Crianza

¿Cómo estimular la audición de nuestros hijos?

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Con el nacimiento de mi churumbelito, hubo una serie de atenciones tempranas que ni siquiera nos planteamos con su hermana mayor, entre ellas la estimulación auditiva. Ya os conté que nació de forma prematura a las 35 semanas y que no superó la prueba de la hipoacusia, que realizan a todos los bebés antes de salir en el hospital con uno de los oídos. No nos dijeron nada de este resultado hasta que ya estábamos saliendo por la puerta de la habitación, camino de casa, y esto dio inicio a un mes y medio de muchos temores. Entre la prematuridad y la posible sordera, la segunda paternidad llegó para desbordarnos por completo, y así seguimos, 4 años después. Durante esas semanas, no podíamos asegurarlo, porque no somos expertos en audición, pero teníamos la impresión de que el niño oía. Poco o mucho no podíamos saberlo, pero detectaba los escándalos de su hermana, las palabras que le decíamos y nos daba esperanzas de que algo podría oír. La segunda prueba de hipoacusia la pasó sin complicaciones, pero a día de hoy seguimos trabajando en la estimulación de la audición, porque a causa del TEA tiene un retraso importante en la adquisición del lenguaje.

La pandemia para los niños con problemas de audición y lenguaje

Ha sido especialmente catastrófica. Por ejemplo, el uso de la mascarilla hace que mi churumbelito, que justo ahora parece que empieza a lanzarse en el desarrollo del habla, no pueda imitar los gestos que hacemos los demás al vocalizar, con lo cual, el sonido le llega, pero no la forma en la que movemos los labios. Al principio del confinamiento, se nos quedaba mirando justo a la zona de la mascarilla, como demandando que le faltaban datos para entendernos. Ahora se ha acostumbrado y, como en casa no la usamos, tratamos de recuperar las oportunidades de estimulación perdidas durante esas horas en las que no puede relacionarse sin la mascarilla de por medio. En el colegio, tanto para él como para otros niños con hipoacusia o con implantes cocleares, el hecho de que aún no existan mascarillas transparentes homologadas ha dificultado su avance en la capacidad comunicativa. La cosa se complica cuando los niños son pequeños o aún no tienen un buen lenguaje, porque los adultos no podemos saber si realmente están comprendiendo nuestros mensajes o no.

Cualquier momento es una oportunidad para estimular la audición de un niño

Seguro que la mayoría de familias no le dan importancia al hecho de hablar con el bebé desde que nace, decirle cosas bonitas, cantarles, susurrarles. Supongo que es algo que a nuestra especie le sale de forma natural y lo normal no es que estemos siempre en silencio en presencia de nuestras criaturas. Todo eso que hacemos de forma innata supone una cantidad tremenda de estímulos aditivos para nuestros hijos. Imaginad que nosotros, que pagamos por ir a terapias de atención temprana con el pequeño, cuando estamos en casa tenemos como “deberes” realizar este tipo de acciones comunes y corrientes: leer un cuento, describir rutinas cotidianas, hablar de lo que vemos en la calle por la que pasamos, estar de frente a ellos y que nos vean hablar y gesticular, mirarlos con interés cuando reclaman atención, etc. Incluso las onomatopeyas (que tu hijo llame a un perro guau guau, por ejemplo) son la puerta de entrada al lenguaje verbal que las familias esperamos con ansiedad. 

Trucos para trabajar la audición en casa

Algo que debemos evitar, y que mucha gente hace casi de forma inconsciente, es hablarles a los niños de un modo no natural e infantilizada, con un vocabulario inventado, porque pensamos que con mensajes muy breves y con palabras más amables nos entenderán mejor y no es cierto. Creo que con mi bichilla hablamos como si fuera una adulta desde los 2 años (con deciros que la palabra extractor, para referirse a la campana extractora de humos de la cocina, fue una de las primeras que aprendió…) si  bien es cierto que cuando se detecta un problema auditivo o de lenguaje concreto, hay que adaptar nuestra forma de dirigirnos a los niños. Con el pequeño hemos vivido la situación contraria, porque su comprensión del lenguaje empezó siendo muy limitada, de forma que la pauta que debíamos seguir era decir el número de palabras que él fuera capaz de enlazar por sí mismo y solo una más. Por ejemplo: si se refería a los coches que corrían por la carretera diciendo solamente “coche” nosotros podíamos decirle “coche azul” o “coche rápido”, de manera que, a esa que ya dominaba, fuese uniendo otras nuevas y relacionadas con la situación que estaba experimentando. También debíamos quedarnos callados un rato largo si él no respondía con rapidez, porque muchas veces les quitamos la oportunidad de comunicarse porque vamos con prisas y no les damos tiempo. ¡Qué cosas!

Más allá de la ventaja evidente de poder contar con el sentido del oído en nuestro día a día, el desarrollo de esta capacidad permite a los niños concentrarse con mayor facilidad, mejorar su capacidad de atención, les impulsa a relacionarse más con otras personas… En definitiva, repercute de forma muy positiva en otras facetas que podemos no relacionar directamente con el oído en un primer momento. ¿Has tenido que realizar actividades de estimulación con tu peque? ¿Has notado los beneficios de dedicar un rato a este tipo de atenciones?

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