Parto y postparto

¿Te horroriza tu cuerpo después del embarazo? A mí nunca me importó

tu cuerpo después del embarazo

En el momento de afrontar los cambios del post parto no hay una ley universal para todas. Igual que hay embarazos maravillosos, otros mediocres y otros de terror, lo mismo sucede con las experiencias en el parto, y en el post parto y en la crianza… Total, que no hay teoría que nos cuadre a todas de la misma manera y, lo que es peor, en ocasiones podemos pensar que somos el bicho raro de nuestra especie y que nos inquietan cosas en las que otras madres parece que ni siquiera piensan ¡o al revés! Que nos desvivimos por un asunto al que nadie más le da importancia. Durante mi primera preñez, recuerdo muchos de los comentarios que recibía de otras embarazadas o de mujeres que ya habían sido madres: que si las estrías, que si las carnes colgonas, que si las tetas caídas de la lactancia, o la cicatriz de la cesárea, o incluso los interiores desajustados por los trastornos en el suelo pélvico… Vamos, que había varios males entre los que elegir. Como madre ¿sientes que te horroriza tu cuerpo después del embarazo? Porque por muy racionales que intentemos ser, hay pensamientos que parecen escapar a nuestro control.

1. Lo primero es tu bebé. Ya, pero…

Pese a que yo nunca he tenido buen cuerpo hasta donde me alcanza la memoria, que salí del hospital con 11 kilos menos que antes del primer embarazo y sólo con 400 gramos más en el segundo, nunca me paré a mirarme las señales que las preñeces habían dejado en el cuerpo. Claro que me vi alguna estría de más en el pecho, otra súper horrorosa alrededor del ombligo, pero poco más. Siempre había tenido un gran panzón fofo, un cuerpo sin cintura, un abdomen demasiado voluminoso y había vivido felizmente con él. Sin embargo, como nos gusta tanto juzgar las opciones ajenas, me daba cuenta de que para otras madres recuperar su físico tras el embarazo sí tenía una importancia trascendental. Y no, no eran peores madres por ocuparse también de ellas mismas y no solo de esa criatura demandante que acababa de llegar al mundo. Pero esto no lo descubrí hasta un par de años después. De entrada, parece que la mayoría asumimos que ser una madre ahogada por las nuevas responsabilidades, que vayamos como pollo sin cabeza atendiendo a nuestros churumbeles y que no tengamos ni un minuto para comer sentadas, y mucho menos para acicalarnos o escaparnos en soledad a hacer deporte, eres mejor madre. Definitivamente, y aunque sea lo que nos salga de forma natural e instintiva en muchas ocasiones, asfixiarnos dentro del nuevo rol de solo madres nunca trae aparejado nada bueno.

2. Si te horroriza tu cuerpo después del embarazo ¡relativiza!

Seguro que sería mejor que esto te lo dijera alguna top model con la que te pudieras identificar más, pero bueno, como gorda con un cuerpo esparto, piensa que en la vida todo son etapas y que quizás te has desvivido por tu físico en tus años mozos y oye ¡seguro que ahora verás también los resultados de tanto esfuerzo! Que más o menos en un año puedes volver a ser la que eras ¡o casi! O al menos podrás intentarlo, pero no sola. Requerirás de ayuda con el bebé, de tener una planificación horaria perfecta para distribuir tu tiempo de trabajo, las obligaciones en casa y con tu hijo con tu pareja, y aceptar toda la ayuda externa que te propongan. No, no vas a ser peor madre ni peor persona por buscarte un espacio para ti. Pensarás que eres una egoísta desnaturalizada, pero piensa que cuanto mejor te sientas contigo misma, mejor vas a afrontar el resto de obligaciones. Eso sí, es bueno ponerse objetivos factibles para avanzar de forma armónica, y no grandes desafíos que acaben provocándote más ansiedad por no poder llegar a todo. Y si te horroriza tu cuerpo después del embarazo, o no se recupera tal y como habías previsto, piensa que esta etapa de perfección ya pasó, y que ahora tienes una parte de ti preciosa y perfecta fuera de tu cuerpo. A mí me sirve bastante ver lo bien hechos que están mis mochuelitos y dejo de remirarme la grasa que me sobra. No es cuestión de estar haciéndonos sangre con el mismo tema durante meses, años ¡o de por vida!

3. Un cuerpo que explotar y una vida que vivir

Piensa que incluso aunque no hubieras sido madre, el paso del tiempo hubiera dejado estragos en tu cuerpo. O sea, ni gente de genética tan agradecida como la Preysler va a llegar al más allá con un cuerpazo de quinceañera. El envejecimiento es ley de vida, y si no vamos a pasar por el quirófano para luchar de forma salvaje contra el calendario, créeme, quizás sólo hayas adelantado unos años el empeoramiento de tu apariencia física. Si no hubieras tenido hijos, también hubiera llegado el momento en que la menopausia te hubiera hecho retener líquidos o grasa en no sé qué zona, el pecho se hubiera empezado a poner fláccido y el culo tampoco sería el mismo. Estando sanas y con hijos fuertes, el cuerpo es una especie de cascarón que sí, en la época actual se valora mucho su apariencia, pero a fin de cuentas ¿es más feliz la que menos celulitis tiene? Mientras evitemos la enfermedad y nos responda para vivir día tras día, que no te hunda esa zona concreta que no soportas ver.

La maternidad lo revoluciona todo, y por muy bien que nos hubiéramos mentalizado para los cambios que estaban por venir durante el embarazo, siempre quedan flecos sueltos que no habíamos tenido en consideración, o que se han desbordado mucho más de lo esperado. Y aún así ¡lo normal es que la gente diga que ser padres compensa! Y es exactamente así, un juego de equilibrios constante entre las alegrías que nos dan las miniaturas y las parcelas de nuestra vida que han cambiado más de lo que nos hubiera gustado. ¿Tú te ensañaste con tu cuerpo o con otro de tus intereses previos a la maternidad?

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