Enseñanza/Colegio

Clases online de primero de primaria. El confinamiento ha llegado hasta aquí

Clases online de primero de primaria

En Barcelona, mis mochuelitos dejaron de ir a la escuela el 12 de marzo. Ese día salieron del colegio pensando que serían unos días y más de un mes después, nos encontramos con una situación catastrófica, que jamás imaginamos cuando empezamos el confinamiento. Y es que de esas supuestas 2 semanas iniciales, ahora lo más probable es que lleguemos a septiembre sin que hayan vuelto a poner un pie en el colegio. ¡Alucina! ¿Te acuerdas de cuando se te ponían los pelos como escarpias al pensar en los 3 meses de vacaciones escolares? Pues bienvenido al club de la generación de padres curados de espanto para los restos, porque si la cosa sigue así, vamos a batir el récord de teletrabajar y conciliar como podamos durante 6 meses. ¡Madre del amor hermoso! Es mejor no pensarlo mucho, porque si no nos da el bajón psicológico y nos vemos incapaces, pero saldremos de esta, porque al final siempre encuentra uno la manera, aunque sea a trompicones y con infinitas dificultades. El caso es que normalmente os digo que el colegio de mi bichilla es de natural desahogado, una comunidad de aprendizaje sin deberes, ni libros, sin presiones, pero ¡hasta aquí hemos llegado! La semana pasada la niña tuvo sus primeras clases online de primero de primaria, así es que me he decidido a contaros cómo estamos viviendo el descalabro escolar en esta casa.

Tranquilidad ante todo. Ningún niño ha quedado marcado por aprender a leer 6 meses después

Este no es buen ejemplo en nuestro caso, porque resulta que el aburrimiento ha llevado a la niña a soltarse precisamente con la lectura ¡ver para creer! Pero a lo que me refiero es a que en esta situación tan atípica que estamos viviendo, yo sufriría si tuviera un hijo en 2º de bachillerato, sin saber qué notas le van a poner, si van a tener selectividad y si le van a frustrar el primer año de universidad, pero ¿el resto? El resto se pueden amoldar a cualquier cosa. O sea, 6 meses sin contenidos en primaria no van a traumatizar a nadie. Además ¡que las criaturas siguen aprendiendo! Quizás no lo que está dentro de las competencias y el currículum de su curso, pero miro a la mía y tiene una soltura de vocabulario de vieja, una destreza en recetas de cocina y un manejo del cepillo de barrer y de la bayeta, que eso no lo aprende en el colegio. Y así, con nuestra pachorra habitual, vivíamos el encierro hasta que la maestra nos contactó a todos para ver cómo de viable sería impartir clases online en primero de primaria a nuestras criaturas. 

2. Las propuestas que hemos recibido desde el colegio

La niña salió del colegio el último día con un par de cuadernitos de folios grapados, con algunas páginas para trabajar en casa ejercicios de lengua y de matemáticas. Material que le duró un suspiro, pero claro, durante los primeros días, y semanas después, entiendo que la escuela estaría igual de asombrada que nosotros, y que las directrices contradictorias que reciben desde las consejerías de educación no les ayudará en nada a la hora de improvisar con clases a distancia para cualquiera que sea el nivel que impartan. Al principio, simplemente nos fueron enviando unos links a la web del colegio, donde iban dando ideas de actividades para hacer con niños: un poquito de lengua, un poco de matemáticas, retos de educación física. Todo voluntario, actividades que se resolvían en familia en pocos minutos, con ningún estrés y sin tener que entregar nada para demostrar que tu familia era la más cumplidora del confinamiento. Lo cierto es que por nuestra cuenta, ya habíamos localizado bastantes recursos del nivel de la niña, porque al no tener libros la verdad es que no teníamos ni idea de qué actividades ofrecerle. Pero menos mal que está internet rebosante de ideas, así es que imprimimos unas cuantas, le dimos mucha manga ancha para hacerlas cuando buenamente quisiera y oye, allí que fue avanzando a su ritmo. Ella estaba tranquila, nosotros también, incluso su maestra tenía aspiraciones de que los peques pudieran volver a clase de alguna manera, al menos los últimos días de junio. Pero antes de Semana santa, todos acabamos aterrizando en el calendario y en la práctica imposibilidad de que esto sea viable.

3. Semana santa de descanso y después ¡a empezar las clases online de primero de primaria!

La maestra ha dedicado tiempo a llamar a cada familia para tener una charla de forma individual, a fin de saber la viabilidad o no de avanzar algo de los contenidos del tercer trimestre. Porque te puede parecer increíble que existan familias sin tablet, sin ordenadores, sin conexión a internet en casa, o sin impresora. Peculiaridades que cuando los niños van juntos a la escuela no van a marcar ninguna diferencia, pero cuando resulta que el conocimiento les tiene que llegar mediante un cacharrito ¡horror! No puedes avanzar sólo para ¾ o la mitad de tus alumnos. Por lo visto, la toma de contacto fue fructífera y la mayor parte de las familias aceptamos el desafío. Hasta nos dejaron elegir el horario de clases: en realidad un encuentro de 1 hora a la semana en el que se sumergen en una videoconferencia viéndose todos a la vez, cerrando micrófonos para huir del caos y más para mantener el contacto con los niños que para otra cosa. Así, la maestra nos manda al email las tareas que deben completar los niños, que devolvemos igualmente por email para que sean corregidas y se despiden hasta la siguiente sesión. En nuestro caso, la carga de actividades no es nada agobiante. Vamos, si hablamos en minutos os diré que con unos 20 diarios la niña tiene de sobra para hacer lo que le piden. Además, con esa flexibilidad horaria, los acaba haciendo por aburrimiento, como dice ella, cuando se ha hartado de videojuegos, tablet, tele, de correr detrás de su hermano y de aburrirse mirando la pared ¡entonces estudia! 

El resultado es un sistema mucho más pobre que el de las clases presenciales, porque a estas edades tan tempranas, donde esté el contacto directo con los compañeros y maestros que se quite lo demás. También influye el que la mía no aguanta más de una hora pegada a la pantalla (ni la mayor parte de sus compañeros tampoco): el primer día ya se escapaba de su habitación y dejaba a la maestra hablando a solas y a sus compañeros explicando sus cosas sin público. Los otros encendían el micro para ir despidiéndose en medio de la sesión. Porque un ratito está bien, pero de allí empezaron a desertar niños rápidamente, porque no es lo mismo prestar esa atención a la pantalla a los 6 años, que si fuera docencia a distancia para adultos. En definitiva, creo que la maestra se ha esforzado por mantener el contacto, porque los niños no se sientan tan aislados y sigan teniendo ese sentimiento de pertenencia al grupo que mi mochuela adora a esta edad. Sin embargo, con las limitaciones tecnológicas, me parece imposible que los niños puedan avanzar de forma notable mediante este sistema. Además, es que no es viable que lo hagan a solas, y necesitan a un adulto, de estos que estamos teletrabajando a la vez que criando, educando, sobreviviendo y ahora culturizando, desde casa y con el agua al cuello.

¿Qué tal está siendo la experiencia a distancia en vuestros colegios? ¿Os parecen razonables los intentos que hacen por ayudar? ¿Estáis agobiados con demasiados deberes o no habéis vuelto a saber de la escuela desde que cerrasteis la puerta de casa en marzo?

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