Enseñanza/Colegio

Nuestro supuesto periodo de adaptación infantil no respetuoso por el coronavirus

periodo de adaptación infantil no respetuoso

A punto ha estado nuestro colegio de imponer un periodo de adaptación infantil no respetuoso por culpa del coronavirus. Cuando elegimos este colegio para mi bichilla, el tema de la adaptación fue uno de los que más valoramos, y menos mal, porque el suyo fue muy tremendo y dramático, algo que jamás hubiésemos imaginado. Sin embargo, con el niño estábamos muy tranquilos en este aspecto, porque durante todos estos años nuestro colegio había dado sobrada muestra de preocupación y cuidado por el desarrollo y los tiempos de cada niño, algo que de cara al inicio escolar de mi churumbelito nos haría mucha falta. Él ya fue a la escuela infantil como recomendación para mejorar sus habilidades sociales respecto al TEA, y ha vivido dos periodos de adaptación previos y muy llevaderos, pero como nunca sabes cuándo se puede torcer la historia, estábamos más tranquilos sabiendo que lo podríamos acompañar en el aula el tiempo que fuera necesario. El pasado lunes 14 de septiembre empezó en P3, en un aula ordinaria pero ocupando plaza de necesidades especiales, y desde luego, este niño ha nacido para no dejar de sorprendernos ni en época de pandemia.

1. Lo sentimos pero el coronavirus ha trastocado nuestro sistema de inicio escolar

A mediados de julio recibimos un email del colegio en el que a lo largo de 40 páginas nos explicaban cómo sería la vuelta al cole atípica de este curso. En medio de toda la logística de mascarillas para primaria, desinfección de aulas y preservación de espacios, aparecía la mecánica para enfocar el periodo de adaptación infantil no respetuoso por el coronavirus. Y lo llamo así porque, de entrada, solo duraría 4 días (con mi bichilla no había límite) y solo podría acompañar al niño una persona durante una hora y media. Al quinto día, ya tendría que empezar a hacer jornada intensiva, él solo, hasta mediodía. Durante el verano estuve pensando mucho en cómo nos iría este proceso: confiaba en que fuera bien, igual que en las dos escuelas infantiles anteriores, pero también había previsto eso con su hermana y los 15 días de escándalo y rabietas que siguieron a su entrada en el colegio me llevaron a querer desescolarizarla de por vida. Por un lado, quería confiar. Por otro, estuve valorando la posibilidad de que al ocupar plaza de necesidades especiales pudieran tener un poco de manga ancha en su caso, si es que necesitaba algo más de tiempo para sobrevivir de forma calmada a la adaptación.

2. Realmente ¿ha sido un periodo de adaptación no respetuoso?

Para nosotros no ha ido nada mal. Sí pesaba sobre nuestras cabezas la norma de que al quinto día ya no podríamos estar en el aula con mi churumbelito, pero quitando esta angustia innecesaria, el resto ha sido bastante normal, salvando todas las rarezas de este inicio de curso: mascarillas, desinfección constante, mucho rato al aire libre, desconfianza cuando otros niños tocan juguetes que luego pasarán al tuyo, limitaciones por no disponer del espacio de aprendizaje en ambientes que tenían otros años… Por supuesto, los niños de 3 años son muy pequeños para observar estas diferencias y mi pimpollo sólo apreciaba que iba a un lugar nuevo a jugar, que yo estaba cerca en caso de necesidad y que aquello era una especie de parque con muchos columpios y nuevos juguetes para su uso y disfrute. El aula bajo techo la hemos pisado muy poco y los grupos de inicio han sido bastante reducido, con sólo 11 niños y su respectivo adulto acompañante. A las familias que lo han considerado necesario, les han dejado estirar el periodo de adaptación más días, para asegurarse de que el niño se quedaba feliz en el centro. Al final ¡ha sido como siempre!

3. Ir al colegio con incertidumbre

Mi suegra anda cosiendo mascarillas como loca y mi madre sostiene que esta situación va para varios años. Cuando estuvimos confinados y nos perdimos el tercer trimestre completo del curso anterior, nosotros empezamos muy animados a vivir esta situación tan surrealista, pero el espíritu se nos fue quedando por el camino. Al final, no cuentan los contenidos perdidos, las asignaturas no aprendidas, sino el aislamiento que han vivido respecto del mundo exterior y de sus compañeros. Cada niño llevará la situación de una manera distinta, y conozco a algunos que serían felices con la educación a distancia de por vida, pero no es el caso de los míos. Estos niños quieren mucha calle, gente distinta, un espacio propio fuera de la casa y por supuesto, maestros que los entienden y los guían mucho mejor que nosotros en el proceso de aprendizaje. Con los pequeños que realizan este periodo de adaptación no respetuoso es imposible que se mantengan las distancias de seguridad, queda descartado el uso de mascarillas entre el mini alumnado, no se ha hecho nada por reducir las ratios ni por aumentar el personal a su cargo (algo que sí han podido hacer en primaria), van a tener una enseñanza más fría y distante, por todas las complicaciones derivadas del distanciamiento social… Una catástrofe educativa tras otra. Al mío, le afecta especialmente que otras personas lleven mascarillas al hablarle, puesto que por su retraso en el habla se fija muchísimo en la vocalización y expresiones gestuales de quien se dirige a él. En fin, que las dudas no han acabado con la apertura de los colegios, sino que la lista se alarga cada día.

En junio, creía que no volveríamos a tener colegio, pero cuando abrieron los bares entendí que después de eso por salvar la economía todo sería posible. De hecho, nos arriesgamos con el campamento urbano, confiamos en su organización y sobrevivimos sin enfermar. Sin embargo, en el colegio hemos empezado con una emoción contenida: los niños están ilusionados por disfrutar del colegio como hasta ahora; nosotros por verlos más desfogados y viviendo como antes de la aparición del COVID-19 en nuestras vidas. Pero estaba claro que las políticas de conciliación no iban a surgir por generación espontánea, como ya ocurrió durante el estado de alarma: o funcionan los colegios o reventamos en casa intentando hacer en 24 horas con niños una cuarta parte de lo que logramos hacer en 8 horas sin ellos. Por lo que la duda sigue estando ahí y yo no sé si vamos al colegio porque de verdad se equivocaron al confinarnos a todos la primera vez, y el riesgo a estas edades es escaso, o porque para que los padres trabajemos no hay una solución más barata que entretener a las criaturas en las aulas, asumiendo el riesgo de que caigamos todos.

Una vez superado el periodo de adaptación, pienso en lo probable que es que enferme un maestro, o un niño de la clase, que haya que pasar por una cuarentena, que debamos tener una nueva adaptación cada pocos días en función de los contagios, etc. Eso sin pensar en la peor posibilidad de todas: que enfermemos y no nos toque pasar el coronavirus leve o asintomático, sino una versión durilla. ¿Qué tal está siendo vuestra vuelta o estreno en el cole?

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3 Comentarios

  • Responder
    Erika
    21 septiembre, 2020 at 12:36

    Que suerte hija, a nosotros ni nos dejan pisar el colegio. De hecho tenemos que esperar en la calle porque los pequeños entran los últimos y, además, en una zona que no me parece segura. El día que llueva va a ser una odisea. Y ahora viene mi queja porque no tengo forma de hablar con la profesora porque aún no llegaron las agendas y todo es una incógnita. Menos mal que el niño sale con una sonrisa de oreja a oreja y eso me da tranquilidad…

  • Responder
    Sandra
    21 septiembre, 2020 at 13:52

    Nuestro hijo que todo va a escuela infantil había cambiado tanto en su forma de ser por estar confinado que, aún pudiendo no llevarlo porque tenemos apoyo familiar, lo hemos hecho.
    Poco a poco hemos visto que su forma de ser ha vuelto, ese niño cariñoso y risueño, sociable, ese bebé que abrazaba y besaba.
    En nuestro caso, hemos puesto por encima si salud mental o nuestra salud física y mental y sí, pasamos un poco de miedo cuando viene con mocos o cuando tuvo un poco de fiebre pero… Se le ve tan feliz que…

  • Responder
    Ana María
    25 septiembre, 2020 at 23:01

    Hola!

    Qué coraje lo de las mascarillas para tu niño! Nosotros nos mudamos ahora a un pueblo de Sevilla y nos estamos planteando el escolarizar a la mayor, que con 4 años no ha pisado aún el colegio (el curso pasado no fue porque vinimos desde Burgos en diciembre, y menos mal porque iba a haber ido al colegio 2 meses); a mí no me gusta mucho eso de la desinfección, las mascarillas, la distancia.. y creo que la primera vez que vaya al colegio tiene que ser una experiencia natural, que le vea la cara bien a todo el mundo (cómo va a distinguir los gestos si no se ven más que los ojos?) y que pueda jugar con quien le apetezca, y por supuesto que no se convierta en una obsesa de la desinfección. Así que yo creo que la apuntaremos a alguna actividad o taller o algo y ya el curso que viene veremos qué pasa.

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