Juguetes

Exceso o defecto de imaginación en un niño de 3 años. ¿Qué prefieres?

imaginación en un niño de 3 años

Supongo que es muy normal que a los padres se nos caiga la baba con el exceso de imaginación de un niño de 3 años, o aún más si son más pequeños, e incluso cuando son mayores y sus ideas se vuelven sorprendentemente enrevesadas. Tendemos a pensar que los nuestros son los más especiales del mundo, que están dotados por encima de lo que correspondería para su edad, que no tienen parangón… ¡Qué exagerado es el amor de los padres hacia los hijos! Y está bien que sea así. En esta casa nunca hemos sido especialmente imaginativos. No somos adultos mega molones con un millón de ideas locas en la cabeza y nuestros hijos son también muy diferentes entre sí. Con mi bichilla, claro que pensamos que tenía un exceso de imaginación, que se desató a partir de los 3 años, y ahí sigue, en aumento a diario pese a ir camino de los 7 años. Con el pequeño, la historia ha cambiado mucho por su TEA y la imaginación no es su punto fuerte. Por eso, valoremos la importancia de las ideas desatadas de los niños y no tratemos de meterlos a empujones en el realismo adulto antes de tiempo.

1. El juego simbólico y el aprendizaje infantil

No valoras lo suficiente el juego simbólico hasta que tienes un hijo que carece de él. O sea ¿tan importante es que tu hijo coja una caja y la arrastres como si fuera un perro? ¿O que coja su comida y la comparta con una muñeca como si se la fuera a comer de verdad? Y no os digo ya los tinglados que nos montaba la niña. Con 3 años, la pillé en el pasillo armando un dispositivo policial completo: Con un trozo de cuerda amarrado a un tirador de la puerta y encajado en el marco de otra puerta cerrada, había delimitado una zona de acción controlada por la policía, mientras esperaba a la llegada de los bomberos, que venían de camino a apagar el fuego provocado por un dragón que se había escapado en el recibidor de nuestra casa. ¡Qué enrevesado me pareció el plan! Pero qué bien pensado lo tenía todo, hasta el punto de que cuando quise atravesar el escenario de la catástrofe para ir al baño, me tuvo esperando detrás del cordón hasta que un un par de policías (interpretados ambos por ella misma) se pusieron de acuerdo en darme paso. Ella jugaba a otras cosas comunes y le bastaba con una linterna para convertirse en doctora y hacernos un chequeo de salud completo. Pero el escenario policial del dragón me pareció digno de elogio ¡y hasta de rodar la película!

2. ¿Exceso de imaginación en un niño de 3 años o mentiras descaradas?

Uy, qué delgada es a veces para los adultos la línea entre la imaginación derbondante de un niño y su tendencia a inventar y mentir por encima de sus posibilidades. Dicen que los niños no mienten… hasta que van creciendo y aprendiendo. Aunque para la gestión del día a día pueda ser un trastorno, es una habilidad deseable en todos ellos y el hecho de que un niño no mienta nunca, nunca, y sea excesivamente literal puede ser signo de algún tipo de trastorno, como ocurre con el autismo, por ejemplo. Mi bichilla ha empezado a mentir a los 6 años. En la mayoría de ocasiones, son mentiras a lo bruto, súper exageradas, que no dejan de ser parte de su imaginación llevada hasta el extremo. Además, lo bueno es que se le nota enseguida, e incluso cuando tú finges que la estás creyendo, ella no aguanta ni un segundo antes de confesar la verdad y de reírse de ti por haber logrado tomarte el pelo. ¡Para lo que hemos quedado! Por supuesto, poco a poco irán afinando esta habilidad, pero es algo que les va a servir en sus procesos comunicativos del día a día. Claro que no queremos que se conviertan en mentirosos compulsivos, pero sí que sean capaces de entender los dobles sentidos de algunas expresiones, las bromas, aprender a descifrar los engaños ajenos, la ironía. Todo esto se trabaja a partir de ese exceso de imaginación de los más pequeños, por lo que hay que dejarlos hacer uso de ella con libertad, al menos durante esos primeros años de vida, donde claramente el adulto puede discernir que el niño simplemente está jugando y descubriendo los límites de su mente.

3. La riqueza del mundo interior de un niño

Niños que hablan solos; que se quedan ensimismados en sus propios pensamientos y tan concentrados que ni siquiera nos oyen cuando intentamos distraerlos de sus ideas; propuestas alocadas; imposibilidad de diferenciar entre la realidad y la ficción; confianza en que los cuentos de hadas existen, igual que todos los personajes inventados o todo lo que aparece en las películas; el deseo de ser seres mágicos… La lista puede ser interminable. De entrada, no hay que ponerles límites a edades tan tempranas. Como en tantos otros aspectos de la crianza deberíamos respetar el ritmo al que cada niño va configurando sus ideas acerca de la realidad y la ficción. Tampoco tenemos que enfadarnos con ellos a causa de las historias que inventen, aunque a veces la puesta en escena sea un trastorno de cuidado. Pensad que lo raro y problemático sería lo contrario: tener un niño que no ideara nada de nada.

¿Habéis tenido problemas con la imaginación de vuestros peques? ¿Pensáis que puede ser peligroso tanto el exceso como el defecto de esta habilidad?

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