las horas, pero como en el caso del calendario, sí sabe qué números vienen unos detrás de otro y, por lo tanto, sólo hay que decirle que cuando vea exactamente tal cifra llegará su padre del trabajo, o saldremos de casa, o lo que quiera que sea que vaya a pasar. El reloj no lo usa a diario, no le ha calado tanto como el calendario, sobre todo porque una vez indicada la hora que debe esperar, se sienta a no hacer nada más que ver pasar los minutos en la pantalla. Cada 2-3 minutos grita en alto la hora que está viendo. Esta situación mantenida durante horas puede enloquecer a cualquiera. 

3. ¿Y el reloj de arena?

La verdad es que no se me había ocurrido que pudiera ser útil con los niños. Para empezar, debe ser difícil encontrar uno con una cadencia adecuada a lo que queremos marcar. Además, conozco a mi criatura, y seguro que no dejaría de moverlo, alterar la tierra, acelerarlo, ralentizarlo, darle vueltas sin sentido para al final no conseguir su propósito. Sí me parece útil para medir periodos cortos de tiempo, por ejemplo, los famosos 2 minutos que debe durar un cepillado de dientes, o el rato que deben frotarse las manos, pero para periodos largos es una locura. Hay un pack de relojes de arena infantiles con 6 tipos diferentes para medir tiempos de 1-3-5-10-15 y 30 minutos. Por casualidad, en el centro de terapia ocupacional al que vamos con mi churumbelito, he encontrado una versión moderna de esto que se usa para niños con autismo y con problemas de anticipación. Es un reloj analógico en el que el fondo inicialmente rojo se va volviendo de color blanco a medida que el tiempo pasa, lo que permite establecer periodos de entre 0 y 60 minutos de espera, sabiendo que cuanto menos color rojo quede, más cerca estaremos del objetivo que se haya propuesto. Es una cosa molona, pero lo he visto en Amazon y cuesta un ojo de la cara ¡más de 50 euros! Creo que la desesperación aún no nos ha cundido tanto como para invertir en él.

¿Vuestros mochuelos os traen de cabeza con este tema? ¿Son ansiosos por naturaleza o se suelen conformar con los plazos que les explicáis, aunque no los comprendan?

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