Crianza

Responsabilidades de los niños en casa. Cuestión de supervivencia

Responsabilidades de los niños en casa

Llevo años viendo como las listas de recomendaciones sobre tareas domésticas que se pueden encomendar a los niños no cuadran con mi panorama casero. Mi bichilla es un alma libre y no hay dedo que mueva sin generar un caos desproporcionado a su alrededor. Mi churumbelito tiene unas pautas muy estrictas para ciertas cuestiones de orden (algo que agradezco muchísimo) pero son normas que él aplica a situaciones muy concretas, no valen para todo y lo que no cuadra dentro de su entendimiento es una catástrofe también. Desde muy pequeños, claro que he intentado ir buscando tareas que pudieran realizar (el típico lavavajillas, la ayuda con el tendedero, etc.) pero la llegada de la pandemia nos dislocó por completo. No es solo que los adultos de casa no demos abasto para teletrabajar, criar y limpiar, sino que al estar tantísimas horas dentro del domicilio, sin colegio aquellos primeros meses, sin grandes salidas y con confinamientos parciales desde hace ya casi un año, la vida doméstica se ha complicado mucho. Lo primero fue rebajar las expectativas (algo difícil en nuestro caso, porque poco más las podíamos reducir sin causar un problema de salud pública) pero aún así, el desorden nos seguía comiendo, por lo que aumentar las responsabilidades de los niños durante el confinamiento fue la única solución, aunque con diverso resultado.

Nuevos seres vivos en casa. ¡Las plantas!

Ojo, que la desesperación por nuevas experiencias sin salir de estas cuatro paredes nos ha llevado a aceptar la entrada de plantitas en casa. Lo mío con ellas es una historia trágica, porque me olvido de que las tengo y se me mueren, o las atiendo demasiado sin saber y se me mueren. Con lo bruscos que son mis churumbeles, no veía nada clara la viabilidad de esta opción, pero conocimos un proyecto de una mamá emprendedora, La Moderna Rural Shop, que además de colaborar con el movimiento para recuperar la España vaciada (ella trabaja desde un pueblecito de Soria) me propuso tener cactus en casa. ¿Cactus? Si lo primero que haría el pequeño sería llevárselo a la boca y la otra seguro que se clavaba algo hasta el sentido, y está la situación sanitaria como para ir a complicar las urgencias. Ahí descubrí la existencia de las suculentas y de otros tipos de plantas de la familia de los cactus hechas para no quebrarte a los niños. Lo mejor es que además vienen en unos mini tiestos y son tan pequeñitas que caben en cualquier casa, por diminuta que sea. Además, se riegan cada 15 días, por lo que no son nada esclavas, te permiten tener muchos olvidos y el agua ¡al mío le fascina! Tanto que le debo dar la cantidad prácticamente dosificada con un gotero para que ni las encharque ni les haga desaparecer toda la tierra. Desde que abrimos la caja, tiene predilección por una de ellas que defiende al grito de “mío, mío” con el riesgo de que la usa como si fuera un juguete y ahora temo por su continuidad por otros motivos. Lo bueno de este proyecto, además de todo lo dicho, es que al responsabilizar a los niños de las plantas si se mueren (que esperemos que no) verán los resultados de sus actos, aunque yo confío en que la experiencia sea positiva y tengan una larga vida. Si ya teníais plantas en casa, aprovechad para implicar a los peques y si no, podéis tratar de tú a tú con la propietaria de La Moderna Rural Shop, que os permitirá hacer modificaciones en el kit que queráis comprar, en nuestro caso: ¡nada con pinchos!

Comer con lo que haya puesto en la mesa

Esta es una variante de una de esas responsabilidades de los niños en casa que parece funcionar con todas las criaturas de nuestra especie menos con las mías: poner la mesa. La niña monta unos cuadros dignos de ser evaluados con profundidad: en primer lugar, se niega a usar las 2 manos que su naturaleza le ha otorgado y a transportar más de una cosa a la vez. En segundo lugar, rechaza tocar los cuchillos, con lo cual, entre lo que no lleva desde la cocina a la mesa y las decenas de viajes que debe dar para llevarlo todo de uno en uno, lo habitual es que ponga 4 cosas, se distraiga con la tele, con el hermano, con una mosca que pasaba por allí, y se quede la mesa sin poner. El pequeño lo intenta, pero se pone lo suyo y no tiene miramientos con los demás. Al final ,teníamos que hacerlo todo los adultos, claro, así es que ahora nos hemos vuelto vagos también y en cuanto se sientan y notan que no han puesto la cuchara, el vaso, la servilleta o lo que sea ¡a levantarse toca! Ay, parece que la pereza les puede y aunque no podemos cantar victoria, porque llevamos pocos días con el nuevo sistema, igual hemos logrado dar con la tecla para que asuman su responsabilidad. La recogida es perfecta para mi mochuelito, pero o comes a su ritmo o te quitará tu servicio antes de que te des cuenta.

Asignatura pendiente: el orden

No hay manera. No me quedan técnicas de disciplina positiva, ni negativa, ni magia negra que usar en este aspecto y empiezo a pensar que la genética tiene algo poderoso que ver con que mis hijos sean tan sumamente desordenados. Al pequeño seguimos disculpándolo 4 años después de su nacimiento: es que es pequeño, es que no nos comprende bien, es que para él las reglas normales no aplican… Pero para su hermana ¿qué excusa ponemos? No le molesta el desorden ni cuando alcanza límites que impiden la convivencia. Por ejemplo: palomitas por el suelo porque se les ha volcado un bol y no tienen pensamiento de recogerlo; puñados de pinzas de la ropa que desaparecen cada día; bajos del sofá en los que se puede localizar restos de comida desde tiempos inmemoriales, calcetines desparejados y hasta ropa normal sucia que escondieron ahí en vez de llevarla a la lavadora. No guardan nada de lo que sacan para jugar, sino que acumulan y acumulan hasta que no pueden ni moverse en su espacio. Como el pequeño solo colabora en la recogida según el pensamiento que guíe su día, al final la mayor tiene la sensación de que todas las responsabilidades de los niños en casa recaen exclusivamente sobre ella, y claro, vaga es, pero luchadora por sus derechos también. Total, que por no hacerle el agravio comparativo, acabamos recogiendo nosotros, para que al minuto siguiente todo vuelva a estar igual de caótico que antes de hacerlo.

¿Los vuestros se han vuelto más disciplinados o más rebeldes durante este último año? ¿Qué actividades habéis logrado que realicen alegremente y sin dramas?

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1 Comentario

  • Responder
    Ana María
    3 marzo, 2021 at 22:52

    Hola!
    Lo del desorden es como aquí.. la mayor se dedica a colocar/esparcer los playmobiles y legos y lo que pilla por todos lados, y no hay manera de poder andar o sentarse en ningún sitio para jugar, y si se lo dices ella no ve el problema 🙄

    Tener plantas ni me lo planteo, y eso que me encantan, pero no me acuerdo de regarlas y las pobres mueren sin remedio.. Quizás no estaría mal tener bulbosas (No sé si lo habéis pensado) porque no requieren mucho y tienen una floración espectacular, claro que la mayoría del año no hay ni hojas..

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