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La maternidad es una caja de truenos y frustraciones

Maternidad es una caja de truenos y frustraciones

Cuantos más años vivo siendo madre, más cuenta me doy de que hay tantas maternidades como mujeres, o como familias, o como tantos niños con sus propias peculiaridades te toque criar. Suelo decir que yo era una madre perfecta antes de ser madre. Y luego parí. Sí, porque antes de ser padres todos tenemos clarísimo lo buenos que vamos a ser, lo mal que lo hace la vecina del quinto con los suyos, porque yo nunca les diré a los míos… Yo nunca les permitiré… Yo nunca les negaré… Sí, sí y claro que yo lanzaba los “Yo nunca” con la misma alegría que cualquier otra criatura hormonada en fase prematernal. Pero conforme avanzas en la crianza, no es sólo que tu vida no cuadre con la de las películas almibaradas del cine, no. Es que incluso habiendo tomado la decisión de forma racional, teniendo los pies en la tierra y habiendo sopesado los pros y los contras que te podrías topar ¡jamás aciertas al 100% con todo lo que te queda por vivir! Ni al 80%, ni al 70% y ya mejor me callo, que está la maternidad en España como para seguir reduciendo el porcentaje. Hace unas semanas conocí esta iniciativa de Madresfera, un carnaval de post para narrar experiencias relacionadas con la frustración en la crianza y sí, hoy me uno para hablar de que la maternidad es una caja de truenos y frustraciones que lo revoluciona todo pero que al final, compensa. ¿Cómo es posible?

1. No eres la madre que quieres sino la que puedes

Esta realidad me dio en todos los morros en los primeros días tras el parto de mi bichilla. Y eso que sus primeros 7 meses fueron fáciles, pero vamos, nada que ver con lo que yo tenía en mente. No tuve problemas físicos, la niña estaba sana, tuve una baja de maternidad estándar y aún así ¿cómo era posible que pasaran las 24 horas del día sin hacer nada? Te das cuenta de que esas recién paridas que a los 15 días ya están de punta en blanco, que siguen trabajando como si nada, y cuyos hijos son aparentemente más perfectos que los tuyos en todo, esas ¡dominarán el mundo! O morirán en el intento, esto habrá que analizarlo bien. Pero incluso en una situación que parecía razonable para un post parto, las horas se escapaban entre satisfacer las necesidades de una bebé, las mías más básicas y poco más. Descubres que hay bebés que no quieren dormir a solas, que necesitan estar felices en brazos todo el tiempo, que se duermen porteando, no en el carrito, que cuando empiezan a gatear y andar no te van a dejar más libre, sino que van a requerir aún más supervisión. Vamos, un sacadero de tiempo tras otro. Y al final, todos salimos adelante, pero no con esos grandes planes de manualidades perfectas con purpurina, sino a veces con los niños sin duchar y con una cena solucionada con un sándwich y un yogur de urgencia. Y no pasa nada. Pero esto te hace sentir tremendamente culpable porque efectivamente no llegas a todo. Y la mayoría de padres tampoco, pero esto no lo sabes o no te lo quieres creer.

2. La maternidad es una caja de truenos y frustraciones laborales

Mi baja de maternidad fue normal, sí, pero el día que me reincorporé al trabajo se puso punto y final a mi puesto. Unas cuantas lágrimas, una mano delante y otra detrás, y hala, a verlas venir reinventándome como autónoma. En fin… 6 años hace de este drama y oye ¡hasta agradecida estoy de que me dieran con la puerta en las narices! La cosa no me salió mal y me ha permitido criar a mis hijos en casa, a mi manera, sin escolaridades tempranas, sin tener sensación de abandonarlos, de no estar con ellos todo lo que necesitarían, de no ser una mala madre desapegada… ¡Ja! ¡No me lo creo ni yo! Da igual que vuelvas a tu trabajo de siempre, o que te quedes en casa, o que te reinventes para intentar conciliar. Aquí no concilia nadie, te lo digo ya. Bueno, alguien habrá, porque tiene que existir la excepción que confirme la regla, pero el resto de familias somos esa regla. La llevamos tatuada en el pecho y hagas lo que hagas, siempre, siempre vas a tener la sensación de que estás fallando en el trabajo, robando horas a tus hijos, de tu pareja ya ni hablamos (¡Ah! ¿Pero este hombre es algo mío? ¿Cuánto tiempo lleva viviendo aquí?), las amistades, los hobbies…La maternidad llega para arrasarlo todo. No importa lo buenos que sean tus hijos, las personas tan milimétricas y organizadas que seáis, lo bien planeado que lo tuvierais todo. Siempre habrá decenas de flecos sueltos que descuadren la ecuación. Y no pasa nada. De esto también se sale, y conforme los niños crecen tu vida vuelve a la normalidad prematernal. Poco a poco, pero no hay que perder la esperanza y mucho menos la ilusión.

3. Eres madre con un futuro incierto

Personalmente, me encuentro instalada en este punto. La maternidad me hizo dejar atrás muchas cosas, empezando por mi vida laboral hasta el momento. Una parte fueron elecciones tomadas por iniciativa propia, y otras tantas me vinieron impuestas por situaciones inesperadas de las que no supe salir. Ahora que la niña tiene 6 años (sí, a esta edad ya funcionan solos y la mía es una espabilada que hasta pide la llave para ver si la dejamos ser más independiente. ¡Ni loca!) y el pequeño extra demandante 3, me paro a pensar que no quiero que cuando crezcan mire atrás y sienta que lo abandoné todo por nada. O más bien, todo por ellos. Porque los hijos son un gran proyecto dentro de nuestras vidas, pero si nuestro plan tiene éxito volarán libremente y entonces ¿qué? ¿Cómo ocuparemos ese vacío cuando ya no tengamos personitas que dependan al 100% de nosotros? Por eso, ahora que los veo abandonar su etapa de bebé, a la niña alejándose de la primera infancia y con unas poses de preadolescente que me tienen boquiabierta, ahora es cuando vengo a preocuparme por fin de mí misma, de mis intereses y de mi propia vida más allá de la maternidad.

Es normal aparcar muchas parcelas de tu vida cuando la maternidad lo inunda todo. Y puede que lo hagas de forma gustosa, lo vivas felizmente y disfrutes de esta etapa vital que pasa relativamente pronto. Lo importante es luchar contra esa constante frustración, contra lo que te gustaría que fuera y lo que en realidad es, sin perder de vista nuestros otros objetivos vitales. Porque ser madre es algo muy grande, pero vivir tu propia vida lo es mucho más y hay que lograr equilibrar la balanza para vivirla con plenitud. ¿Cómo te ha ido a ti? ¿Vives arrasadas por las frustraciones de la crianza o esperanzada y haciendo cálculos para vivir nuevas oportunidades?

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4 Comentarios

  • Responder
    Mamá Puede
    12 febrero, 2020 at 09:30

    Pues tal cual.
    Pero también te digo que yo ya voy recuperando muchas “parcelas perdidas” u olvidadas, y yo creo que esto es clave, no dejarse llevar, sino que en cuanto se pueda retomar hábitos, hobbies o lo que sea

  • Responder
    Monica
    12 febrero, 2020 at 09:43

    Tal cual lo describes, en un momento la maternidad cambia todo y es necesario tiempo, años en mi caso, para lograr el equilibrio ¿Qué nos deparará el futuro? Pues no se pero esa frasecita que tanto me repiten “Niños pequeños, problemas pequeños, niños grandes….” espero que no sea así

  • Responder
    Laura
    12 febrero, 2020 at 10:43

    Totalmente de acuerdo!!!
    Con un niño de 3 y una niña de 3 semanas aquí ando buscando una organización que, en el fondo, se que no llegará… Y claro que me frusto por ello pero es lo que hay…
    Gracias a mi marido que hace que pueda desconectar un ratito al día igual que él lo hace también. En nuestro caso todo va a medias aunque yo me siento más responsable que él.
    En fin, aprendiendo día a día y yendo poco a poco.
    Bsssss

  • Responder
    Esther
    13 febrero, 2020 at 01:06

    Lo has clavado!! Justo llevo una época de súper fustración paralizante que me genera mucha ansiedad… Quién era? Quién soy? Y qué será de mí? Tengo que espabilar! Y yo que tenía clarísimo que todo sería al revés, y luego viene la vida y te dice: pues tururú!! 😅 Saldremos adelante, y ojalá lo hagamos lo suficientemente bien como para que nuestros hijos lo entiendan y nosotros los hayamos disfrutado DE VERDAD. 😘

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