Enseñanza/Colegio

El tercer trimestre evaluable. ¿Qué nota sacaremos los padres?

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Años temiendo la llegada del verano por las dificultades para seguir trabajando sin que los niños muriesen de aburrimiento encerrados en casa, y con la atípica situación de esta temporada nos quedaremos descansando cuando acabe este tercer trimestre evaluable en el que nos examinamos todos ¡los padres y los niños! Nosotros debemos agradecer a nuestro colegio, y en especial a la maestra de mi bichilla, su implicación para mantener el contacto con los niños, con las familias, su consideración a la hora de ponerles deberes asequibles y no esa montonada desquiciante que está saturando a otras familias. También nos han dejado claro desde el primer momento que todas las entregas que realicen los niños servirán sólo para mejorar su nota final, y en ningún caso para perjudicarles. Esta información no se la podemos dar a mi mochuela, porque es muy viva para decir que en ese caso prefiere no hacer nada porque total, no hay posibilidad de suspender. Y tiene 6 años, verás cuando descubra las bondades de nuestro sistema escolar contrario a los suspensos y las repeticiones cuando tenga 15. No dará un palo al agua, lo veo venir. Bien, pues incluso con esta presentación de la anormalidad escolar simplemente como una entrega de recursos para que los niños hagan algo de provecho, más allá de estar pegados a las pantallas el día entero durante muchos, muchos meses, la realidad en casa es que el tercer trimestre evaluable nos estresa de diferentes maneras.

1. La madre desahogada que va haciendo menos cada vez

Esta soy yo, para qué negarlo. Las primeras semanas me levantaba con el espíritu de madre-maestra por las nubes y la niña iba colaborando bastante en las tareas. Hicimos un intento de horario cuyo sumplimiento fracasó a los 2 días (el teletrabajo es lo que tiene, que no puedes posponer las tareas que son para ahora con la excusa de que tu niña tiene que colorear el final de su árbol genealógico justo en esa franja del día), así es que empezamos a trampear de cualquier forma y al final, nos veíamos haciendo las tareas después de la cena o recuperando los fines de semana. Y estamos hablando de los deberes de 1º de primaria de un colegio nada exigente, en el cual para toda la semana tenemos una media de 5 actividades entre todas las asignaturas. Pues aún así, la estudianta aceptó el reto de la teledocencia los primeros días, pero después tuvo claro que lo de ver a sus compañeros y maestra una vez a la semana a través de la tablet, y hacer deberes ella sola de mala gana no le apetecía lo más mínimo, y que prefería no aprender nada. Así, pasamos de una buena actitud hacia las primeras tareas a un morro largo hasta el suelo durante los últimos días. En cuanto le dices que deje lo que esté haciendo, o que a tal hora empezaremos los deberes ¡horror! Se transforma y empieza a lloriquear y a quejarse por cada una de las indicaciones de cada ejercicio. A mí lo que me faltaba en estos días es andar peleando por las actividades escolares de una niña de 6 años, así es que le propongo hacerlas; si no quiere se lo propongo unas horas después; si no quiere que se le pase el día; si no quiere que se le pase la semana; cuando llega el lunes y no tenemos nada que entregar ¡drama! Le entra el cargo de conciencia porque ella no quiere quedar mal ante su maestra. Lo de aprender o no se la trae al pairo pero oye, cómo es el amor de los niños por los maestros que por tal de que la mujer no vaya a cambiar de opinión respecto a ella,  a regañadientes empieza a hacerlo todo. El sistema menos pedagógico del mundo porque sólo actúa por pena, cuando se le acaba el tiempo y no por el gusto de aprender.

2. El padre sobrepasado por la responsabilidad sobre la nota de la niña

Como de costumbre, en el otro extremo tenemos al sufridor padre de la criatura. Porque si a mí me da lo mismo que la niña no haga los deberes mientras estemos en semi armonía familiar, este hombre anda sufriendo como si la niña se estuviera jugando la nota de unas oposiciones durante el confinamiento. El tercer trimestre evaluable lo tiene loco, y se ha creado una serie de carpetas, archivos y documentos, una biblioteca de fotos y vídeos de la niña haciendo las actividades y un plan enrevesado de entregas a cada maestro que hasta a la de inglés le escribe los emails en inglés y le falta escribírselos al de música como notas sobre un pentagrama. Su sistema es muy sacrificado pero tampoco me parece apropiado, porque lo que busca no es el aprendizaje de la niña, sino el entregarlo todo lo mejor posible. Así, mientras yo le leo los enunciados de la tareas y la dejo pensar, improvisar lo que quiere hacer y equivocarse muchísimo, cuando él es el que se encarga de los deberes nos dicen los maestros que no hace falta que la niña lo haga todo TAN PERFECTO. Y cito a la tutora literalmente, porque queda claro que le va dictando a la mochuela letra por letra lo que él quiere que ponga, con lo cual, se pierde por el camino gran parte del aprendizaje que obtendría con el ejercicio, ya que simplemente se limita a transcribir lo que el padre le deletrea o le muestra escrito en la pantalla de su ordenador. Si mi método de madre-maestra es malo por mi despreocupación y por dejar todas las decisiones en manos de la niña, no creo que el del padre-maestro sea mejor, por lo intenso que es y la de correcciones que le hace a la chiquilla. Total, que como no hemos nacido para esto, no encontramos la forma de que ella aprenda con la misma alegría con que lo hacía en el colegio.

3. El tercer trimestre evaluable en primaria y el sentimiento de culpa

La verdad es que estoy a favor de que el trimestre raruno sirva para que a los niños se les valore de forma positiva y nunca negativa. También de que los maestros se preocupen por facilitarnos recursos a los padres y no seamos nosotros los que nos tengamos que buscar la vida para que nuestras criaturas hagan algo de provecho durante tantos, tantos meses sin colegio. Que nos den todas las facilidades del mundo y que más comprensivos ya no puedan ser con esta situación. Pues aún así, pese a que nos ha tocado el mejor colegio del mundo para no agobiarnos ¿cómo es posible que las tareas de la niña sean un nuevo peso en la carga mental que arrastramos los padres? Si hasta nos dan la opción de plantarnos y no hacer nada ¿por qué somos incapaces de desentendernos por completo? Pues porque en el fondo claro que queremos colaborar en la enseñanza de la niñas en estos días, pero es que las limitaciones de tiempo a causa del teletrabajo y del bregar con los 2 sin descanso, día y noche (porque con del pequeño yo no descanso ni a la hora de dormir) es todo lo demás lo que hace que al final acabemos arremetiendo contra las tareas de la niña y que mostremos una pésima predisposición y mucha incapacidad para esto de gestionar la escuela en casa con optimismo y con resultados.

¿Cómo lleváis vosotros este tema con vuestros churumbeles? ¿Ya habéis tirado la toalla? ¿O pensáis salir airosos del tercer trimestre cueste lo que cuesta, así tengáis que hacer los deberes vosotros mismos?

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3 Comentarios

  • Responder
    Marta
    25 mayo, 2020 at 12:14

    Aver si el problema no es el colegio….aver si el problema es que dos adultos trabajando a tiempo completo con niños pequeños es una barbaridad que consiente/obliga la sociedad…

  • Responder
    Monica
    25 mayo, 2020 at 15:44

    Nosotros nos hemos repartido los niños y deberes. Marcos se encarga de segundo y yo de cuarto. Lo que peor llevo es que, como no tenemos impresora, hay que pasar todos los pdfs a Word para que los niños puedan editar. Puede parecer una chorrada pero eso me quita más tiempo que revisar que mi hijo esté haciendo la tarea. Así que espero que este mesecito de cole casero pase pronto y dejar de convertir archivos

  • Responder
    Mamá Puede
    26 mayo, 2020 at 08:45

    Por aquí hemos conseguido un equilibrio para que ellos no se agobien y nosotros tampoco!
    Pero si que creo que la evaluación en gran parte va a depender de los padres, del tiempo del que dispongamos, de nuestra capacidad creativa, de la manera de presentarlo… al menos en niños pequeños como los nuestros.

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