Enseñanza/Colegio

Distinguir la realidad de la ficción. Exageraciones de madre

Distinguir la realidad de la ficción

Desde antes de ser madre, mi existencia siempre ha sido poco dramática, por lo que una vez metidos en esta etapa de la vida he intentado que esta característica permaneciera así, pese a los contratiempos múltiples y diversos que los hijos traen a cualquier familia. Este estilo de vida, de crianza y de todo, no está exento de exageraciones variadas, sobre todo teniendo en cuenta mi peculiar forma de expresarme. Sí, ya sé que de un grano de arena yo puedo sacar 2 ó 3 montañas en cualquier tema. A estas alturas de la vida lo mejor es asumirlo porque no lo voy a poder cambiar. Sin embargo, llevo un tiempo en el que veo que a mi bichilla le cuesta distinguir la realidad de la ficción, lo que hace que mis hipérboles expresivas la suman en una preocupación pasajera pero intensa. O sea, que la niña cree al pie de la letra algunas de mis expresiones y cuando me doy cuenta de que debería haberle explicado el tema que nos ocupe en ese momento con un vocabulario distinto, o con una dramatización menos teatral, ya es tarde y el llanto se ha apoderado de ella. Hoy os cuento algunas de las frases de madre que a sus 7 años aún interpreta de forma literal.

1. Cuidado que se te va a salir el ojo

O se te va a abrir la cabeza o te vas a romper los dientes. Efectivamente, las típicas advertencias que te salen sin pensar cuando ves a tus criaturas haciendo el cafre en casa, en la calle o donde sea. Porque otra cosa no, pero yo cada día me maravillo al comprobar que mis pimpollos mantienen la integridad física con las aberraciones que pueden llegar a cometer. El primer shock de este tipo lo causé en la niña porque no paraba de tocarse el ojo de mala manera y en un arrebato le dije algo así como “que se lo dejara ya o se le acabaría saliendo de la cuenca, con el nervio óptico estirado y rodando por el suelo y a ver cómo íbamos a lograr luego volvérselo a meter”. Como nos estábamos riendo, no pensé que la visualización en su mente de la tétrica escena que le describía la fuese a asustar tanto. ¡Y cómo salió huyendo! Gritando como una loca que ella no quería perder un ojo y que le daba miedo que se le cayera. Bueno, pues tras esta experiencia, está visto que aún no he logrado contener mi verborrea para explicitar accidentes mortales de necesidad y he vuelto a meter la pata al hablar de brechas en la cabeza y de piezas dentales maltratadas. ¡No tengo precio como creadora de historias de terror infantil! Y yo sin saberlo.

2. Distinguir la realidad de la ficción en cuentos y películas

Me fascina cómo la niña puede tener clarísimo que los dragones no existen pero el tema de las sirenas y los unicornios la confunden. Supongo que detrás de esta desconfianza hacia la veracidad o no de estas criaturas se esconde su interés por ella: le dan igual los dragones, claro, pero las otras, como le gustan, preferiría que existieran. De modo que si tratas de hacerle ver que están todas en el mismo rango, junto a hadas, duendes, elfos… 

  • ¡No, elfos, no! Porque estos son los ayudantes de Papá Noel ¿me estás diciendo que Papá Noel tampoco existe?
  • No, no que me he equivocado y confundido los elfos con los gnomos. Los elfos sí existen y Papá Noel también.

Claro, y sales del atolladero como puedes y deseando hacerte una lista de lo que con 7 años existe y lo que no, porque vas a acabar metiendo la pata con las navidades a la vuelta de la esquina, con el Ratontito Pérez ¡y para qué queremos más!

3. Los videojuegos ¿son de verdad?

Por algún motivo, en esto de distinguir la realidad de la ficción la niña no mete los videojuegos en el mismo saco que todo lo demás imaginario que sale por la tele. Será una cosa de los nativos digitales, porque a mi entender no veo que haya más realismo en un videojuego que en una serie de dibujos animados. Sin embargo, para ella son universos totalmente diferentes, con lo cual ¿existen Súper Mario y Luigi en la realidad? ¿Y los zombies de Minecraft? Bueno, esto de los zombies, vampiros y seres de ultratumba ya son para capítulo aparte porque esos antes sí que habían estado vivos (en la ficción) con lo cual, ella duda de esa supuesta muerte, porque aunque tengan mal aspecto se siguen moviendo. ¿Cómo van a estar muertos? ¿Y cómo te puedes morir si no existes?

Todo esto me lleva a conversaciones en las que más de una vez he acabado exclamando:

  • “Niña ¡me estás matando con tanta pregunta!”. 

¡No! Que los padres no pueden morirse y ni se te ocurra explicarle que una cana es un cabello que le sale a la gente mayor, porque la vejez la asocia perfectamente con la muerte y ella no quiere ser huérfana prematuramente. En fin, que nos queda mucho, mucho trabajo por delante hasta que mi mochuela domine el plano real y lo separe del fantástico a la perfección. ¿Con vuestros churumbeles también habéis pasado por esta fase de confusión vital? ¿Hasta qué edad les duró?

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1 Comentario

  • Responder
    Ana María
    16 noviembre, 2020 at 23:08

    Hola Lucía

    Yo a la mayor le llevo diciendo que no existen las brujas ni los unicornios ni las sirenas, ni los dragones… desde hace mucho, quizás desde que tenía 2 años, y ahora tiene 4. Lo mismo soy una mala madre por quitarle esas ilusiones de fantasía pero no quiero que tenga miedo, y todo empezó ahí.
    Lo de las expresiones exageradas también me pasa y de momento no ha dado muestras de temer por su integridad en función de lo que le digo, que no sé si es bueno o malo al seguir haciendo el borrico encima del sofá y cosas así.
    Bueno.. lo.de Papá Noel es un dilema; lleva una época de preguntar por la muerte y le hemos dicho que la gente se muere cuando es muy vieja (y tanto a ella como a nosotros nos queda mucho), o porque se ponen muy muy malitos (porque su abuela paterna murió de cáncer a los 45 años o así), y últimamente me pregunta que si Papá Noel no se ha muerto es que no es muy viejo.. y como le dijimos que la magia de verdad no existe, pues a ver cómo le explico que es un ser mágico 🙄 Me metí en el lío yo sola; además en mi casa no venía Papá Noel sino que en la Nochebuena dejaba (y deja) regalitos el niño Jesús, pero nosotros no somos religiosos y no vamos a seguir tradición, y la verdad que ando un poco perdida aún con lo de papá Noel.

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